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Comparanoia: cómo puedo dejar de compararme con los demás

En la década del 50, el psicólogo social León Festinger elaboró la teoría de la comparación social con puntos básicos que siguen totalmente vigentes. Te contamos de qué se trata y por qué es clave que dejemos las comparaciones en exceso.


Comparanoia: ¿por qué nos hace mal y cómo detenerla?

Comparanoia: ¿por qué nos hace mal y cómo detenerla? - Créditos: Getty



¿Es posible dejar de compararnos con los demás? De acuerdo a la mirada psicológica, el término "comparanoia" hace referencia a la actitud excesiva de compararnos con todo lo que nos rodea, en especial, con todas esas otras personas que admiramos o consideramos “mejores” que nosotros.

Vale recordar que el gran pensador Jean-Paul Sartre decía que “el infierno son los otros”, al referirse a la mirada condicionante del afuera: de los otros. Esa mirada representa lo diferente, lo nuevo, lo que en muchos casos me falta y además anhelo. Lo temible y lo incomprensible. Sartre también decía que la mirada del otro es como una especie de “juez omnipresente” que nos transforma en sujetos que pueden ser juzgados en cualquier instante, en cualquier lugar, aquí y ahora.

Por su parte, en la década del 50, el psicólogo social estadounidense León Festinger (uno de los más influyentes del siglo XX) escribió y popularizó la teoría de la comparación social.

 

En ese entonces desarrolló una teoría que explica cómo las personas evalúan sus propias opiniones y capacidades mediante la comparación con otras con el fin de reducir la incertidumbre en diversos ámbitos y así aprender a definirse a ellas mismas. Es a través de los otros como evaluamos nuestras propias habilidades y falencias, la apariencia, las opiniones, las creencias y hasta la posición social. Cuando la necesidad de recurrir a esta estrategia de evaluación se vuelve fundamental para poder definirnos puede convertirse en algo muy nocivo.

El punto es que, en la era de las redes sociales, la comparación con los demás es inevitable y la gran mayoría de las veces no somos conscientes de que “estamos comparando”. Lo que vemos a través de los algoritmos condicionan nuestra manera de acceder al mundo, porque nos acerca una determinada creencia de “lo que pasa” allá afuera y, al mismo tiempo, nos refuerza (para bien o para mal) la idea de aquello que deberíamos ser y tener para ser felices.

Dos tipos de comparaciones comunes

Según el psicólogo social antes mencionado existen dos tipos de comparaciones bien marcadas: la comparación ascendente y comparación descendente.

La primera hace referencia al momento en que nos comparamos con otra/s persona/s que consideramos superior/es o con mejores cualidades en algún aspecto puntual. La consecuencia: nos hace sentir frustradas y desvalorizadas.

En cambio, con el tipo de comparación descendente, ocurre a la inversa: nos comparamos con alguien que consideramos inferior por no tener características, potencialidades o habilidades que nosotros sí tenemos. En este caso, la consecuencia de la comparación suele traer cierta satisfacción.

En cualquier caso, la comparación constante con los demás puede dañar la salud mental, especialmente la autoestima y la autovaloración. Para revertir este malestar hay una serie de pautas que te compartimos. Pero, como siempre decimos, cuando se te va de las manos lo mejor es pedir ayuda profesional.

Principales consecuencias de la comparación en exceso

  • Baja autoestima: porque dejamos de enfocarnos en nosotros mismos y en nuestras habilidades y hacemos foco en aquello que nos falta y que da cuenta de que estaríamos “por debajo” de las demás personas.

    Puede llegar al extremo de provocar rechazo hacia uno mismo por sentir que no contás con cualidades que otras personas tienen y que son valoradas y anheladas por la sociedad.

  • Gran pérdida de tiempo: si bien aparecen de forma automática, las comparaciones nos quitan tiempo y energía. Especialmente, cuando el esfuerzo comparativo se centra en los “defectos” propios y ajenos, ya que muchas veces también se buscan “cómplices” para no sentirse tan desdichados. Como dice el refrán: “mal de muchos, consuelo de tontos”; por más de que se busquen aliados en la sensación de sentirse desgraciado, el malestar no cambia en esencia.

    Todo ese tiempo perdido por comparar podría ser usado en fortalecer todas esas cualidades personales que consideramos estancadas o perfectibles.

  • Perjudica nuestra vida socialal sentirnos en desventaja cuando nos comparamos con otras personas que percibimos como mejores, la vida social comienza a reducirse cada vez más. Puede ser por vergüenza o por miedo a sentirnos peor luego de agobiarnos comparando todo lo que las otras personas tienen en relación a todo aquello que creemos que a nosotras nos falta.

     

  • Empeora el estado de ánimo: cuando no somos capaces de ver todo lo que sí tenemos y somos, la felicidad parece un bien inalcanzable. Cada vez nos sentimos más tristes y sin poder para gestionar nuestras vidas de acuerdo a los dones y particularidades de nuestra personalidad. Sin dudas, sentirse menos que los demás y hacer que nuestro valor personal dependa de lo que vemos en los demás nos quita capacidad de disfrute y bienestar.

Consejos básicos para dejar de comparar en exceso

Lo primero que habría que lograr identificar es cuándo y cómo nos comparamos con los demás. Parece fácil pero no lo es, ya que responde a un acto que incorporamos en automático y que ahora parte de nuestras creencias acerca de quiénes creemos ser.

Después, relativizar aquello que tenemos idolatrado. No está mal buscar parecerse a alguien que consideramos un modelo a seguir, pero sin olvidar que es una persona con defectos, que también seguramente atravesó obstáculos para llegar a donde está hoy y, lo más importante, es que cada persona tiene su propio proceso personal con ritmos y tiempos que no son equiparables.

Por último, limitar el uso y relativizar todo aquello que vemos en las redes sociales. Que pase por el filtro: es importante recordarnos que lo que se muestra, en la gran mayoría de los casos, siempre es “la mejor cara”. Los fracasos, los errores, los miedos y los días donde cuesta levantarse no suelen aparecer en los feed de ninguna plataforma.

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