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 • HISTORICO

Volver a elegir

El editorial de la directora de OHLALÁ!, Teresa Elizalde




Hay personas que, definitivamente, la tienen clara. Van para adelante. Cuando están por tomar una decisión, no hacen de la duda un mundo. Y después, cuando eligen, no miran para atrás. No piensan en las miles de opciones que quedaron en el camino o en todas las posibles sustituciones de su elección.
En este mundo de cambio constante, desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir, estamos tomando decisiones. Algunas son intrascendentes, pero otras tienen tanta envergadura que definen nuestra vida. Justamente, en ese sentido, hace unos días recibí el mail de una amiga que acababa de renunciar a su trabajo después de años.
Les copio una parte que me gustó mucho:
"Te resumo un poco cómo estoy: laburar diez años en la empresa sin parar. Pero darle mil vueltas a la decisión de parar. Parar. Y encontrarme con que hacer ejercicio, correr, es la mejor fórmula para salir de pesca por la serenidad. Una maravilla, la serenidad, que de a ratos me inyecta templanza y en otros soy pura pérdida. Pero con la convicción de que este duelo algo construirá. Poco a poco me recupero, mi cabeza, mi cuerpo, hago lista de objetivos. Y quiero planes, pero me agota pensar en llenarme la agenda de cosas. Soy una revolución. Siento que estoy en neonatología, que me están tomando por primera vez las huellas digitales del pie. Que le están reescribiendo el nombre a la pulserita blanca que va en la muñeca. No sé qué va a salir de todo este cambio, qué vendrá después, pero estoy confiada de que será algo bueno".
Ella había decidido renunciar después de darle mil vueltas a la idea durante mucho tiempo. Trabajaba de 9 a 18. Le iba muy bien. Visto desde afuera, parecía contenta. Pero desde hacía tiempo me decía que esa vida ya no la representaba. Que no era ella. Que estaba perdiendo su eje.
Mientras leía su mail, en la redacción hablábamos justo de este tema, de las elecciones y de cómo tomar decisiones, fijar rumbos, ajustar el timón. Cambios en la profesión; empezar un curso o retomar algo que habíamos abandonado y nos hacía bien; mudarnos de barrio: soltar una pareja; irnos a vivir afuera o no; regresar al país. Todo el tiempo estamos en esta. Y aunque muchas veces nos cuesta y damos vueltas, pareciera no haber muchas recetas. Clarissa Pinkola Estés, que también se cruzó en la lectura durante estos días, habla de que cuando las mujeres nos quedamos estancadas o nos llenamos de aburrimiento, es hora de que emerja la mujer salvaje para habitar el propio cuerpo, para hablar y actuar en nombre propio. Que las mujeres tenemos dones extra para tomar decisiones: una percepción aguda y una intuición extrema. La respuesta, claro, siempre está en nuestro interior.
Y una vez que elegimos, eso sí, hay que jugársela hasta el fondo. Bancar nuestras decisiones. Aplaudirlas. Porque aparece una fuerza increíble, tan nuestra, tan propia, que nos hace invencibles. Y que nos define. Porque nuestras decisiones nos hacen ser quienes somos.

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