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 • HISTORIAS

Jero Freixas: “Ser padre te hace mejor persona"

Jero Freixas aceptó ser entrevistado por Jose, su compañera de vida y de trabajo, con quien tienen dos hijos. Juntos, reflexionan (¡y nos hacen reír!) sobre los cambios y aprendizajes que le trajo la paternidad. 


Jero Freixas: “Ser padre te hace mejor persona"

Jero Freixas: “Ser padre te hace mejor persona" - Créditos: Sol Schiller



La cita de hoy es en la cocina de nuestra casa; estamos acá para un experimento. Esta vez, me toca entrevistar a Jero. O sea que además de ser marido y mujer, compañeros de trabajo y mapadres de Rita (7) y Ramón (4), también vamos a asumir el rol de entrevistadora y entrevistado. Vamos a ver qué sale. 

¿Cómo estás?

Bien. 

No te voy a preguntar nada comprometido, ¿OK? 

Ah, bueno, me gusta. 

Una aclaración: no soy tu mujer. Ahora soy tu entrevistadora. 

OK, voy a tratar de no verte como mi mujer. ¿No te puedo besar? 

¡No! ¿Besás a tus entrevistadoras vos? Hablemos de eso. ¿Qué onda convivir, mapaternar, trabajar, todo con la misma persona? 

No es recomendable. Hay que cuidar a la pareja y nosotros la ponemos en peligro permanentemente. Obviamente hay cosas que están bien, como convivir y educar juntos a nuestros hijos. Pero le sumás trabajar y se complica. Le das más lugar al roce, al choque, tenés más motivos para pelearte. Y aparte no te extrañás. La pareja necesita extrañarse y que cuando llegue el momento del reencuentro sea un momento de contar cosas, qué pasó en el día, pedir consejos. Yo creo que eso es más recomendable. 

 

Ojo que sin mí no sé si llegás hasta acá, eh... 

Eso sin duda. No hay ninguna duda de que juntos, en lo profesional, somos un éxito. Ahora, si me preguntás para la pareja qué hubiese sido mejor, yo creo que esto no. Me lo dijo mi mamá, ¿te acordás?, cuando empezamos. Ella trabajaba con mi papá y nos advirtió, y nosotros, en lugar de seguir el consejo, nos metimos de cabeza a laburar juntos. Esto fue un sacrificio y es un sacrificio todos los días. Porque, si bien compartimos cosas gloriosas juntos, es difícil, la logística es compleja. Con los viajes de trabajo, por ejemplo, no es lo mismo cuando viaja uno solo que si somos los dos los que viajamos, y nuestros hijos son chiquitos todavía. 

¿Te considerás un papá moderno? 

Sí, muy. Primero porque considero que estoy muy involucrado en las tareas de la casa: cocino, voy al supermercado, preparo viandas, etcétera. Tengo la suerte (o no, ja) de trabajar en mi casa y poder estar todo el tiempo combinando el trabajo y los quehaceres del hogar. Creo que eso se podría definir como un padre moderno. Pero además la forma de educar, eso también. Intento hablar mucho con ellos, no ser el papá que les dice “no lo hacés porque lo digo yo que soy tu padre”. Y soy muy de darles libertad en todo lo que puedo. 

¿Es generacional, adaptarte a los tiempos en que vivís? 

Nah, yo pienso que hubiera sido así en cualquier momento histórico. Porque así es mi forma de ser. Tengo muchos amigos que no paternan así, que son más de la vieja escuela, y son de mi misma generación. 

Hablando de la vieja escuela..., ¿cómo fue con tu papá? 

Uno cuando tiene hijos empieza a darse cuenta de todo lo que hacía su propio padre por uno. Cuando era más chico no miraba a mi papá buscando un ejemplo de paternidad, simplemente lo disfruté como padre. Tuve un papá que, a pesar de ser el sexto de siete hermanos, fue superpresente: me llevaba a la cama todas las noches, rezaba conmigo el ángel de la guarda, me hacía unos mimitos, y a la mañana me despertaba también con mimos. Recuerdo mucho el amor con el que me levantaba mi viejo. Si bien yo quiero ser el padre que puedo y quiero ser, tomo de mi viejo el ejemplo de escuchar, de hablarles a sus hijos no como un déspota, sino desde un lugar más horizontal. Recuerdo y trato de tomar las cosas lindas de mi viejo y, obviamente, tratar de mejorar lo que no me gustaba tanto.

Jero Freixas aceptó ser entrevistado por Jose, su compañera de vida y de trabajo, Jose de Cabo, con quien tienen dos hijos.

Jero Freixas aceptó ser entrevistado por Jose, su compañera de vida y de trabajo, Jose de Cabo, con quien tienen dos hijos. - Créditos: Sol Schiller

 

¿Siempre soñaste con ser papá? 

No, no me veía padre. De hecho, tuve mucho miedo cuando quedaste embarazada, no sabía cómo iba a ser. Sentía que no estaba preparado, porque no era un anhelo. La paternidad la empecé a vivir cuando nació Rita, en ese instante. Ella nació a los gritos, y a vos no te la pusieron en los brazos (cosa que fue un grave error), porque fue cesárea, supongo. Te la mostraron rápido, muy injusto, y solo pudiste estar unos segundos con ella antes de que se la llevaran. Ella estaba llorando descontrolada y me la pusieron en los brazos y se calmó automáticamente. Y ahí dije “uf”. Fue la emoción más fuerte de mi vida. Fue un sentimiento nuevo. 

¿Cómo sería eso? 

La palabra “amor” con los hijos queda chica. Tenemos que inventar una nueva palabra para lo que se siente por los hijos o dejar de decirle amor a todo lo demás y amor pasa a ser lo que a uno le pasa con un hijo: lo otro no es amor. Porque es indescriptible la sensación, es demasiado fuerte. 

Volvamos al momento en que conociste a Rita. 

Fue amor como nunca lo había vivido, y un miedo que nunca había tenido en mi vida. Estaba aterrado porque, como te decía, se calmó la niña y yo dije: “Bueno, esto depende de mí, a partir de este momento esta criatura depende de nosotros dos”, fue abrumador. Como si hubiera madurado de repente. Me acuerdo de que le dije a mi mamá: “Esto es mucho, es muy fuerte lo que siento”. Y mi mamá, que había tenido siete, me decía: “Ay, Jero, no exageres”. Claro, con siete, imaginate. Y eso que ella era muy presente, muy enamorada de sus hijos, pero más liviana, más relajada.  

¿Y con Ramón cómo fue? 

Con Ramón fue otro el sentimiento. Ahí pasó que veinte días antes de su nacimiento se murió mi mamá. Entonces había una carga extra, una tristeza porque mi vieja no había llegado a conocerlo. Yo creí que iba a llegar y al final todo se aceleró y entonces todo estaba bastante atravesado por eso. También fue otra cosa la llegada de un varón, espero que no me maten por decir esto, pero te juro que es diferente. Fue otra la energía con Ramón. Obvio que fue el mismo amor, aunque no tuvo la incertidumbre del primero: yo ya sabía lo que se me venía. 

 

Contame del momento en que se encontraron los hermanos...

Es una explosión de amor en el cuerpo. Y también eso fue loco para mí porque, como te dije antes (y lo sabés bien), yo no soñaba con una familia, siempre estuve más enfocado en los amigos, en la carrera, en jugar al fútbol. Pero hoy mi familia es lo primero, doy la vida por mis hijos.  

Cambiaste mucho cuando fuiste padre... 

Cambié absolutamente para bien. Es medio raro decir esto, pero creo realmente que ser padre te hace mejor persona. Hay mucha gente de mierda paternando, hay que decirlo también. Pero en la mayoría de los casos, la gente es buena. Y de un día para el otro, todo lo tuyo se lo entregás a otra persona. Dejás de gastar solo en vos, por ejemplo. Yo antes tenía plata y me compraba una pilcha, un vino más caro, botines. Hoy todo es para ellos, para ver si les puedo pagar un curso, un deporte, una actividad. 

¿Y vos? ¿No sentís que a veces te desdibujás en la paternidad? 

Obviamente, uno tiene que estar bien, pero a mí me hace bien hacer cosas por mis hijos. Me parece loquísimo estar todo el tiempo gastando por ellos. Y no te hablo de plata: tiempo, sueño, la carga emocional. Pero lo elijo y lo disfruto. Porque te vuelve: en cada sonrisa, en cada abrazo, cada gesto. Verlos sonreír, verlos crecer, sus ocurrencias. Los observo y disfruto mucho. Y esto lo fui aprendiendo, porque no fue siempre así. Fui dándome cuenta de que esto se termina en un momento y que en unos años lo voy a extrañar. Yo soy muy nostálgico, y no dudo que cuando los chicos sean adolescentes voy a extrañar la niñez como loco. Agarrate, porque ahí voy a querer tener otro hijo... (Silencio incómodo). 

Muy lindo, un padre muy presente. Ahora decime algo malo... 

Es que obvio que hay partes malas, como en todo. No soy de las personas que quieren convencer a los demás para que tengan hijos, al contrario, desealo mucho porque vas a entregar gran parte de tu vida: tiempo, corazón, plata, cabeza y cuerpo. Todo lo hermoso cuesta. ¡Mirá cómo le costó a Messi ser campeón del mundo! (risas). Dormir poco, por ejemplo, es una mierda. No volvés a dormir como antes, nunca más. Porque después llega la adolescencia y los chicos salen, y más adelante vienen las preocupaciones de ellos, que son las tuyas: la pareja, el laburo. Es para siempre.  

 

Decime UNA cosa que erradicarías de la paternidad. 

Las peores son poner protector solar y repelente, son horribles, detesto... (risas). Otra que es muy difícil es el berrinche en público. Porque en privado yo lo puedo manejar, pero lo que no puedo manejar es lo que les pasa a los demás con eso. Me incomoda porque veo que los de alrededor esperan que retes o pongas un límite fuerte y tal vez para vos lo que hay que hacer es otra cosa. Y hoy en día vivimos en la era de la niñofobia, el mundo cada vez es menos kid friendly, la gente soporta cada vez menos a los niños. Hoy son más los lugares pet friendly que kid friendly: jode menos un perro ladrando que un niño correteando. A los que no soportan a los niños les recuerdo: ustedes de niños fueron niños, no perros.  

¿Tus hijos te enseñan a vos también? 

Muchísimo. Mis hijos me hacen volver a mi infancia, a la época del juego, de lo corporal y de la imaginación. A no pensar tanto y a ser un poco más impulsivo. Qué profunda esta pregunta, gorda. Me enseñan también a sorprenderme con las cosas chiquitas. El mundo de los adultos es tan complejo, necesitás tantas cosas, estás todo el tiempo buscando más, y de repente ves que un chiquito se alegra con esa alegría tan genuina de los niños, porque le diste un chupetín, y te deja recalculando. 

¿Qué es lo que más buscás transmitirles o enseñarles a tus hijos? 

Que sean libres y felices sin joder a nadie. Que sean buenos con los demás, que no hagan sentir mal a nadie: empatía. Que defiendan a alguien si ven que lo molestan. Que puedan elegir su camino. Que sean buenos. Que sean felices, pero que no piensen solo en ellos.  

¿Tenés algo para decirles a otros padres, a los futuros padres? 

Yo les diría que sus hijos no están esperando padres perfectos. Que no tengan miedo a equivocarse porque lo van a hacer mucho. Que lo que van a necesitar y esperar sus hijos es amor, mucho amor: tiempo, abrazos, atención. Que los miren, los observen, los huelan, les dediquen tiempo de calidad. Que los llenen de lindos recuerdos. Eso. Era un montón, al final... 

Bueno, gracias por esta entrevista. ¿Estuvo muy mal? 

No, estuvo espectacular. La verdad es que me cuidaste. Te tenía toda la fe como entrevistadora y me gustó lo que sacaste. Como yo no hago terapia, me vino bien. Así que gracias, amor. 

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