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Preguntas que inspiran al cambio

Abrimos las puertas de nuestro proceso de cambio para inspirarnos a seguir en la búsqueda de ser todavía más nosotras mismas y ayudarte a rediseñar tu vida




"Mirar lo bueno, desafiar lo que no funciona", suele decirnos Inés Dates, nuestra psico, en las reuniones-sesiones que disparan las notas de tapa de calidad de vida. Hace ya siete años que venimos haciendo eso, integrar, relativizar, mirar el vaso medio lleno, pero al mismo tiempo estando atentas a lo que nos cuesta. Nuestros grandes interrogantes fueron: ¿por qué cambiar?, ¿es necesario rediseñarnos?, ¿cómo cambiar? Hace más de un año que estamos con estas preguntas en la cabeza. Ahora, el cambio cuesta. Sin duda, es salir de nuestra zona de confort, donde ya se activó el piloto automático, todo marcha, no hay señales de peligro. Sin embargo, no nos termina de quedar cómoda nuestra comodidad. Entonces, dos voces se debatían previo al cambio: ¿para qué hacerlo? vs. ¡¿cómo no hacerlo?!
En este aniversario, queremos contarte cuál es el botón que activó nuestro proceso de cambio para inspirarte a vos también a salirte de la inercia e ir tras tus sueños, a no dormirte en tus logros y tomar acción cuando sentís que algo ya no funciona para vos.

Cómo empezó / cómo empezar

Nada es por casualidad, y nos gusta encontrar esas señales que confirman la intuición, incluso lo obvio. Hay veces que tenemos carteles de neón que nos dicen: "Movete", e igual nos quedamos mirando el volante sin ninguna reacción. Pero la información está ahí, simplemente no la vemos. Cumplir siete años fue un número que nos despabiló, veníamos de pensarnos durante este año más a fondo, reconociendo y poniéndole nombre a lo ya hecho; eso nos despertó la necesidad de ir por algo más maduro y profundo y comenzamos a ajustar cosas en ese sentido, pero no nos era suficiente. En la crianza, los siete años son la edad de la razón, y con esa señal salimos a repensarnos.
Si te fijás, en la vida cambiamos por dos razones:
- No nos queda otra: cuántas veces empezaste terapia porque te dejó un novio, o decidiste moderarte con la comida cuando realmente te sentiste mal con tu cuerpo, o arrancaste a cuidarte después de enfermarte. Los motores se activan cuando tocamos fondo, e incluso desoímos esas alarmas previas que nos dicen "mirá que ya estás a dos metros de profundidad", "seguís bajando...", "estás por tocar fondo", y encallamos. Una se da cuenta de los problemas cuando puede, porque, en general, nuestro patrón es que cuando algo nos molesta, esperamos a que pase. Ahora, si no pasa, recién en esa instancia nos despabilamos, como si para volver a la superficie necesitáramos ese choque contra el piso que nos impulsa nuevamente hacia arriba.
- Queremos mejorar: cuando una está bien y decide cambiar, es porque quiere "redondearse" para arriba. En momentos de lucidez y de saber qué es lo que queremos, podemos cambiar no desde la carencia, sino desde la abundancia: "Estoy bien, quiero estar mejor". Celebrando lo que una tiene y, a la vez, viendo qué es aquello que sentimos que falta, ¡sin látigos!, sino con el entusiasmo que implica embarcarse en una nueva aventura.
Nosotras elegimos la segunda opción y sabíamos que contábamos con la energía necesaria para llevar un rediseño a cabo (¡aunque terminamos agotadas!), porque hay que tenerlo en cuenta: cambiar cansa; y a la vez, teníamos la fuerza de un gran equipo, había un sostén.

¿Con quiénes contás?

En cualquier cambio, las cosas son más fáciles si se hacen en conjunto, si pedimos ayuda, porque varias miradas encuentran más verdades que una sola con sus propias limitaciones. Nosotras entendimos el cambio horizontalmente, todo el equipo participó, fuimos a buscar ohlaleras que opinaran sobre cómo veían la revista, armamos mesas de mujeres inspiradoras para debatir la transformación femenina de los últimos años, pedimos asesoramiento a personas de nuestra confianza, pero, por sobre todo: confiamos en nuestras entrañas.
¿Quiénes son tus aliados transformadores?

¿Cuáles son tus logros de back up?

Para sacar nuestra osadía, a veces conviene hacer un repaso de otros cambios que fueron exitosos en nuestra vida. En el caso de OHLALÁ!, con siete años de vida, tuvimos alguna limpieza de cara hace cinco años y también nos probamos en pequeños ajustes número a número, y la conclusión que sacamos fue que esta vez el cambio se tenía que notar, lo teníamos que sentir. De alguna manera, "nos lo pedía el cuerpo" y, aunque era más vertiginoso, no había vuelta atrás.
¿Cuáles fueron tus rediseños anteriores?, ¿cómo te fue?, ¿qué capitalizaste?

¿Por qué cambiar?

Esta fue la gran pregunta, porque si todo estaba OK, ¿por qué exponernos a que un cambio "arruinara" lo que habíamos construido hasta ahora, lo que éramos? Tere Elizalde, nuestra directora, sabía que "justamente por eso hay que cambiar, porque todavía anda bien; a veces, si te dejás estar, entonces ahí sí ya puede ser demasiado tarde". Fue así que, para activar el cambio, nos sirvió concentrarnos más en las virtudes del proceso que en los riesgos posibles.
- Te vivifica: después de un tiempo con una rutina de vida, hay cierto estancamiento, una deja de tomar decisiones, ya no elegís más y el circuito funciona solo. En cambio, con un rediseño trascendés tus límites. Es increíble, pero una tiene un margen de movimiento bastante acotado a pesar de las múltiples posibilidades que nos rodean, nuestra vida sucede en un radio limitado. Ahora, cuando una rompe su propio paradigma, entonces hay un espacio nuevo que se abre, que se traduce en mayor poder y seguridad. Por eso, cuando estás aburrida, incluso depre, tenés que hacer algo valiente. De pronto, el zamarreo del cambio te saca del piloto automático y te vuelve consciente de que vos seguís manejando la nave. Esto no sucedería si no hubiera un poco de riesgo, y a veces ese riesgo implica estar más expuesta: dejás de pasar desapercibida para ser protagonista. Así que, en pleno proceso, es preferible apagar los sensores de peligro (que siempre están) por un rato. Y te la jugás: un cambio es contundente, no es tan solo sacarle brillo a lo que está.
- Volvés a registrar quién sos: lo dijimos tantas veces con la neurociencia de aliada, el cerebro registra solo lo nuevo y lo peligroso, punto. ¿Qué pasa cuando en tu vida no sucede nada desafiante? Entonces sentís que nada está pasando, aunque, obviamente, no es así. Cientos de situaciones nos suceden, todo el tiempo estamos eligiendo, incluso todo el tiempo estamos cambiando; pero ese movimiento natural no lo percibimos, necesitamos un "cambio tsunami" de vez en cuando. Por eso, en un rediseño dejás la familiarización para ir por lo nuevo, y así te volvés a ver, ponés atención en lo que querés, te plantás en tus deseos y accionás para lograrlos.
- Crecés: el área de "lo hago de taquito" está buena muchas veces, sobre todo cuando necesitás recuperar energía, cuando te sentís débil para enfrentar cualquier remodelación. Sin embargo, en el momento en que esa área se vuelve chica, no te queda otra que intentar meter el gol. Cuando te movés de un lugar de comodidad, encontrás nuevos horizontes que descubren nuevas habilidades. En esa búsqueda de lo desconocido es donde se dan nuestros grandes aprendizajes, nuestros saltos cuánticos de crecimiento.
¿Cuál es tu propio motivo de cambio?

Valorar lo que tenés

Cualquier reconstrucción necesita bases firmes, y en cualquier cambio –más que nunca– una debe integrar lo que funciona y le gusta con lo que siente que ya no va. A veces, una quiere cambiar espasmódicamente, como si nos agarrara un ataque de hartazgo impulsivo y quisiéramos tirar todo por la borda, pero cuando dejamos que pase el maremoto emocional, nos damos cuenta de que "la base está". Esto no significa que no haya cosas que realmente queremos sacar de cuajo, pero siguen estando tus valores, eso no se rediseña. En una primera etapa, tuvimos esa sensación desesperante de que toda OHLALÁ! nos picaba, bien "comezón del séptimo año", casi como si quisiéramos fundar una nueva revista. Hasta que, en un momento, empezamos a decir: "Pará, que hay mil cosas positivas que nos encantan". Incluso la balanza se empezó a inclinar más para lo que no había que cambiar. Y entonces volvimos a dudar: ¿cambiamos? Esa búsqueda de encontrar lo que ya no funcionaba nos obligó a mirar más en profundidad lo que sentíamos un hallazgo, lo que andaba sobre ruedas, incluso lo que ya estaba y de tan bueno debíamos potenciar. Así nos volvió a subir la autoestima editorial, y eso fue muy poderoso, porque ahora no íbamos a cambiar con la sensación inicial de "¡estamos haciendo todo mal!", sino desde la convicción de hacerlo porque podíamos, porque ser capaces de reconocer nuestras debilidades, aunque a veces puede ser perturbador, nos fortalece y gracias a eso seguimos creciendo. Una clave que nos sirvió fue ver "lo malo" con el látigo guardado y premiándonos por lo que sí estábamos haciendo bien. Desde ese equilibrio entre lo nuevo y lo viejo, fuimos encontrando quiénes éramos hoy, quién era OHLALÁ! en 2015, nos permitimos ser cada vez más genuinas.
¿Cuáles son tus fortalezas?

Los obstáculos

Cuando empezás a cambiar surgen las resistencias, las propias ("¿estaré haciendo bien?", "¿por qué mejor no me quedo en el molde?", "¿para qué cambiar si así estamos bien?") y, por supuesto, las externas, que es una versión magnificada de lo que nos pasa adentro. A veces, cuando cambiamos, no tomamos mucho en cuenta que la gente que nos rodea va a tener que acomodarse a nuestro cambio, y eso puede hacerse de muchas maneras, pero siempre implica estrés. Es como si el otro sintiera: "no cambies mucho, porque mi sentido de quién soy yo se apoya en quién sos vos", porque somos seres sociales, nos construimos el uno con el otro. Quizá te haya pasado que quisiste empezar a estudiar algo que te demandaría muchas más horas fuera de tu casa y tu pareja no te apoyara; o que te hiciste vegetariana y tu familia te lo cuestionaba en cada comida; es que tu transformación impacta en la de ellos, todo el sistema se modifica. Y una se pregunta: ¡¿por qué no hago lo que quiero, por qué le doy tanto valor a lo que opina el otro?! Porque el otro confirma nuestro valor, siempre necesitamos nuestros testigos de vida. También funciona a la inversa, cuando alguien te dice "¡me copa tu corte de pelo!" o "¡qué bueno que cambies de trabajo, te lo merecés", algo se consolida en tu interior. En nuestra evolución de rediseño fueron clave quienes criticaron, pero también quienes celebraron y apoyaron ese movimiento.
Está bueno reconocer el impacto de los otros sobre nosotras, para ser más realistas y compasivas con nosotras mismas y con los otros, a todos nos lleva un tiempo acomodarnos. Así, quizá podamos lograr la sutil combinación entre desafío y reaseguro que despiertan las miradas ajenas.
Es tranquilizante e inquietante saber que el rediseño continúa, que no hay cambio cerrado. De alguna manera, todas ansiamos la seguridad estática, pero si la lográramos, no habría motivación. La vida es un constante cambio y la clave es tener la fuerza para armar un nuevo proyecto y la humildad para bancarse el diálogo no solo con quienes nos rodean, sino también con nuestras estructuras. Cada una de nosotras crece por su capacidad de flexibilidad, cambiamos para seguir cambiando, y en ese encuentro con la realidad tomamos los "obstáculos" externos como disparadores de nuevos ajustes o de autoafirmación.
¿Qué rescatás de la influencia de tu entorno?

Accionar

Ya está, el cambio está en tus manos. Lo hicimos, porque una buena idea es aquella que se implementa, nada tiene sentido si nos quedamos en la filosofía del cambio pero nos taramos en la ejecución, si nos detenemos en la inacción, en el deseo de querer mejorar sin alterar la realidad. Para nosotras, OHLALÁ! es acción y esa acción se demuestra a través del movimiento, del ir hacia adelante.
Y sí sentimos el vértigo, la adrenalina a pleno, queremos que les guste, sabemos que no siempre les gustamos a todas y reivindicamos que el diálogo se abre más que nunca. Para nosotras tiene un sentido, sentirnos vivas, repactar con esta comunidad de mujeres nuestros sueños de revista, de diálogo constante, pero también de nosotras mismas, de ustedes.
En esa búsqueda decidimos un día, en pleno proceso racional, tirarnos el tarot, sumergirnos también en el mundo de lo desconocido, y le preguntamos al mazo cuál era la misión de OHLALÁ!, cuál era el sentido de este esfuerzo, de este encuentro a diario que tenemos con ustedes: "Ser instrumento, bajar la sabiduría del Universo", nos dijo Dalia Walker, nuestra tarotista, y colaboradora de la revista, mientras se nos ponía la piel de gallina.
Y entonces, cobraron sentido no solo las horas extra de este viaje, sino ese norte que nos inspira desde hace siete años: que las mujeres buenas seamos todavía más fuertes.
¿Qué aspectos de tu vida rediseñarías? ¿Cómo enfrentás los cambios? Te contamos más sobre el rediseño de la revista y la nueva tapa .

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