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¿Qué significa amar y por qué decimos que es cosa de valientes?

Exploramos qué es el amor y analizamos qué es necesario para crear este tipo de vínculo


Amar es cosa de valientes: ¿estás lista?

Amar es cosa de valientes: ¿estás lista? - Créditos: Getty Images



Amar es ir a ciegas, el corazón despega, mientras todo arde”. Eso es lo que canta nuestro hombre de tapa, Jorge Drexler, en su canción “La guerrilla de la concordia”. Unos versos más adelante, dice que “Odiar es mucho más sencillo. El odio es el lazarillo de los cobardes”. Pero muchas veces, la figura con la que solemos asociar la valentía es un superhéroe, o la Mujer Maravilla. Parecería ser que los que son valientes son los que no temen salir heridos. En realidad, al pensar en nuestros actos de valentía cotidiana, lo que solemos sentir un segundo antes de efectivamente actuar no es nada más ni nada menos que miedo, vértigo, confianza, adrenalina, incertidumbre. Y muchas veces, ¡todo eso mezclado y al mismo tiempo!
Emociones asociadas a la vulnerabilidad, a esa instancia en la que nos desnudamos frente a un universo infinito de posibilidades, pero sin garantías de cuál será el resultado. Y nos sentimos al borde de un abismo, de un trampolín altísimo, de un precipicio. Esto nos pasa en muchas situaciones de la vida: cuando mostramos una creación propia, cuando empezamos un trabajo o proyecto nuevo, cuando le decimos a una amiga que nos duele lo que está haciendo, cuando intentamos una vez más quedar embarazadas, cuando le decimos a alguien que nos gusta de verdad, cuando buscamos hacer algo distinto para que el mundo sea un lugar mejor para habitar. Y aun así, sabemos que sufrir será parte del trato, pero, incluso a sabiendas de que no va a ser fácil, decidimos amar igual. Y entregarnos a esa energía que está presente al momento de soltar el control y aventurarnos a lo desconocido en pos de vibrar en ese espacio calentito, y también vertiginoso. Amor por lo que hacemos, amor por un otro, amor por una misma, amor por un lugar. ¿Qué estás amando hoy? ¿Y qué valentía te propone?

Amar es energía

Hoy ya no hace falta recurrir a bibliografía para sustentar la idea de que somos energía. Sabemos que el universo es energía. La física cuántica ha demostrado que la materia es energía vibrando más lentamente, de manera que nuestros sentidos pueden percibirla: materia y energía son variaciones de lo mismo. Según numerosas tradiciones espirituales, el amor es la energía que crea, construye y sostiene el universo. Algunos sostienen que esa, la del amor, es la fuerza que mantiene la cohesión de átomos, moléculas, y así hasta constituir a los seres vivos. ¿Y qué es el amor? Hay muchas interpretaciones. Y lo podemos pensar desde el punto de vista humano, social, espiritual, incluso biológico.
Un gran pensador contemporáneo, Humberto Maturana, sostiene que el amor ha sido la condición esencial para que los seres humanos pudiéramos sobrevivir y evolucionar desde tiempos prehistóricos. Maturana sostiene que, desde nuestra biología misma, seguimos siendo animales dependientes del amor: sin amor, nuestros organismos se alteran, perdemos defensas, nos enfermamos. Las caricias y los abrazos mitigan el dolor. El maltrato, la violencia, los golpes, la humillación, la indiferencia, nos enferman. El 99% de nuestro sufrimiento proviene de fallas en el amor.
Un gran pensador contemporáneo, Humberto Maturana, sostiene que el amor ha sido la condición esencial para que los seres humanos pudiéramos sobrevivir y evolucionar desde tiempos prehistóricos
El amor no es solo un sentir, como nos cuenta el mito del amor romántico. El amor implica el cuerpo y conjuga creencias, ideas, emociones y acciones. Sabemos hoy que los pensamientos y las emociones también son energía. Energía que puede revitalizarnos o debilitarnos si falta o es inarmónica, si está más del lado del miedo o el odio que del amor. También es accionar de determinada manera, siempre sobre la base de que el ser amado esté mejor y sea más feliz. Sin perder dignidad ni integridad, sin perdernos. Sin dejar de ser. El amor siempre desea el bienestar del otro y actúa en consecuencia. Un amor sin acciones no es amor. Entonces requiere energía para hacer por el otro además de hacer por una misma, y sin dejar de hacer por una misma. Energía y tiempo. Y se trata de una energía muy especial, ya que generalmente aumenta a medida que se usa.

El acuerdo del amor valiente

Esta es la letra chica del contrato. Si vas a elegir saltar y entregarte vulnerablemente al amor, también vas a tener que aceptar que:
  1. 1

    Todo cambia. Somos una especie en constante evolución. La experiencia nos enseña y al aprender abrazamos nuevos estados de conciencia. Somos capaces de cambiar de opinión, transformarnos, vivir mil vidas en una sola. Y si bien esto suena motivante, es preciso que aceptes que vas a tener que bailar con los cambios.
  2. 2

    Nuestra libertad termina donde empieza la del otro. No hay control sobre procesos que sean ajenos a los nuestros. Solo podemos gestionar lo que está dentro de nuestro campo de acción. Amar es también soltar el control.
  3. 3

    Vas a sufrir. Leelo otra vez. Vas a sufrir. No estamos diciendo que quizá sufras. Vas a sufrir. Porque cuando algo o alguien te importa –dado que no tenés control sobre sus procesos–, eso garantiza que vas a sentir miedo, incertidumbre, riesgo y exposición emocional. Y si podés aceptar que de eso también se trata amar, porque sin eso no tendría valor, entonces:
  4. 4

    Vas a sentir la plenitud. Lo genuino, lo que vale. Vas emocionarte de todos los colores. Te vas a sentir viva. ¿Te bancás aceptar la plenitud? ¿Incluso atravesando tus propios tabúes?
  5. 5

    No todo es a tu ritmo. Cuando amamos, respetamos la melodía de aquello que amamos. Esto no significa que bailaremos al ritmo del otro, sino que existe un proceso que tendremos que atravesar de encontrar una música compartida, una velocidad que sea acompasar el ritmo que propone el otro y dejarnos acompasar con el propio. Cuando andamos de a dos, hay tres formas de caminar: la propia, la del otro y la que diseñamos juntos.
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