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 • HISTORIAS

Quién es Nicolás Marín, el argentino que ganó un premio como mejor fotógrafo del mundo: sus mejores fotos

Con 24 años, el fotógrafo submarino argentino fue reconocido como uno de los premios más grandes a nivel mundial de fotografía. ¿Quién es este chico de San Miguel que con su cámara lucha para defender los océanos?


Quién es Nicolás Marín, el argentino que ganó un premio como mejor fotógrafo del mundo.

Quién es Nicolás Marín, el argentino que ganó un premio como mejor fotógrafo del mundo. - Créditos: Gentileza Nicolás Marín



Nicolás Marín nació en San Miguel, provincia de Buenos Aires, hace poco más de dos décadas. De chico soñaba con ser tenista profesional, pero la vida tenía otros planes. Hoy es fotógrafo submarino, explorador de National Geographic y embajador de las Naciones Unidas. Este año fue elegido como uno de los 100 jóvenes líderes del mundo en la conferencia “Our ocean”, en Panamá, por su incansable lucha por la conservación del océano. 

A los 18 empezaste con la fotografía submarina, ¿cómo llegaste a elegir esta profesión? 

Empecé a estudiar fotografía, marketing, cine y arte. Ahí encontré una oportunidad en un aviso de México que buscaban un fotógrafo submarino y alguien que administre las redes sociales de un proyecto de restauración de corales. Yo tenía mucha experiencia en fotografía y marketing para marcas, pero no en océano, no para naturaleza, aunque siempre me había gustado. Más de 1000 personas de todo el mundo postularon para el puesto y entre todos, seleccionaron a tres para una entrevista y quedé yo. Volé a Cozumel, empecé un curso de buceo y a unir la fotografía con todo. Me uní con biólogos, científicos y yo resumía la información que me daban, para darla a conocer, y que la gente que estaba en su casa desayunando pudiera entender algo. Quizás un  y paper no lo iban a leer, pero unas fotos y un lindo texto en redes sí. Quería acercar la ciencia a la gente y ahí encontré mi vocación. 

¿Cuándo encontrás que se encendió la “llamita” del interés por el océano?

Desde que era chico tengo recuerdos de ver programas de Nat Geo en la tele. Era lo que más se veía en mi casa. Me parecía increíble, pero no sabía ni por dónde empezar. Con mi familia nos íbamos de vacaciones a Mar del Plata y yo me preguntaba, con los pies en la arena, “¿Cómo esta gente se encuentra con tiburones? ¿Estudiaron natación?”. Era un sueño muy lejano, como pensar en ser astronauta. Gente tocada por la varita mágica. No entendía mucho y más viviendo en San Miguel, a 500 km del mar. Así que hasta los 18 quería ser tenista profesional. Jugué en Argentina y Estados Unidos. Pero, al final, tomé otro camino. 

Y ahora sos explorador de National Geographic...

Ser explorador de NatGeo me pone la piel de gallina. Hoy siento que ese chiquito que estaba en sentado frente a la tele y veía a los exploradores con los tiburones desde la locura de lo impresionante, como algo lejano, estaría muy feliz. Hoy siento que estaba sentado en el sillón y pasó en cámara rápida este tiempo y salté a la tele. Ahora soy el que muestra. Le estoy mostrando todo lo que veía el Nico de 7 años. Y por suerte le muestro a miles de chicos. Es lo más lindo poder llegar a una entidad tan grande. La adrenalina del día a día me come las emociones, pero a veces es necesario poder parar para ver lo que uno hizo. Ser explorador me cambió la vida, junto con la gente. 

¿Qué querés mostrarle a la gente con tu trabajo?

Me gustaría mostrar la posibilidad de soñar y de que se puede, de verdad. Que no nos limitemos en la cabeza. Yo hace cuatro años no podía ni pensar la realidad que tengo hoy. Me metí en una experiencia que iba a ser un año solo, para ir a bucear a Cozumel y hoy, después del paso de los años, se convirtió en mi estilo de vida. Pero en ese momento iba con la inocencia de conocerme un poco más y una mejor versión de mí. Con cada granito de arena que hacemos cada día, formamos la pirámide pero que empezó un granito de arena. En segundo lugar, mostrar la importancia de la naturaleza. En general, estamos atrapados en la ciudad y no nos damos cuenta de que el oxígeno que estamos respirando es gracias al océano. 8 de cada 10 respiraciones son gracias a él. Yo trato de acercar un pedacito de mar cada día, para recordarnos lo importante que es aunque estemos lejos o cerca. Siempre tenemos llegada al océano y si la podemos tener de manera positiva, mejor. Es lo que quiero mostrar con mi trabajo. 

Solo este año realizaste expediciones para documentar el cambio climático al Polo Norte, Noruega, Islandia, Islas Galápagos, Aruba, Panamá, Londres, Fernando de Noronha y Baja California Sur, ¿qué es ser activista para vos?

Empecé mi activismo a los 16 con el movimiento de Greta Thunberg, que estaba en auge. Pero sentía que mi voz no era más que apoyar un movimiento y quería tener algo de participación más activa. Ahí empecé a ser activista por mi cuenta y a ir a las movilizaciones, pero no sentía que tenía un mensaje fuerte. Cuando encontré al océano en esa experiencia en Cozumel, encontré mi misión. Hoy las redes son mi diario para dejar un registro de lo que voy viendo para conmigo y con la gente. Mi misión al ser activista submarino es tener una llegada mucho más lejos. Darwin, Cousteau, Goodall, Earl, eran muy grossos en lo que hacían. La pegaban de grandes, llegaban a los cincuenta a hacerse conocidos. Yo hoy me siento muy inspirado por ellos para poder hacer con mi trabajo y que a mis 24 años sea reconocido, me parece increíble. Y me queda un montón de tiempo más para conocer diferentes partes del mundo y mostrar en diferentes partes de la región.

¿Qué implica para vos el reconocimiento que dan los premio como el EPOTY (Enviromental Photographer of the Year) o ser uno de los 100 jóvenes líderes de conservación del océano mundo?

El reconocimiento de mejor foto lo siento en el corazón, pero lo que más me llena es la llegada de la gente, de cómo mi foto puede llegar a cambiar un cambio de hábito, un apoyo a ciertas peticiones, hasta cambios de proyectos. Me siguen muchas madres, padres, abuelas, niños, que le muestran los contenidos a sus hijos de manera más educativa. Y muchos chicos le muestran los contenidos a sus padres. Cuando yo estaba en la escuela no sabía qué estudiar, esto puede ser un incentivo. Por un lado, la gente se siente identificada. Por otro, los chicos me dicen “quiero estudiar esto”, “quiero ir por ahí” y tienen alguien tangible en quién apoyarse. Cuando yo empecé mis papás no entendían mucho de qué se trataba pero siempre me apoyaron. A veces, cuando querés estudiar algo y se necesita algo más de apoyo. Y ser ese apoyo para chicos y adolescentes me llena.

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