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Mansplainning: qué podemos hacer para evitar que los hombres nos expliquen cosas

El humor y la ironía son nuestras armas más poderosas para darle batalla a esta forma de expresión del machismo. Cinco ideas para poner a los explicadores en su lugar


El mansplainning es un micromachismo que antes o después siempre experimentamos las mujeres

El mansplainning es un micromachismo que antes o después siempre experimentamos las mujeres - Créditos: Getty



En la vida cotidiana, convivimos con numerosos micromachismos a los que debemos presentarles batalla. Uno de los más comunes es el mansplainnig o la necesidad patológica del hombre de explicarnos cosas que ya sabemos en un tono condescendiente, infantilizándonos de alguna manera.

Sucede en múltiples ocasiones: en una reunión de trabajo donde nos interrumpen para hacer una aclaración de lo que ya estamos exponiendo; en el auto cuando vamos manejando y nuestra pareja nos da indicaciones a pesar de que somos conductoras desde los 18 años o en una vinería en la que mientras estamos mirando qué llevar aparece un vendedor para sugerirnos que elijamos un rosado porque “a las chicas les encanta”.

El origen del término

Las situaciones pueden sonar hasta graciosas si no fuera por el hecho de que las mujeres estamos siendo minimizadas, anuladas o descartadas. Así describió el término por primera vez la escritora estadounidense Rebecca Solnit cuando en 2008 publicó un ensayo llamado Los hombres me explican cosas –que luego se convirtió en libro- en el que cuenta su propia experiencia y hace una crítica mordaz de este comportamiento masculino, a menudo inconsciente, que nos silencia y nos menosprecia.

Ahora bien, la pregunta es qué hacer frente a estas situaciones. Podemos cruzarnos con hombres que no tienen idea de lo que están haciendo o también con quienes intentan deconstruirse y aprender. Por eso, ser agresivas no es la mejor solución, sino que es preferible tomarlo con humor y así evitar conflictos pero sin dejar de señalar la actitud para convertir a los varones en aliados y no en enemigos. Es lo que sugieren Marina Mariasch, escritora y docente feminista, y Verónica Lorca, comediante y guionista, las especialistas consultadas para esta nota.

El mansplainning implica silenciar la voz femenina

El mansplainning implica silenciar la voz femenina - Créditos: Getty

5 ideas para responder al mansplainning

  1. 1

    La indiferencia. Dejar de prestar atención cuando el hombre decide interrumpir y hablar él para aclararnos. En ciertas ocasiones, no vale la pena perder el tiempo en explicaciones, todo depende del contexto y de la persona con la que estemos conversando. El látigo de la indiferencia nos permite concentrar nuestra energía en lo que nos interese en ese momento. 

  2. 2

    La ironía. A nadie le gusta quedar al descubierto cuando comete un error. El sarcasmo nos ofrece la posibilidad de exponer el mansplainning sin entrar en conflicto con el otro: “Ah mirá, qué genio sos, no sé cómo hice para vivir todo este tiempo sin tus palabras esclarecedoras, se ve que en el doctorado eso no me lo enseñaron”, sugiere Marina Mariasch como una posible respuesta que generará más risas que enojo y que no deja de ser una frase ingeniosa.

  3. 3

    Alzar la voz. Para los hombres está socialmente establecido el derecho a hablar fuerte y que su voz resuene por sobre las demás. Frente a esto, hay que tomar la palabra y opinar sin miedo, alto y claro, sin sentirnos inferiores y, en el caso de ser interrumpidas, decir con firmeza y naturalidad: “¿Puedo terminar el punto?”. Se trata de elevar la voz y de mantener una postura de autoridad.

  4. 4

    Darlo vuelta. Verónica Lorca recomienda siempre el humor para tratar estas situaciones y una de ellas es preguntarle al varón que explica qué haría si en lugar de una mujer delante tuviera a un hombre: “Si yo fuera un tipo, ¿vos me estarías diciendo esto? Y así lo dejás en ridículo”.

  5. 5

    Argumentar. A veces, los hombres tienden a pensar que hablamos sin tener conocimiento del tema debido a que se sabe que ellos hasta se permiten opinar sobre cuestiones femeninas. Para que no nos corten y seamos nosotras las que los pongan en su lugar, hay que argumentar, dar explicaciones y hacer ver que sabemos muy bien de lo que hablamos. No se trata de demostrar nada, pero para que apaguen su voz se necesita de una respuesta que los deje en su sitio. 

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