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 • HISTORICO

Viajemos con mochila




Ya les hablé en alguna oportunidad de cuánto me gusta viajar y de los lugares que sueño conocer. No soy original en mi deseo, creo que a la mayoría de las personas nos pasa, sobre todo cuando gran parte de la semana estamos frente a una computadora y nuestro contacto con el sol es a través de una ventana. Por eso además de soñar, una de mis ocupaciones favoritas es leer, que es otra manera de viajar. Julio Cortázar y Ray Bradbury me abrieron hace muchos años el portal hacia mundos diferentes y desdibujaron para siempre los límites entre ficción y realidad. Gracias a ellos y a otros autores que descubrí en el camino y devoré, hoy estoy acá, escribiendo.
Todavía recuerdo mis viajes a Marte.

Todavía recuerdo mis viajes a Marte.

Desde que abrí "La vida en verde", recibí cantidad de mails y comentarios que agradezco, sobre todo por tenerme confianza para contarme sus vidas, sus búsquedas y decisiones. Así fue como conocí a Nati Bainotti. Un día de febrero, todavía estaba en Capilla del Monte y no había subido al Uritorco, recibí el mensaje de una chica que me contó que era vegetariana y tenía un blog de viajes. Cuando volví a Buenos Aires empecé a leer " Mi vida en una mochila " Encontré un espacio lleno de magia, uno más para agregar a mi lista de lecturas. Natalia Bainotti recorre el mundo, al igual que muchas personas que lo cuentan en un blog, pero además ella le agrega su toque personal, reflexiones y sensaciones a las que les da forma y profundidad, algo que no pasa con todas las crónicas de viajeros.
Después de intercambiar algunos mails pactamos una entrevista, yo en Capital Federal y ella desde Quito, Ecuador en donde ahora está en el proceso final de escribir un libro, el primero en el que cuenta sus aventuras. Con veinticinco años tiene un nuevo objetivo: viajar en bici por los próximos dos años como mínimo por el continente sudamericano, recorrer Ecuador, ir a Brasil por el Amazonas y dejarle al azar el resto.
Comparto con ustedes sus respuestas:
Foto desde su ventana, en Quito llueve todo el tiempo.

Foto desde su ventana, en Quito llueve todo el tiempo.

-¿Qué te impulsa a viajar? ¿Desde cuándo lo haces?
-Aunque suene a cliché, viajo porque es lo que amo hacer y la forma en que quiero vivir. Sinceramente, no me veo de otra forma. Muchas veces me dicen que algún día voy a tener que estabilizarme, pero creo que eso es una decisión: el día que me canse de viajar pararé, pero espero que sea una decisión mía y no porque "no puedo viajar toda la vida" como muchos me han dicho. Cada día conozco más casos de familias y abuelos viajeros, así que ni los niños ni la edad son un impedimento. Para mí viajar es mi forma de vivir, hace ya cuatro años que no vivo en Argentina. Necesito moverme, saber que hoy puedo estar acá, mañana allá y pasado no sé. Saber lo grande que es el mundo, todo lo que hay allá afuera, la gente, las costumbres, las culturas y las historias que puedo cruzarme me mueven a viajar física y mentalmente.
Mis viajes fueron paulatinos, no hice "el gran viaje" de una. A los 18 años me fui con dos amigas a hacer la ruta de Siete Lagos en el sur de Argentina, y ahí me di cuenta que viajar me gustaba más de lo que me había imaginado, y que podía ser mejor de lo que esperaba. Después de eso, fui dos meses a Kenia a hacer un voluntariado, lo que me cambió completamente la perspectiva: me di cuenta que, además de viajar, me llenaba mucho el trabajo social. Mi primer gran viaje sola como mochilera lo hice a los 21, cuando me fui por cinco meses a Europa, Turquía y Egipto.
En Mathare, África.

En Mathare, África.

-¿Cómo era tu vida anterior? ¿En qué trabajabas?
-La verdad no considero que tengo una "vida anterior". Lo mío no era una vida que me consumía, un quiebre y luego largarme a viajar, o un "largar todo e irme". Siempre soñaba con conocer otros lugares. El trabajo más estable que tuve fue cuando viví en Chile, trabajando en AIESEC (una plataforma internacional para el desarrollo de jóvenes) a cargo del área de Intercambios Entrantes Sociales para Argentina, Chile y Uruguay. Al vivir afuera sentía que, de alguna forma, estaba de viaje, porque involucraba todo lo que para mí es viajar: conocía otros lugares, me adentraba de lleno en una nueva cultura, aprendía a mirar el mundo de otra forma.
Atardecer en Farellones, Chile.

Atardecer en Farellones, Chile.

- ¿Sos vegetariana/ vegana? ¿Cómo te arreglas en los lugares a los que vas?
-Soy vegetariana, y hace un tiempo empecé a reducir al mínimo los lácteos y huevos. De todas formas, no me gustan mucho las etiquetas, creo que a veces encasillan más de lo que sirven. En mi caso particular, como fue un proceso, al principio no me consideraba vegetariana sino que no prefería comer carne, y luego de un año me di cuenta que casi la había dejado.
Cuando viajaba muchas veces había ciudades donde no encontré otras alternativas (seguramente no las busqué lo suficiente) o me encontré en casas donde decía que era vegetariana y me daban un plato con pollo o pescado porque "total tiene poquito" o "no es carne". Antes era más flexible, pero con el tiempo entendí que no tengo por qué adaptarme a otros en vez de seguir mis valores. A veces es difícil confiar en las comidas porque te dicen una cosa pero después te das cuenta que le pusieron un hueso de vaca para "darle gusto" o simplemente te separan el pollo del resto de lo que te dan. Me ha pasado. Los mercados de todas formas tienen muchas opciones: frutas, verduras, cereales, frutos y frutas secas. En Sudamérica por lo menos, los mercados para mí son buenísimos (y en general, hay más opciones que en muchas ciudades de Argentina). En estos países también encontré buenas opciones en la calle: plátanos asados, tortillas de choclo, ceviche de chocho (una legumbre andina). Trato de no caer en la simplicidad de comer pasta o arroz, sino de preocuparme por comer balanceado.
En Cuba: palta, pepino, tomate, pan y queso.

En Cuba: palta, pepino, tomate, pan y queso.

-¿Notás que hay más opciones ahora para comer; una mayor apertura y aceptación?
-Depende del lugar. En las ciudades grandes o muy turísticas es fácil encontrar restaurantes vegetarianos debido a la cantidad de turistas -en general europeos y norteamericanos- que son vegetarianos. En muchas casas les parece raro, sobre todo por ser argentina; muchas veces me empiezan a hacer chistes sobre "lo que te pierdes" o a veces cuesta hacer entender que si uno es vegetariano no consume ningún tipo de carne animal. De todas formas, siento que cada vez hay más gente consciente, y algo que me entusiasma es ver cada vez más hombres preocupados por el tema: creo que ayuda a borrar el prejuicio que tiene mucha gente respecto a que el vegetarianismo o el veganismo es una moda o que sólo lo hacemos por estar flacas.
-Me gustaría que me cuentes una aventura que te haya impactado. Un momento en el que hayas sentido mucha adrenalina.
-No logro pensar en una sola (¡por suerte!) así que acá voy: cuando llegué a Kenia y me di cuenta que sabía mucho menos inglés del que creía; cuando una noche en Austria no encontraba dónde dormir después de tres horas caminando y nadie me ayudaba; cuando me metí con una amiga adentro de un valle en Turquía por horas, se venía la noche y no podíamos encontrar la forma de salir; una noche en una ciudad en la costa de Egipto, mi bus no salió porque estaba roto y un señor francés me invitó a dormir en el velero de un amigo; un mini viaje en bici por el sur de Chile; la primera vez que salí a la ruta a hacer dedo; cuando llegué al Quilotoa después de más de diez kilómetros en subida y me largué a llorar.
Quilotoa, Ecuador.

Quilotoa, Ecuador.

- ¿Sentiste deseos de quedarte en algún lugar? ¿Dónde? ¿A cuál te gustaría volver siempre?
-De quedarme todavía no; el día que un país me atrape así seguro me quedo en ese momento. De todas formas, Colombia me fascinó, es un país que me encantó por su gente y sus paisajes, bellísimo. El slogan de la marca país, "el riesgo es que te quieras quedar", no puede ser más cierto, tiene un magnetismo único, y tengo muchas ganas de volver. También me fascinó Turquía: aunque al principio renegué bastante con la cultura, me enamoré de su historia y su cultura, tan rica que te mantiene alerta los cinco sentidos todo el tiempo.
-¿Cuál es la desventaja de vivir viajando? ¿Crees que hay un límite de edad?
-Creo que a veces la desventaja es la misma ventaja: el movimiento. El hecho de estar moviéndose de un lado a otro se transforma en todo eso que nos impide tener: disfrutar a los amigos y a la familia más seguido, una heladera con muchas cosas para poder todos los días cocinar cosas diferentes, una rutina de deporte más constante, no tener que pensar cada tres días dónde voy a dormir o si voy a tener una ducha, poder hacer un curso o un taller nuevo... La mayoría de las cosas se pueden hacer viajando, o se sortean de alguna forma, pero es más difícil.
El límite de edad es más mental que otra cosa, cada vez conozco más casos que me demuestran que todo es posible: el caso de Laura Dekker, la nena de 14 años que dio la vuelta al mundo en velero:
... La famosa familia Zapp , que viajan en auto hace quince años con sus cuatro hijos, o Andoni y Alice que viajan en bicicleta con sus hijitos, Ann Wilson , que decidió dar la vuelta al mundo en bici a los sesenta años, Albert Casals, que por leucemia infantil quedó en silla de ruedas pero eso no le impidió viajar por el mundo desde los dieciocho:
Hay casos increíbles, y si alguna vez dudé, estos ejemplos -y muchísimos otros- me muestran que es una elección y una cuestión de actitud.
-¿Qué le recomendarías al que quiere hacerlo?
-Que se olvide de todos los miedos, los prejuicios y las presiones que mete la sociedad. Que ponga una fecha y se largue. Que no escuche a los que le dicen que afuera es peligroso, que viajar es caro o que es una locura dejar un buen trabajo por irse a viajar. El camino tiene más oportunidades que las que podemos imaginarnos. Yo salí viajando en bus y escribiendo para un periódico; ahora estoy por empezar a viajar en bici, escribiendo un libro, colaborando con otros medios digitales y armando un proyecto para pintar murales por cada país por el que pase. La gente buena abunda más de lo que creemos, sólo que los malos tienen más prensa. A mí me robaron el 30 de diciembre, perdí cosas de valor económico y emocional, pero aprendí más que nunca sobre el desapego y que los recuerdos no me los roba nadie. Así mismo, la ciudad donde me robaron fue uno de los lugares donde más contenida me sentí, donde la gente más se preocupó por mí. La plata y lo material va y viene, afuera hay muchas oportunidades y siempre que necesites un plato de comida, alguien va a aparecer para ofrecerte incluso más de lo que necesitás.
Si buscan el momento perfecto para irse, nunca va a llegar; siempre van a encontrar una excusa, por más mínima que sea. Yo vivo en función a una cosa: si mañana me muero, no quiero arrepentirme de no haberme animado a ser feliz. Puede sonar drástico, pero puede pasar en cualquier momento, y no voy a esperar a "tener tiempo" para hacer lo que me gusta hacer, no quiero que mi pasión sea sólo un hobby. Todos tenemos la misma cantidad de horas en el día, el tema es cómo usa cada uno ese tiempo. Lo de que "el trabajo me ata" en general es otra excusa: yo también trabajo, pero como mi prioridad es viajar, lo adecuo a eso. Prefiero ganar poco y hacer lo que me gusta, a tener mucha plata y una vida que no me llena. Al fin y al cabo, el día que esté en mis momentos finales, ni el plasma ni el auto ni la casa me van a dar felicidad, pero los lugares, las personas y la experiencia de haber vivido como quise no me lo va a sacar nadie.
¡Gracias Nati Bainotti!

¡Gracias Nati Bainotti!

Pueden ver más fotos en su blog, no muestro todas para que entren y disfruten de la posibilidad de viajar con la imaginación. Tal vez les sirva para comenzar a planificar su propio camino y hacer lo que más les gusta.
A mí me encuentran como siempre en kariuenverde@gmail.com
¡Besos!
Kariu

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