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 • HISTORIAS

Tengo 21 años, lucho contra el cáncer desde los 14 y busco convertir lo que me pasó en algo bueno

Celeste Iannelli, de 21 años, le pone el cuerpo al cáncer desde los 14 y atravesó más de 70 tratamientos de rayos y quimio. Su resiliencia hoy es inspiración.




Cuando, el 24 de agosto de 2016, Celeste Iannelli se enteró de que tenía leucemia, lo que más la asustó fue saber que durante los dos años que duraría el tratamiento no iba a poder ir al colegio ni disfrutar del vóley, su deporte preferido. Pasó el tiempo y, en esos años, atravesó más de 70 tratamientos, entre internaciones, catéteres, quimioterapias y hasta un transplante de médula ósea, resultado de una recaída que tuvo el año pasado. Creció rápido, sin dudas. Y aprendió mucho en el proceso; aquella adolescente de los primeros tiempos se convirtió hoy en una mujer que produce contenidos en las redes sociales a través de su cuenta (@celesteiann) para visibilizar temas difíciles, que a veces nos cuesta hasta nombrar. Esta es la historia de Celes y su forma luminosa de recorrer los caminos de la vida.

“Al enterarme del diagnóstico, no asocié la leucemia con el cáncer”

Tenía 14 años cuando recibí el primer diagnóstico, y para mí lo que estaba pasando era normal. Lo tomaba como algo de la vida y no lo veía como que tenía cáncer. De un momento a otro, tuve que cambiar toda mi rutina, dejar de ir al colegio y de hacer deporte. Pero tenía las promesas de los médicos de que después del tratamiento iba a volver a hacer todo eso. No me adelantaron lo que se me venía, así que cuando lo viví, pensé: “Ah, era más fuerte de lo que creía”. Sin embargo, cuando estás en el baile, bailás. No me puse mal, sino que seguí viviendo mi vida normal con estas nuevas cosas y, como perdés lo más simple, te prometés que cuando lo vuelvas a tener no te vas a quejar más. Después, cuando retomás tu vida, te olvidás. Entonces, es un ejercicio recordar esos momentos y decirte: “Pará, yo estuve mucho peor”. O supuestos problemas, como dar una prueba, que antes me parecían enormes, pasan a ser mínimos, porque valorás que podés ir al colegio.

En marzo de este año, tras una recaída, Celeste recibió un trasplante de médula ósea de su hermana menor, Camila.

En marzo de este año, tras una recaída, Celeste recibió un trasplante de médula ósea de su hermana menor, Camila. - Créditos: Gentileza Denise Giovaneli.

“Mi forma de enfrentar la enfermedad fue siempre a través del humor”

Tomar las cosas con humor es parte de mi forma de ser desde chiquita, y siempre fui muy de inventarme historias y de volar con la imaginación. No es que con la enfermedad tuve que preguntarme de dónde sacar la fuerza que no tengo, sino que ya era algo mío. Mi familia también siempre fue así, de usar el humor, la diversión y el juego para afrontar lo que pasara. Por ejemplo, mi mamá durante la primera internación llevaba la licuadora al hospital para hacerme frappés. Mi familia y yo somos tal cual se ve en los videos que subo a mis redes sociales. Hacemos muchas cosas locas y divertidas para pasarla mejor.

“Empecé a escribir lo que me pasaba  en una servilleta del baño del hospital”

Un día, durante mi segunda internación, le dije a mi mamá que estaba aburrida. Enseguida entró al baño, volvió con una servilleta, buscó una lapicera en su cartera y me la dio. Así empecé a escribir lo que me pasaba, era algo que hacía para mí, no es que lo pensé tipo “voy a escribir un libro o después lo voy a compartir”. Quería tener recuerdos de lo que me estaba pasando; además decía: “Nunca más voy a vivir esto, así que quiero dejarlo registrado y algún día leerlo”. Seguí escribiendo un montón, todo el tratamiento, la mayoría en servilletas. Todo ese material, de una forma muy loca y después de bastante tiempo, llegó a la editorial Planeta y se convirtió en mi primer libro, Diario de la servilleta. Al año siguiente, empecé con las redes sociales, cuando terminé la parte más fuerte de mi tratamiento. Compartía lo que había vivido, a diferencia de este último tratamiento, en el que compartí segundo a segundo lo que iba viviendo, en tiempo real. Y lo hice ya no tanto para mostrar lo que vivía, sino para concientizar sobre algunas cosas, especialmente sobre la importancia de la donación de médula. Y también para acompañar a pacientes. En ese momento no había tanto contenido sobre estos temas, y cuando empecé a recibir las primeras respuestas, me di cuenta de la llegada y el impacto de las redes. A veces me pasaba que venía alguien a visitarme y quería que se fuera porque yo estaba re entretenida editando mis videos”.

“No creo que todo pase con un propósito”

Me parece que el sentido no es “te va a pasar esto para que después hagas esto”, sino más “me pasó esto, no tengo idea de por qué, porque no hay una explicación, y voy a tomarlo para convertirlo en algo bueno”. Haciendo algo por los demás me hago bien a mí y a los demás, creo que ese es mi propósito. Además, ahora viví lo que es el trasplante de médula ósea, antes no lo había vivido, y tengo otro material súper wow para decirle a la gente que pasé por eso, que lo necesité, y tengo a mi hermana que cuenta cómo donó. Me parece una información súper valiosa que hay que difundir.

“En mi vida siempre estuvo presente Dios”

Cuando la gente me pregunta de dónde saco la fuerza, a mí me sale decir: “Dios”, además de mi familia, claro. Aunque no tenga todas las respuestas, porque creer en Dios no significa tener todas las respuestas, cuando estás ahí, sufriendo, pensás otras cosas, no pensás “gracias, Dios”. Nunca sentí que se haya ido de mi lado, ni en los peores momentos. Siempre estoy hablándole, agradeciendo, contactando con él. Entendí que echarle la culpa a Dios no tiene sentido, ¿por qué Dios tendría la culpa de lo que me pasa? Igualmente, hay muchas cosas que no entiendo, pero eso no hace que deje de creer.

“Lloro cada vez que cuento mi historia, pero sé que mi objetivo es concientizar”

Desde chica, mi mayor sueño era salir en la tele. No sé bien por qué, pero siempre me gustó, entonces, cuando me dijeron de hacer la primera entrevista, cuando empecé en YouTube en 2017, en TV Pública, fui con todos los nervios del mundo, pero fui, y además tenía un objetivo que era concientizar. A partir de ahí, empecé a tener notas, después arranqué una gira por provincias del país y medio que ya le perdí el miedo a la exposición. Comenzó a ser algo normal para mí. Después, con la recaída, tuve que estar aislada del mundo, no me sentía bien, y cuando estaba un poco mejor, prefería usar ese tiempo para disfrutarlo para mí. Recién ahora me siento mejor, recuperándome del trasplante y arrancando a dar notas. Estoy bastante sensible y lloro cada vez que cuento mi historia. Siento que tengo que aprovechar todos los medios que pueda para difundir principalmente lo de la donación de médula ósea.

“No me siento una luchadora, pero agradezco que las personas me digan cosas positivas”

A veces me ponen en un lugar de luchadora, de “lo venciste porque sos positiva”, y no estoy de acuerdo del todo. Sí creo que la forma en que una lo encara, con el humor, el ser positiva, la fe, son recursos que ayudan mucho a pasarlo de la mejor manera y suman en la recuperación. Pero no son factores determinantes en lo que vaya a pasar. En realidad, el que te cures o no te cures es algo que no tiene explicación. Hay respuestas que no tengo, no puedo atribuirlo a que porque soy positiva salí adelante. Principalmente, porque hay mucha gente positiva que no lo logró. Tampoco quiero estar aclarando cada vez que me lo dicen porque si no, me vuelvo loca. Y hay mucha gente que tal vez lo explicás y no lo entiende. Tampoco me gusta que comparen a otros pacientes conmigo. A mí me molestaría si me hicieran eso.

"Para mí, lo que más vale es lo que tenemos todos los días: poder respirar bien, bañarse, comer, salir”.

"Para mí, lo que más vale es lo que tenemos todos los días: poder respirar bien, bañarse, comer, salir”. - Créditos: Gentileza Denise Giovaneli.

“Siento que los seres humanos estamos acostumbrados a tenerlo todo”

En realidad, “todo” es muy relativo también. Al principio lo recordás todo el tiempo y lo tenés presente, pero después se te va yendo la emoción. Es como cuando te comprás algo nuevo o encarás un nuevo trabajo o proyecto. Es un círculo vicioso de querer cambiar constantemente y buscar algo mejor. En ese sentido es que me doy cuenta de que, entonces, lo que más vale es lo que tenemos todos los días: poder respirar bien, bañarse, comer, salir. Pensás: “¡Qué bueno va a estar cuando pueda hacer todo eso!”. Igual, me pasó de olvidarme de todo después del primer tratamiento, y ahora, después de este segundo, voy a tratar de tenerlo presente siempre. Me pasa que, como estoy en relación constante con pacientes y familiares de pacientes, tal vez no me acuerdo de mí pero sí de los demás y entonces digo: “Che, esto no es un problema grande porque mirá lo que le está pasando a esta persona”. 

“Con Arukah, mi tercer libro, quiero ayudar a personas con trastornos de la alimentación”.

En 2020 hice mucho contenido relacionado con la imagen corporal, la autoestima, el impacto de las redes sociales en cómo una se ve. Así me encontré con personas que me contaban sus historias, y más que nada, todo era alrededor de los trastornos de alimentación. A partir de eso salió esta novela, que escribí en 2021 y toca temas como la autoestima, el rencor, el odio, el amor, los celos, la envidia y el trabajo en equipo. Es imposible que lo lean y digan que no se identifican con nada, son todas temáticas de la vida. También se habla de eso, de la vida, de la muerte, de la salud, todo de una forma muy divertida, que me encanta. Cada vez que lo leo es como si fuera la primera vez que lo hago.

“Incluso en los peores momentos, siempre me enfoqué en pensar en positivo”

Después de todos estos años, me encontré con muchas personas que me contaban sus historias y que me ayudaron a entender lo que era la enfermedad. Nunca me tiré a pensar en negativo, pero ya era consciente de lo que me estaba pasando. Tengo muy presente un versículo de la Biblia, Mateo 6.27, que dice: “¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más?”. Entendí que preocuparse no tiene sentido ni te da nada bueno. Mañana no sé lo que va a pasar, pero si me preocupo, le agrego un problema más al problema sobre qué podría pasar mañana y que capaz en un 80% de probabilidad no pase. Me agarré mucho de eso y trato de vivir mi vida así desde entonces.

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