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El fenómeno @holaestapablo: ¿quién es el influencer cordobés que cuenta con humor la crisis de los 30?

Pablo Albella es publicista y creador de contenido, y se hizo conocido por viralizar la crisis treintañera en tono de humor, porque se define como un “positivo tóxico”. Conocé a @holaestapablo.




Pablo Albella vive en Unquillo, en el campo cordobés, adonde se mudó junto con su novio unos meses antes de que arrancara la pandemia y desde donde terminó de crear la identidad y la génesis de @holaestapablo, su plataforma de humor de contenido +30. Por eso, su casa suele ser el escenario de situaciones cotidianas para reels que se hacen virales, que nos identifican a todos, incluso los que ya dejamos los treinta atrás. Su observación tan asertiva la entrenó como publicista, por eso es un experto en hacer “chivos” que mantienen la atención y también desafían al algoritmo.

Para esta segunda mitad de año, prefirió no quedarse en la zona de confort y se anima a un unipersonal para la temporada de Carlos Paz y a publicar su primer libro de ilustraciones, porque entiende que en la vida no hay que quedarse con las ganas.  

¿Cumpliste 30 y dijiste: “Me voy a vivir a la naturaleza”?
Se dio. Yo trabajaba en Córdoba capital y mi novio en La Cumbre. Entonces dijimos: “Bueno, buscamos un punto medio donde los dos podamos ir cada uno para su lado”. Entonces terminamos ahí, en Unquillo. La cosa es que con la pandemia empezamos a hacer home office, así que estamos los dos en el campo, en la nada, con los perros, no hay ni un quiosco cerca, no hay absolutamente nada. 

¿Y no extrañás la ciudad?
El delivery, extraño. No llega ahí. ¡Porque pensar qué hacer de comer tantas veces...! Los lomitos sí llegan, pero solo los miércoles y los viernes, nada más. Ustedes acá no tienen lomitos, no entiendo cómo todavía no vino una marca. Además, hay que stockearse con tres harinas, tres sodas, porque te olvidás una mayonesa y listo... Pero me gusta, lo disfruto. Me encanta salir a caminar; muy de vieja, esto.

Ya es +60 lo tuyo...
¡Te juro!, Disfruto de salir a caminar, salir a tomar mates, poder tener un patio, jugar con los perros. Cuando vivíamos en Córdoba, vivíamos en un departamento que no tenía ventanas. Tenía una sola ventana grande que daba a un pasillo interno. Y la casa de ahora es todo ventanal, como que nos sacamos las ganas de ver. Entonces estás así, mirando el cielo, los pajaritos...

“Los 30 es un momento de ir corriendo los mandatos, las experiencias, lo que vimos de nuestros viejos, lo que esperan de nosotros...” 

¿A los 20 ya eras un jodón bárbaro o siempre sentís que fuiste un alma vieja?
Siempre fui de la joda, ¡al día de hoy me encanta! Pero ahora siento como que me cuesta más porque, claramente, la recuperación no es la misma. 

Y además estás lejos...
Sí, aparte eso. Si vas a un lugar y tomaste, te tenés que quedar a dormir, porque no podés manejar. Pero bueno, es como que siempre fui de la joda y ahora también, pero esto se fue como dando. Cumplí los 30 años inaugurando esta casa. Entonces, yo decía: “Voy a hacer una fiesta, voy a invitar gente, vamos a hacer...”, y pandemia. Terminamos los dos solos en el sillón, ahí en el campo, en la nada, con los perros. Ahí empiezo a hablar de los +30, como una catarsis sobre tener la expectativa de todo e ir encontrando lo que no fue. 

¿Los 30 son un momento bisagra para vos?
Sí, pero no malo. Para mí, es un momento en el que creo que te empezás a cuestionar muchas cosas de vos. Creo que la clave es saber si todo lo que vos pensás de vos lo pensaste por vos o porque te dijeron que tenía que ser así. Ese es como el clic más grande. Todo esto que tengo, todo esto que soy, todo lo que quiero, ¿lo quiero, lo tengo, lo soy? ¿Realmente me identifica o es porque me dijeron que tiene que ser así? Ir corriendo los mandatos, las experiencias, lo que vimos de nuestros viejos, lo que esperan de nosotros. 

Igualmente, hay una sincronía con la crisis de los 40, por ejemplo, porque todos tus videos me resuenan...
Sí. Hay gente de 25 para arriba, desde 40 hasta 55, que me dicen: “¿Entonces yo soy +30 también?”. Los de 50, chochos; los de 25, preocupadísimos. Para mí, más allá de que le ponemos el nombre +30, tiene que ver con ser adulto, con lo que nosotros identificamos como la adultez, la madurez, el crecimiento. Por eso creo que genera eso.

¿Sentís que tenés que empezar a buscar otras temáticas o todavía hay mucha tela para cortar?
Sí, me pasa. Es como que me cansa hablar solamente de mí. Entonces hablo de otras cosas que nos pasan a todos. Hablar, por ejemplo, de lo que nos pasa en el trabajo. O grabamos hace poco un video sobre ser copiloto. No tiene que ver con tener 30 años. Pero bueno, también es como algo que nos pasa en esta generación, que ahora vas disfrutando la naturaleza. Antes te dormía en el auto y chau. 

“Trato de buscarle el lado bueno a las cosas y si no lo hay, hay que tomarlas como son”.
 

Sos un positivo serial, ¿sentís que eso te vino de fábrica o fueron los 10 años de terapia que venís haciendo?
Yo digo “positivo tóxico”, pero “positivo serial” me gusta más. Está muy bueno, y a veces no está tan bueno, porque obviamente hay un montón de cosas que está bueno aceptarlas como malas o que dan tristeza. Yo trato siempre de buscar el lado bueno a las cosas y hay veces que no lo hay y hay que tomarlas como son. Pero siempre fui así, como muy para adelante, muy positivo, muy de buscarle la vuelta, la solución. Últimamente, lo estoy charlando mucho con gente y es como que sufren, “¡viniste acá para sufrir, entonces!”, digo. Porque si te va bien, es porque te va bien y no tenés tiempo para nada; si te va mal, es porque te va mal y tenés que hacer algo para que vaya mejor. Entonces, trato de ser positivo, de disfrutar el día a día. 

Para aquellos que pueden estar un poco en crisis hoy, ¿qué sentís que les puede servir? 
Hace dos años, más o menos, falleció mi papá y para mí fue un shock grande, porque te das cuenta de que, de pronto, ¡plum!, no estás más. Entonces: probá eso que te gusta, que por ahí sentís que está bueno, que puede ser un camino lindo, que te divierte. Si no lo probás ahora, ¿cuándo? No te voy a decir que cada cosa que quieras te va a ir bien, o te va a gustar; porque no, no es real. Pero vale la pena probarlo, porque por ahí te va bien y brillaste. Creo que vale la pena intentarlo. No sé si es un consejo para todo el mundo. Pero estoy en esa. ¿Cómo no le voy a buscar la vuelta? Tenés un día bajón, ¡listo!, voy a hacer lo que me gusta: ver tele, comer algo rico, llorar un poco, lo que necesite. 

Hace casi 13 años que estás en pareja, ¿qué te resulta?
Es lo más constante en mi vida, porque el resto siempre fui cambiando, porque me di cuenta de que soy una persona que se aburre rápido de las cosas. Entonces, es como que me sorprende a mí mismo estar desde hace tanto tiempo en pareja. Es como ir descubriendo al otro en el día a día, porque no es fácil crecer con alguien. Las personas cambian, las parejas cambian. Seguir encontrándote con el otro tiene que ver con “bueno, el otro hoy es esto, ¿yo me identifico, quiero, esto o no?”. Y por ahora viene siendo que sí. 

¿El anillo es de casamiento?
No, de compromiso. Pero nos comprometimos a las dos semanas que nos conocimos. 

Les lleva tiempo la organización de la boda…
¡Ni hablar! Y todo el mundo que nos conoce nos dice: “¡¿Y para cuándo se van a casar?!”. La verdad es que es carísimo casarse. Bueno, tenemos otras prioridades, como viajar.

¿Y fue un tema, tu identidad sexual, o fue súper natural?
Fue un tema, en mi familia, porque para mí fue un tema. Yo nunca lo había pensado, nunca me lo había planteado. No sé si está bien lo que voy a decir, pero como que me surgió, me apareció de grande. De hecho, ya había tenido novias. Y cuando lo conocí al Fran, él me dijo: “Che, si es conmigo, es en serio, si no, no”. Me puso ahí los puntos. Yo nunca había 
tenido otro novio antes. 

“Yo pensaba que iba a tener mujer, hijos... y de pronto, no. Y tampoco era lo que quería, me daba cuenta de que eran metas que no eran mías”.

Fue como una conexión de almas...
Sí, re. Y me acompañó en todo este proceso de ir a hablar con mi familia y encontrarme a mí mismo, y con toda una vida que yo no tenía pensada para mí. Yo pensaba que iba a tener mujer, hijos; y de pronto, no. Y tampoco era lo que quería, me daba cuenta de que, en realidad, eran metas que no eran mías. Y ahí empecé: “¿Quién soy, que quiero?”. Me costó un poquito con mi familia, pero bueno, ahora lo quieren más a él que a mí. Lo llaman a él por teléfono o me dicen: “¿Me pasás con el Fran?”.

¿Exponerte es algo re nuevo para vos o ya eras el personaje en la familia desde antes?
Yo soy re tímido. Me pasa que por ahí cuando voy a algún evento o algo con el Franco, mi novio, todo el mundo dice: “¡pero es él el personaje!” Y sí, la verdad es que tienen razón. Él es más extrovertido que yo.

En el verano vas a subirte al escenario en Carlos Paz, ¿habías hecho actuación antes?
Empecé este año, te juro. Empecé antes de un show que armé para el Festival del Chori y el humor. Entonces, dije “necesito un acelerado, ya, rápido, de lo que sea: ¿cómo me paro?, ¿cómo hablo?”. Estoy en ese aprendizaje.

¿Cuál sentís que es tu ADN cordobés?, ¿en qué te sentís muy cordobés?
En la tonada no puedo disimular. Me escucho sobre todo cuando vengo a Buenos Aires y hablo con alguien que no tiene tonada y digo: “¡Soy re cordobés!”. Y después, en la tranquilidad, siento que Córdoba tiene otro ritmo. Además, al ser una ciudad universitaria, con mucha gente joven, vayas a donde vayas –si está solo– te pones a hablar con alguien, por eso hay cierta cosa con la amabilidad y la cercanía. Es muy fácil hacerte amigos en Córdoba. 

Maquilló y peinó Jor Antico. Agradecemos a Cruasán Café, Abaco, Bolivia, Grimoldi y Herencia por su colaboración en esta nota.  

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