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Quedarse sin voz: ¿qué hay detrás del trastorno que aumentó en pandemia?

Nudo en la garganta, carraspeo, tos o picazón. ¿Qué esconden los síntomas que a veces pasamos por alto y quiénes son mas propensos a padecerlos?


Quedarse sin voz, un malestar que aumentó durante la pandemia

Quedarse sin voz, un malestar que aumentó durante la pandemia - Créditos: Freepik.es



Tanto las emociones positivas como las negativas se manifiestan en ella. Pero también en todo nuestro cuerpo. ¿Su consecuencia? Alteran y desregulan nuestro estado habitual. Haciendo referencia al tema que hoy nos interesa, y que es la pérdida de la voz, ya Lope de Vega, el poeta y dramaturgo madrileño había sentenciado: “Mal puede tener la voz tranquila quien tiene el corazón temblando”.

Un exceso de tensión corporal, situaciones desagradables o de estrés que permanecen en el tiempo, estados emocionales alterados e intensos, incertidumbre, miedo y ansiedad, desbordan la capacidad y los recursos que cada persona tiene para hacer frente a estos momentos. Y eso nos produce cambios en todo nuestro ser físico y mental, potenciados claramente por la pandemia que nos atraviesa a todos y que produce un estrés psicosocial. Nuestra voz, que es el “espejo del alma”, no ha sido indemne a semejantes cambios.

En ese sentido, no es casual que en el último tiempo hayan aumentado las consultas por disfonía, es decir la pérdida parcial de la voz, pero también por la afonía o, en otras palabras, la pérdida total de la voz. Los especialistas coincidimos en afirmar que hoy es común ver en la consulta disfonías funcionales sin alteración estructural laríngea y que tienen que ver con las alteraciones producidas por un uso inadecuado de la musculatura laríngea, lo que altera el comportamiento vocal. La mayoría son consecuencia de uso o abuso vocal; son bastante frecuentes, y llevan consigo la carga psicológica, el estrés, las emociones y los conflictos que todos estamos atravesando en mayor o menor intensidad.

Síntomas y cuidados

Tanto la disfonía como la afonía son frecuentes en ambos sexos, aunque algunos autores describen que antiguamente era más común en las mujeres, y se les decía disfonías histéricas (histerum, útero). Hay disfonías que no se pueden prevenir o anticiparse, como las psicógenas. Pero hay otras en las que el cuerpo se manifiesta y debemos estar atentos a los síntomas: sensación de opresión laríngea, nudo en la garganta, carraspeo, tos frecuente, irritación, picazón frecuente o dolor en la garganta, voz soplada, voz descendida más grave, cambios en la calidad de la voz al inicio o final del día. Si la disfonía supera más de 10 días se debe consultar con un otorrino especializado en laringe.

Para atenuar estos síntomas lo más importantes es:

  • hidratarnos,

  • hablar en un tono conversacional óptimo,

  • utilizar buenos retornos y acercarnos a la fuente,

  • no gritar, realizar vahos o vapor,

  • por cada hora que usamos la voz nos conviene hacer 10 minutos de reposo vocal, bostezar y movilizar el cuello,

  • hablar más lento y con articulación exagerada,

  • cuidar las posturas, tratar de estar alineados tanto parados como sentados.

Algo que ayuda en todos los tratamientos es la respiración, la relajación y la meditación, y poder centrarnos en una cosa por vez. Y es fundamental la consulta con profesionales: laringólogos y terapeutas de la voz al tener síntomas en el deterioro del comportamiento vocal.

Sensibles y tensos, atención

Las personalidades que padecen de disfonía/afonía son las que abusan de su voz, las que suelen mostrarse muy tensas, que hablan por fuera de su tono óptimo (por debajo o por encima), son muy sensibles, gritonas. Pero también aquellos que son muy educados, que se guardan cosas o no se animan a decir lo que tienen que decir. No hay una personalidad única que lo padezca, pero sí son más propensos los de poca paciencia, los hipersensibles, los charletas, los gritones y los que son muy emocionales y emotivos.

Las cuerdas vocales son músculos y como tal merecen reposo vocal, es muy importante saber que perder la voz es una discapacidad; y el que pierde la voz se pierde a sí mismo. Muchas de las cuestiones que nos suceden hoy tienen que ver con que las cargas que uno soporta son superiores a las resistencias personales. Esto lleva a que nos estresemos, que perdamos la paciencia y la voz y dejemos de habitar el cuerpo y entonces nos desregulamos. Las personas en general no se alteran por los hechos sino por lo que piensan acerca de lo que ocurre.

* Mercedes Bassi es Lic. En Fonoaudiología (MN 7725). Terapeuta de la Voz. Especialista en Prevención de la Fatiga Vocal y aumento de la Resistencia de la voz. Posgrado en PNIE. IG: @mercedes_bassi / www.mercedesbassi.com

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