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Vínculos saludables: ¿cómo identificar a tus personas vitamina?

¿Cuáles son esas relaciones que nos potencian y nos ayudan a ser mejores? Analizamos los vínculos vitamina, esos encuentros de nutrición y cuidado, para entender su complejidad y para cultivarlos en el día a día. ¿Cuáles son los tuyos?


Vínculos vitamina

Vínculos vitamina



Desde hace un tiempo, venimos hablando y escuchando mucho acerca de los “vínculos tóxicos”. Vínculos que nos hacen daño por ser demasiado exigentes o simbióticos. Relaciones que nos atrapan o nos empobrecen. Recordemos que lo que ahora llamamos “tóxico”, hace poco tiempo estaba 100% naturalizado. Parejas que se controlaban cada paso, jefes o compañeros de trabajo que nos desdibujaban, incluso amigos o familiares, podían caer en esta categoría. Pero también existen vínculos en los que pasa todo lo contrario. Lejos de dañarnos o hacernos sentir mal, nos sanan, nos expanden, nos suman, nos inspiran, nos hacen descubrir en nosotras posibilidades que antes no habíamos visto. Esos son los famosos “vínculos vitamina”.  

“¿Dónde los venden?”, “¿cómo los armo?”, “¿quiénes son?”, “¿qué tengo que hacer?”, “¿estamos hablando de familiares, amistades, hijos, romances?”, “¿cómo me doy cuenta de si estoy en un vínculo tóxico o en uno vitamina?”, “¿puede un vínculo tóxico transformarse en uno vitamina?”, “¿puede un vínculo que empezó siendo vitamina transformarse en uno tóxico?”. Estas son tan solo algunas de las preguntas que nos hicimos y nos disparamos para este mes de octubre, con la intención de empezar a elegir con quién y de qué forma nos vinculamos. Y también para preguntarnos a nosotras mismas: ¿qué personas son mis vitaminas hoy y cómo puedo fortalecer ese vínculo?

¿Por dónde empezamos?

Legitimar la singularidad de la persona con quien nos vinculamos es el cimiento base de un vínculo vitamina. Y claro, empecemos por abajo, por lo profundo. Porque, lejos de ser las personas que nos hacen olvidar de los problemas, son esos lugares adonde vamos cuando la alquimia de lo que sucede nos sana. Una mezcla tan bien equilibrada de humor, de sentido de “lo importante”, de liviandad, condensación, risas y deslumbramiento, que el resultado es una recarga energética asegurada. Y qué desafiante puede ser darnos cuenta de que los vínculos que más valoramos no son los que mejor nos hacen. Si no todo lo contrario. Por ejemplo, un festejo de fin de año con familia cercana, con compañeros de trabajo o con tus amigos de la secundaria que, cuando salís de ahí, respirás hondo y te sentís débil, cansada, como si hubieras hecho ejercicio por tres horas en una posición forzada. Una tensión sostenida con preguntas del tipo “¿para cuándo el novio?”. “No los mandes a la mierda”, es el mantra que suena en tu cabeza en repeat. Hasta que el evento termina, bajás en el ascensor, abrís la puerta y una brisa te sopla en la cara. Lo sentís muy vívidamente en el cuerpo y en tus emociones. Muy distinto es cuando hubo batiseñal en el grupo de WhatsApp de tus amigas y llevaste un kilo de helado, llegaste en pijama y nadie te pregunto por qué, y después de 15 minutos de contarles algún bajón cotidiano, ellas ya te cambiaron el humor, la perspectiva de lo que te pasó, y después de ese encuentro sentís que “al final no era tan grave” y que estar con ellas era todo lo que necesitabas.

¿Cómo identificar tus personas vitamina?

La respuesta más simple está en el párrafo anterior. Porque a las personas vitamina se las identifica sintiendo lo que sentís. Validando que eso que suena en tu pecho es data dura. Ya lo dijo sabiamente Jorge Drexler en uno de sus hitazos: “Que el corazón no miente. Que, afortunadamente, me haces bien”. A veces, tanto lenguaje nos hace de ruido de interferencia entre lo que sentimos y lo que validamos de eso que sentimos. Las frases que empiezan con “no sé si está bien, pero me pasa que...” son un reflejo de nosotras juzgando eso que naturalmente nos genera el contacto con nuestra experiencia. Podemos decir firmemente que lo único que puede estar bien o mal es lo que dictan las leyes. Todo lo que ocurre por fuera de eso se mide con la sensación del propio cuerpo. Por eso, el mejor momento para chequear ese termómetro interno es cuando termina el encuentro con ese otro (u otros). ¿Cómo quedaste luego de ese encuentro? ¿Te quedó una sonrisa en la cara? ¿Te acordás de algún chiste y te volvés a tentar? El cansancio, ¿es un cansancio lindo? ¿O sentís que te quedaste vacía? ¿Con qué frase resonás más después de ese encuentro? ¿Con “me hubiera quedado horas” o “me quería ir desde que llegué”? Y después hay otra pregunta: ¿para qué sostenemos vínculos que no nos hacen bien?

Esas alquimias que sí

¿Viste cuando vas al médico y te receta algún suplemento porque estás medio debilucha en hierro o en vitamina D? Bueno, si pudiéramos analizar en algún microscopio los componentes de un vínculo vitamina y pudiéramos leer su prospecto, encontraríamos los siguientes ingredientes:

  • Presencia: en el aquí y ahora. Poco celu y más mirar a los ojos. Dejamos por un rato el mundo exterior con sus exigencias y nos abocamos a disfrutar del momento presente con quien tenemos ahí cerquita.

  • Escucha atenta: de esa que es más para entender que para contestar. Esa escucha que se parece a cuando éramos chiquitas y escuchábamos un cuento poniendo cara de asombro y queríamos saber cómo iba a terminar. Es la que aflora en tu versión curiosa, la aprendiz, la cómplice.

  • Inspiración: esa que es capaz de inflar globos. Más que pincharlos cuando nos contamos ideas, proyectos, nos inflamos y nos contagiamos entusiasmo cargado con coraje para animarnos a cumplir sueños e ir cada vez por más.

  • Energía: vibraciones del bien que te piden “dame más de esto”. Es una energía que fluye sin esfuerzo y se da cuando se juntan dos universos con intenciones empoderantes.

  • Amor: como el que describe el biólogo y filósofo Humberto Maturana al decir: “Amar a un ser humano es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida”. Es un amor que reconoce en el otro su singularidad y le da espacio para disfrutar de su estar siendo en el mundo.

  • Respeto: podemos parecernos en algunas formas de pensar o actuar. Incluso podemos sentir parecido. Pero siempre, siempre, somos personas diferentes. Y el vínculo no se arma solamente de nuestras similitudes, sino también gracias a nuestras diferencias. Si podemos valorar y validar nuestras similitudes y diferencias, entonces estamos hablando de vincularnos con respeto.

  • Humor: del que aliviana los desafíos de la vida. Del que llega a hacernos escupir lo que estábamos tomando o del que nos ayuda a reírnos de nosotras mismas cuando nos tomamos demasiado en serio.

Tu mejor vitamina sos vos

Y no está de más repetirlo: el vínculo más importante que tenés es con vos. Porque la forma en que te estás relacionando con vos va a ser la forma en que reproducís vínculos por fuera. Las mejores vitaminas son las que producís cuando cultivás el vínculo que tenés con vos misma. Estamos armadas de todos los vínculos que sostenemos y claro que nuestra calidad de vida va a depender de los vínculos que elijamos sostener. Elijamos bien. Elijamos con amor y no con miedo. Con la profunda convicción de que siempre tenemos la opción de hacer algo para sentirnos un poquito mejor con nosotras mismas y hacer nuestra vida más liviana.

3 ejercicios para hacer con tus vínculos

  • SI SENTÍS RIESGO DE ESTAR EN UN VÍNCULO TÓXICO

    Si sentís que estás en un vínculo que te requiere mucho esfuerzo. Cuando te conectás con esa persona, te conectás con lo que no te gusta tanto de vos. Si los vínculos están para sumarnos, este no sería uno que esté cumpliendo el objetivo. Preguntate entonces:

    1) ¿Qué te mantiene cerca de esta persona? 
    2) ¿Qué costo tiene para vos cuidar este vínculo?
    3) ¿Qué te gustaría decirle?

  • SI ESE VÍNCULO TE TIRA PARA ARRIBA... PERO PUEDE MEJORAR

    Si sentís que estás en un vínculo que tiene mucho potencial de vitamina, pero que hay que laburarlo. Vamos darle los nutrientes que necesita. Respondé las siguientes preguntas:

    1) ¿Qué conversación estás postergando?
    2) ¿Qué límites estaría bueno poner entre ustedes?
    3) ¿Qué te das cuenta de que querrías recuperar?

  • SI SENTÍS QUE ESE VÍNCULO ES PURA VITAMINA

    ¡Felicitaciones! Pero atenti, cualquier vínculo vitamina tiene potencial de convertirse en otra cosa. ¡Pueden responder juntos/as estas preguntas!

    1) ¿Cuál sería la versión “demasiado” de este vínculo? ¿Hay un ejemplo en donde eso haya pasado?
    2) ¿Hay reglas que no pueden romperse entre ustedes? ¿Cuáles son?
    3) ¿Qué regalo quisieras hacerle? Hacéselo.

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