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Venus y Mercurio retrogradan: ¿cómo nos puede impactar en las emociones?

Aye Romano nos recuerda que estamos en pleno Venus retrógrado y a esto se le sumó Mercurio en ese mismo estado de retrogradación, hasta mediados de septiembre.


Venus y Mercurio retrogradan: permitite un tiempo de silencio y reflexión.

Venus y Mercurio retrogradan: permitite un tiempo de silencio y reflexión. - Créditos: Getty



Hace un tiempo leí una encuesta en redes sociales que decía: “¿ya diste el año por perdido?” Con un montón de opciones y comentarios debajo, más que nada respecto a cómo ya nada podía llegar a salir bien de este año, ya que le quedan “pocos meses”. Entonces me quedé pensando: ¿el tiempo que resta está realmente perdido? No estoy cuestionando ni poniendo en duda a la persona que así lo siente (porque yo también en muchas ocasiones me siento de esa manera), pero ¿no sería momento de preguntarnos si -el hecho de que las cosas no salieron como las planificamos- significan que entonces está todo cancelado y nada más vale la pena, no quedan intentos? ¿Por qué tiene que ser tan así, tan blanco y negro? ¿tenemos que ser tan obligatoriamente productivos ante los ojos del mundo?

Quiero ilustrar el punto al que quiero llegar con una historia personal: tengo ataques de pánico desde que soy chica. En dos etapas de mi vida fueron con agorafobia, al nivel de no poder ver por meses a nadie. Estuve muchos períodos de tiempo sin querer hablar siquiera, sin WhatsApp, haciendo vacío de mi tiempo, porque además sucedían otras cosas que no estaban para nada buenas. Durante un largo rato mi vida sólo fue como sentarme frente a una hoja de Word y ver simplemente el cursor titilando, sin nada para escribir, para decir o para contar. La nada misma. En ese punto tuve que dejar la carrera, no podía salir a trabajar, me sentía sola e inútil. Después de un tiempo empecé terapia y un proceso de años en el que cerré partes de mi que ya no me servían, abrí nuevos lugares también dentro mío. 

Me armé una nueva ciudad en el mundo Ayelén. Habitantes: 1, multitudes: miles. Pasó el tiempo y me enamoré de la astrología, algo que rechazaba, que no me parecía suficiente, quería cancelarlo porque yo esperaba otra cosa de la vida. ¿No tener un título? ¿No trabajar en una oficina? Imposible. Pero pasó y en esta estamos, que andá a saber hasta cuándo va a durar, o adónde me va a dejar. ¿Todo lo que viví antes de eso dejó de existir? No, no creo. Es parte de mi historia. Pero si yo no hacía ese freno obligatorio, esto jamás hubiera sucedido. No tendría las amigas que tengo, ni este oficio, no me querría de una forma que antes no ocurría. A muchas personas les pasó lo mismo durante la cuarentena y la pandemia: se dieron cuenta de que estaban haciendo actividades que en verdad no les gustaban tanto, o sostenían relaciones solo por mantenerse en ellas, pero no por gusto o por verdadero deseo. Sin el freno puesto sobre el día a día y una cuarentena, jamás se hubieran dado cuenta. 

El pasado no es tiempo perdido tampoco, porque todo fue un camino que me está dejando acá. Y, si seguía por otro lado, seguramente tendría otros motivos para ser feliz, pero por algo no se dio de esa manera. No me creo mejor o peor, esto no fue una carrera hacia ser una mejor persona, sino a entender que hay cosas con las que me estaba haciendo daño y no me quedó otra que darles un cierre. Pero me sigo preguntando: todo ese tiempo que me quedé frenada ¿no existió? ¿para qué estuvo?

No todo lo que deja de ser exactamente como querés es malo obligatoriamente, y esto es algo que me estoy diciendo a mí misma también. A veces, me olvido de dónde vengo o todos los líos que pude superar, los errores de los que aprendí y que me ayudaron a cambiar esa manera de ser. Y ahí es cuando más intento controlar cosas que en verdad se escapan de mi poder, cuando ya debería saber que tengo que confiar un poco más. No en el futuro o en que todo va a mejorar mágicamente, sino en que voy a poder con lo que se presente. Aprender a confiar en que los tiempos que me frenan eran necesarios para pararme a escuchar o mirarme un poco mejor, a entender qué es lo que valoro en serio. A estar enojada y frustrada también, para darles lugar a esos miedos y permitirles que pasen, porque soy humana y la oscuridad es parte de mi identidad, y así saber distinguir dónde está la luz. Y porque todo lo que pasa ahora, lo que siento que no tengo, que se fue, que me falta o que nunca llega, por algún motivo en este momento me está tocando. Estando muy cerca de una situación no la puedo ver con claridad, pero cuando pasa el tiempo si. La distancia y el tiempo aclaran las percepciones.

No quiero decir con esto que la vida es un camino increíble y todo va a estar bien, no podemos olvidarnos que a veces podemos ver con demasiada crudeza que el mundo alrededor nuestro se cae a pedazos de muchas maneras. Pero lo que sí quiero decir es que tal vez sea momento de ser un poco menos duros con nosotros mismos. Que no hay obligación en estar disponible todo el día, en hablar todo el tiempo, en mantener un vínculo por compromiso, en ser productivo. No tenés la obligación de mudarte como pensabas a principio de año o de recibirte a fin de año sólo para ponerte una fecha obligatoria de vencimiento que distingue entre éxito o fracaso. Si algo estoy entendiendo ahora, es que no tengo la obligación de tener logros para saberme humana y viva. En lo que tu cuerpo o tu cabeza sienten ¿por qué no te escuchás? Por ahí es mejor darse una oportunidad.

El miedo, la angustia y el enojo van a seguir, pero si no les damos el espacio para que hagan su camino y se vayan sólo van a terminar generando el mismo efecto que una olla a presión. Y lo que se fue va a doler, pero yo no sé qué me espera cuando doy la vuelta a la esquina. ¿Será mejor? ¿Peor? Imposible de predecir. De algo estoy muy segura, y esto si te lo firmo: lo que llegue, lo voy a experimentar igual, me va a pasar de todas maneras. Sólo cuento con mis ganas de seguir estando viva, con una cabeza que me hace reflexionar y un corazón que me permite sentir. Eso es todo lo que tenemos.

Darse algo que uno necesita es sanador, y digo esto porque estamos entrando en un proceso de varias semanas en las que estoy segura que varios vamos a sentirnos así, dado que estamos en pleno Venus retrógrado y a esto se le sumó Mercurio en ese mismo estado de retrogradación, hasta mediados de septiembre. Con esto se vive la sensación de vacío, las ganas de no hablar, de sentir más conexión con páginas del pasado que ya ocurrieron hace mucho, la enorme frustración. No es para menos. A veces, podemos sentir que seguimos escribiendo páginas de historias que ya hace largo rato se terminaron. Pero vamos a darnos una oportunidad, la chance de sentir lo que venga, a lo que puede llegar a tener un sentido.

Es cuestión de chequearnos de vez en cuando, saber cómo viene la mano, no nos olvidemos de nosotros mismos, de darnos lo que sea necesario para sentirnos un poquito mejor. Aunque eso sea simplemente brindarse un tiempo de silencio para descansar o reflexionar. El tiempo en pausa no es una pérdida, es la oportunidad de ver mejor. Te invito a que busques sentirte mejor con vos mismo, con lo que hacés en este momento, sea poco o mucho, algo que vaya más allá de lo utilitario. Que sea vivir porque tenés ganas, y no por obligación. 

Por @__venusandmars 

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