Lo llevaba escrito en la sangre, casi como un destino imposible de evitar que se mezclaba en cada uno de los proyectos que emprendía. Adriana Olaza (30)
siempre tuvo un particular interés por los animales pero sentía una especial atracción por los gatos. Y lo dejaba plasmado en las ilustraciones que brotaban en el papel que dibujaba cada vez que volvía de cumplir con sus obligaciones laborales. Incluso, a veces, distraída, garabateaba gatitos en situaciones cómicas mientras estudiaba. “Siempre me gustaron los animales y de adulta pude ayudarlos transitándolos en casa, donando alimento a diferentes organizaciones o dinero cuando no podía colaborar de otra forma. Además, me había comprometido con difundir mensajes sobre la adopción responsable en forma de ilustraciones que hacía en mi tiempo libre”, cuenta la uruguaya que se recibió de protesista dental.
Y fue un viaje de placer por Europa que le prendió la lamparita para darle forma a aquello que venía gestando en su interior. Luego de recorrer Londres, Irlanda, Francia y Barcelona junto a su pareja se preguntó ¿por qué no? Es que en esos países
los cafés para gatos –donde, además de comer algo rico y disfrutar de un cafecito mientras hacés una pausa en tu día, podés jugar y compartir tu tiempo con gatitos rescatados que están en adopción- ya son una tendencia que está fuertemente instalada y que propone un espacio diferente para ayudar a una buena causa.
La tradicional Avenida Gorlero en Punta del Este fue donde Adriana puso el ojo. Bancos, casas de cambio, casinos, cines, teatros, comercios de variedades, galerías de arte, restaurantes, pubs, pizzerías, entre otros comercios forman parte de los locales que podés visitar cuando vas a ese lugar. Y ahora su plan era sumar un café para gatos que fusionara arte, café y gatitos en adopción. Fueron muchos los pasos que tuvo que dar y los obstáculos que necesitó sortear para poder ver su sueño hecho realidad. "Nos costó muchísimo. Tuve infinidad de reuniones con la Intendencia de Maldonado y juntos pudimos definir el tema que más les preocupaba, que era el de la higiene del lugar. Combinar animales y alimentos en un mismo espacio requiere cumplir una serie de normas de salud pública y bromatología muy estrictas. Pero trabajamos en equipo y pudimos hacerlo", cuenta.
Una galería de arte en la esquina de la Avenida Gorlero y Juan Díaz de Solís, a la vuelta del puerto de esa ciudad y donde alguna vez había trabajado para sumar un ingreso extra a su sueldo, se convirtió en el lugar que vio nacer a Adrianuzca's Art Cat Café, un café de gatos, con gatos, para gatos. Allí Adriana recibe a gatitos de todas las edades rescatados de la calle por particulares y grupos unidos por los animales. "Nosotros ayudamos de esta forma porque es como pensamos que podemos contribuir. Sabemos que los refugios están muy saturados, que la gente que los atiende y ayuda a los animales en distintas organizaciones está desbordada, por lo que creemos que este emprendimiento sirve para darles una mano a ellos", aclara.
Hoy, el staff de felinos está conformado por doce cachorros y siete adultos. "Todos cumplen un proceso antes de ingresar al sector donde el cliente los visita: los revisa un veterinario, reciben antiparasitario y tratamiento anti-pulgas, se les hacen exámenes de enfermedades virales (como VIF y leucemia) y se vacuna y castra a los adultos. Luego pasan una cuarentena y, cuando ya están óptimos, rotan en el espacio del café para que cada día de la semana tengan la oportunidad de conocer a su próxima familia", explica.
Todos los días, antes de la apertura, el lugar se limpia por completo y durante una hora con productos no tóxicos que maten bacterias, virus y cualquier agente que pudiera enfermar a los animales. Pero para los visitantes tambián hay algunas reglas que se deben cumplir: usar alcohol en gel al entrar y al salir del lugar, mantener la puerta cerrada, no molestar a los felinos mientras duermen, no alimentarlos con "comida humana", ni permitir que los chicos griten, corran o hagan movimientos bruscos.
En la primera temporada del local ya se adoptaron ocho gatos y hay otros dos en proceso de vivir con su nueva familia. ¿Quiénes son posibles candidatos? Definitivamente los locales. "Queremos que el público uruguayo sea el que más contacto tenga porque es el que puede quedarse con el animal. Podemos ayudar al extranjero a hacerlo pero en sus ciudades, porque nosotros cuando damos en adopción a uno de los animales le hacemos un seguimiento. No es cuestión de venir adoptar y perder para siempre el contacto del gato", explica. Según Adriana, la respuesta de la gente al proyecto fue mucho mejor que la que esperaban gracias a los curiosos que entran, se sorprenden y dejan llevar por la propuesta y luego corren la voz para que muchos más aporten su granito de arena. Porque claro está: con el café que tomás colaborás a reunir fondos para que Adriana y muchos voluntarios más sigan ayudando a los animales en situación de calle.