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 • HISTORICO

Viajes bisagras




Y antes de continuar desarrollando la tercera parte de mi recorrido vocacional-humano, voy a abrir un paréntesis que eche luz sobre lo que he dado en llamar "viajes bisagras".
"¿Hubo algún momento puntual en el que hicieras click? O sea, ¿cómo fue de que laburar como una enana y fumar un atado a diario empezaste a interesarte por... ¡por meditar!?" me preguntó Fede la semana pasada. Y en eso, como si la memoria de golpe se desperezara, le respondí: "ah, sí, sí, ya recuerdo, fue en un viaje sola a Brasil, de una semana, donde leí y releí el primer libro llamémoslo espiritual que tuve entre manos. "Vivir en la luz", de una tal Shakti Gawain, que hablaba de lo que hoy puede parecerme una absoluta obviedad (escuchar la propia intuición, estar atento a las sincronías, conectarse con el deseo, bla, bla) pero que en aquella época no lo era tanto. Me estoy refiriendo a algo que sucedió hace 10 años."
Y acto seguido recordé que justo antes de aquél primer volantazo, de aquella decisión con ovarios (ver Ovarios ) de presentarme espontáneamente en la puerta de una productora de tevé, también había tenido un viaje muy del estilo. En aquella oportunidad a Estocolmo y París, invitada por conocidos. Dos semanas sola, solísima, caminando sin rumbo y escribiendo en mi diario.
"¡Quiero hablar de los viajes bisagras!", entonces exclamé. "¿Y qué sería eso?", preguntó marido.
Bueno, a ver... Llamo "viajes bisagras" a esos viajes valiosos no por lo que descubras afuera (tuyo), sino por ser circunstancias propicias para que se revele tu mundo. En principio, todo viaje es una toma de distancia de tu vida, y te da la grandiosa posibilidad de mirarte, de observarte con una perspectiva un pelín más desapegada, objetiva o sabia que la del día a día. Pero si encima estás atravesando un momento personal de cambio, de sacudida de estantería, es harto probable que ese "alejarte" te brinde no sólo la lucidez para comprenderte, sino además la determinación para hacer aquello que venías amasando (por lo bajo). Ya el sólo hecho de mirar el horizonte despejado, las vacas pastando o el cielo lleno de nubes... para mí, ya sólo eso te limpia la mente y te alinea increíblemente.
Desde ya que no todos los viajes son bisagras ni todas las grandes decisiones implican -a priori- viajes reales, pero revisando esos capítulos de mi historia, los momentos previos a las elecciones más gordas, me di cuenta de que 1- un viaje ensimismado a Suecia y Francia (ya transcribiré palabras de aquel diario para que nos riamos) me dio el envión que estaba necesitando para pasar del estudio al trabajo... 2- escapándome una semanita a Brasil (madre y abuela hicieron una vaquita, ¡yo no tenía un sope!) a leer el primer libro que me daba la lata acerca de la energía, pude salirme de ese pantano hiper-productivo para volver a preguntarme qué quería y qué estaba necesitando en aquél entonces.
¿Vos tuviste algún viaje semejante? ¿Te animás a contárnoslo?
PD: ¡El miércoles cumplimos 2 años!

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