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 • HISTORICO

Barbados

Como si las playas de postal no fueran suficiente, la ex colonia británica sorprende con mil programas,de pasear en submarino a nadar con tortugas y explorar cavernas




BRIDGETOWN.- En el Caribe, cada isla es un mundo aparte. Y, en esta geografía que parece haber sido creada expresamente para disfrutar de un crucero bajo el sol de los trópicos, Barbados es uno de esos mundos, totalmente entregado al turismo, pero a la vez bien auténtico.
Para los norteamericanos y los ingleses es una de las reinas caribeñas. Tom Wolfe, en su análisis de las tendencias del fin del milenio en Estados Unidos, la consideró como uno de los destinos preferidos de la clase media . Su capital fue uno de los principales puertos atlánticos del imperio británico y uno de los destinos regulares del avión supersónico franco-inglés Concorde.
Mucho menos conocida desde estas latitudes, hace pocos meses la isla se convirtió en una de las mejores opciones para conocer el Caribe anglosajón partiendo de Buenos Aires, gracias a una nueva y fácil combinación de vuelos vía Brasil (y sin visa). Este mundo de bolsillo está hecho a la vez de playas y cultura, de buenas mesas y música, de naturaleza y deportes, de experiencias nuevas y tragos. ¿Como en el resto del Caribe? Como en el resto del Caribe, pero con algunos toques propios que hacen la diferencia.

The bajan experience

En Barbados se puede abordar un submarino y explorar el arrecife de coral de las costas; también es posible perderse en los montes del interior para avistar monos verdes; explorar cuevas de estalactitas; asistir a un partido de cricket como en un campus inglés o simplemente conocer el lugar donde se destiló ron por primera vez en la historia. Los vuelos permiten pasar una semana entera, de sábado a sábado, el tiempo justo para disfrutar a pleno de un mundo tan pequeño como intenso.
Los nativos lo llaman The bajan experience : en su idioma local, que nació del mestizaje del inglés y las lenguas africanas. el término bajan designa todo lo autóctono, desde la gente y su lengua hasta su cocina o estilo de vida. Los ingleses también llamaron a la isla Little Britain, o el diamante más brillante de su corona. Los primeros colonos llegaron a Barbados en 1627 y, a diferencia de la mayoría del Caribe, desde entonces el territorio nunca cambió de manos.
Aquellos primeros colonos eran ingleses pobres a quienes se les había prometido tierra a cambio de trabajo, para desmontar la selva tropical y preparar campos de cultivo. Sin embargo, pocos pudieron reclamar lo que les correspondía, diezmados a causa del clima y las enfermedades tropicales. Anthony Hunte, descendiente de uno de los pocos colonos originales, construyó un jardín abierto al turismo en las partes altas -con todas las reglas del gardening inglés- y recuerda que sus antepasados llegaron aquí para trabajar en los campos de caña de azúcar, la principal actividad y fuente de riqueza hasta la era del turismo.
Era sin embargo una riqueza mal repartida, ya que -como en el resto de las Américas-Barbados recibió muchos esclavos durante los siglos XVII y XVIII. En 1684 había una proporción de tres esclavos africanos por cada inglés. Con el paso del tiempo la proporción se incrementó y hoy más del 90% de los barbadenses tienen orígenes africanos. La plantocracia, esa minoría blanca que formaba la aristocracia de las plantaciones de caña, prosperó hasta 1816 cuando una revuelta liderada por el esclavo Bussa llevó a la abolición de la esclavitud en 1834. La estatua de Bussa domina hoy una de las rotondas de mayor circulación del sur de la isla.
Como en cualquier tierra de impregnación británica, aquí se maneja a la izquierda y se cuenta en pies, pulgadas y millas. La independencia en 1966 no cambió para nada estas costumbres y mucho menos la afición de los isleños al cricket y al polo. Pero hay rasgos muy genuinos, muy bajans, como los que se pueden descubrir perdiéndose en la multitud de parejas un viernes o sábado por la noche en la playa de Oistins. Los campesinos vienen para bailar calipso de los años 50 y 60 mientras sus hijos se aglutinan un poco más lejos en torno de enormes parlantes que difunden rap, reggae y, por supuesto, los temas de la cantante pop Rihanna, la niña prodigio de la isla. No hay un isleño que no le tenga cariño y evoque una y otra vez esa noche de 2008, cuando ganó un Grammy y lo festejó diciendo: Barbados, we got one! La cantante es toda una embajadora para esta pequeña población que no supera los 300.000 habitantes.

Fachadas victorianas

A la medida del país, la capital se concentra alrededor del Careenage, el estuario de un pequeño río que sirvió de puerto y luego de dique de carenado de los barcos. Como en otras ciudades portuarias, los almacenes y hangares fueron reconvertidos al turismo, y hoy son tiendas y restaurantes rebosantes de actividad y colores. El Careenage es donde late el corazón mismo de Bridgetown, con sus dos puentes (de ahí el nombre), un arco que conmemora la independencia del país, un monumento al almirante Nelson (el infaltable toque inglés) y varios edificios públicos.
El paseo sigue por Broad Street, donde los edificios victorianos conservan su fachadas, pero fueron transformados en shoppings libres de impuestos. No hay que olvidar el pasaporte cuando se va de compras por el centro de Bridgetown, ya que los descuentos para turistas se realizan en el acto. Hay que entrenarse un poco, sin embargo, para leer los precios por partida triple: en dólar de Barbados, en dólar de Barbados sin impuestos y en dólares norteamericanos sin impuestos.
El souvenir más popular es el ron, por supuesto, aunque el color del agua que cada viajero se lleva grabado en la retina lo supera ampliamente. También hay que llevarse a casa una artesanía en forma de pez volador, premio consuelo para quienes no los hayan visto durante los paseos en barco a lo largo de las costas de la isla. Este pez figura en el logo oficial de Barbados, aunque bien podrían estar también las tortugas que abundan en las aguas de los arrecifes de coral y que se puede ver nadando cerca de las playas. También podría ser un pirata, en recuerdo al pasado de Barbados y su presente, ya que la isla sirvió de decorado para la seguidilla de películas de Disney Piratas del Caribe.
Manuel de Casas, un venezolano que reside desde hace 16 años en Barbados y vive a la vez como traductor público y músico, lo resume recordando que Barbados es todo un mundo, chico, pero con tanto para ofrecer que siempre hay un buen motivo para volver.
Por Pierre Dumas
Para LA NACION

A NADAR, QUE SE ESCAPA LA TORTUGA

En Florida, la Riviera Maya o Jamaica se puede nadar con delfines, una experiencia increíble. Igualmente increíble es nadar con tortugas en la costa de Barbados. ?Se sale en catamarán desde el puerto de Bridgetown para navegar a lo largo de la costa oeste, la más protegida de los vientos que soplan desde el Atlántico. En algún punto del recorrido, no lejos de la playa, el capitán detiene el barco e invita a sus pasajeros a tirarse al agua. Decenas de tortugas marinas esperan en busca de comida (aquí está el truco). Como las tortugas están ávidas por comer es recomendable no tratar de tocarlas, porque pueden llegar a mordisquear los dedos. Pero es toda una experiencia verlas nadar y rodear a los humanos, pasando entre las piernas, rozando los pies o deslizándose debajo de ellos. El barco provee todo chaleco flotante, máscara y snorkel. También el almuerzo a bordo, con platos típicos de la isla. Las tortugas marinas están protegidas en todo el área de Barbados y desde hace años su población está creciendo. De hecho se ven de varios tamaños cuando se nada con ellas.
Entre las numerosas empresas que ofrecen esta excursión embarcada, Tiami tiene sus catamaranes en el puerto de Bridgetown. El barco sale a las 10 y regresa a las 15. La salida cuesta US$ 90 por persona (media tarifa para menores de 12 años).

DATOS ÚTILES

Cómo llegar

Gol tiene un vuelo semanal a Barbados desde Buenos Aires. Se cambia de avión en San Pablo, pero sin tener que hacer Migraciones ni transbordo de equipaje. Otra ventaja más: el vuelo sale de Aeroparque los sábados por la mañana.
Se llega a Bridgetown al final de la tarde. El vuelo de regreso es el sábado por la noche, llegando por la madrugada a San Pablo donde se conecta nuevamente para Buenos Aires.

Dónde dormir

La isla tiene propuestas desde US$ 30 por noche hasta mansiones que se pueden alquilar con todos los servicios. Una opción interesante, cerca del centro de Bridgetown, con una linda playa y buenas instalaciones, es el Accra Beach Hotel & Spa. Está cerca también de la poblada zona sur de la isla y de los centros nocturnos como Oistins y St. Lawrence Gap. Habitaciones a partir de US$ 175 (base doble por noche). Informes: www.accrabeachhotel.com

Para tener en cuenta

La corriente eléctrica es de 115 / 230V. Hay que prever adaptadores para los enchufes.
El clima es tropical con muchas lluvias. La temporada de lluvia es de junio a octubre (hay riesgo de huracanes, aunque mucho menos que en otras islas del Caribe porque Barbados está alejada del arco de las Pequeñas Antillas).
El idioma oficial es el inglés, pero el castellano es enseñado en las escuelas y bastante bien difundido.
La Argentina está representada en Barbados a través de su embajada en Trinidad y Tobago. A su vez Barbados tiene su representación en la Argentina a través de su embajada en Caracas, Venezuela.

UN PAR DE LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO

No es el submarino amarillo, aunque sea la comparación más común que se escucha al embarcar para este tour.
El Atlantis es una nave que permite sumergirse a más de 40 metros, para explorar el fondo de la plataforma coralina de la costa. Como para agregarle pimienta a la aventura se llega al mar abierto y se transborda al submarino. La salida tiene un un poco de la serie Lost y otro poco de La Sirenita de Disney a la vez.
Transcurridos los primeros minutos expectantes se pasa del ambiente película de acción al atractivo mundo submarino que aparece por las numerosas ventanas a ambos lados de la nave. Se ven bancos de peces, tortugas que buscan comida en el fondo del arrecife, muchos peces de colores y hasta el naufragio de un barco. Un buen consejo: tratar de entrar entre los primeros al submarino para sentarse cerca del piloto. Además de ver la maquinaria del sumergible, se puede disfrutar de la vista adicional de su ventana.
La empresa se llama Atlantis Submarines.
La salida cuesta US$ 140 para los mayores y 52 para los chicos.
Se zarpa en barco desde el puerto de Bridgetown y la actividad dura unas dos horas.
También hay salidas nocturnas.

DESTILERÍAS PARA EL TOUR DE COPAS

Las chattel houses son las casas tradicionales, construcciones de madera con techos de chapa en la isla. Generalmente están pintadas de color pastel, lo que agrega más alegría y dulzura a los paisajes ya de por sí coloridos de la exuberante Barbados.
En el borde de la ruta, los rhum shops o bares donde se toma ron o cerveza están construidos de la misma manera, pero con colores más vivos (generalmente los colores de una marca).Los rojos y dorados son los de Mount Gay, la destilería más antigua del mundo, ya que aquí se inventó el ron. Está muy cerca del centro de Bridgetown, todavía en las mismas instalaciones que tenía en el siglo XVIII. Su nombre viene de sir John Gay Alleyne, que estuvo a cargo del establecimiento a partir de 1747. Pero la empresa existía mucho antes y está documentada desde 1703, lo que la convierte en la más antigua del Caribe.
La planta de embotellado fue preparada con microcine, sala de degustación y un pequeño museo para conocer la historia de la bebida y su lugar en la economía isleña. Mount Gay produce varias clases de ron, según el color, el añejamiento y las aromatizaciones. Se dice que es el más popular y se puede pedir en más de 1500 rhum shops. Se puede visitar de 9 a 17 todos los días, y la entrada para una visita tradicional de 45 minutos cuesta US$ 7 (los chicos no pagan). Hay también visitas llamadas cocktails tours, que duran dos horas y cuestan US$ 35 (no se aceptan niños). Más datos: www.mountgayrum.com
Otra destilería que se visita es la de Saint Nicholas Abbey, que tiene de abadía sólo el nombre. A diferencia de Mount Gay se puede ver todo el proceso de fabricación, desde el corte de la caña hasta el etiquetado de las botellas.
Al mismo tiempo se puede conocer su arquitectura, ya que se trata de uno de los pocos edificios de estilo jacobino que perduraron en el continente americano (hay otro en Barbados y un tercero en Virginia, Estados Unidos). El edificio fue construido entre 1650 y 1660, y su nombre proviene de uno de los primeros propietarios de la plantación, George Nicholas, en el siglo XVIII. La plantación de caña de Saint Nicholas funciona desde 1640 y en la actualidad sigue ocupando más de 200 hectáreas, la mitad destinada a la producción de ron.
Saint Nicholas Abbey está abierta de domingo a viernes, de 10 a 15.30. www.stnicholasabbey.com

EXPERIENCIA SUPERSÓNICA

Barbados tiene más que playa para ofrecer. Una de las propuestas más originales es el museo dedicado al Concorde, el avión supersónico franco-inglés que operó entre 1960 y 2003.
British Airways tenía una ruta entre Londres y Barbados, y fue así que cuando el avión dejó de volar, el gobierno de la isla compró uno para construir un museo.
Fue el avión comercial más rápido de todos los tiempos; tan rápido, que salía de Londres a las 9 y llegaba a la isla a las 8.50... ¡de la misma mañana! Gracias, claro, al viejo truco de los husos horarios, como si fuese una novela de Julio Verne.
El museo abre, de 9 a 18, todos los días. La entrada cuesta US$ 17,5. www.barbadosconcorde.com

OTROS IMPERDIBLES DE UNA ISLA CON MUCHOS TESOROS

Noches agitadas.

En las noches de fin de semana, en la playa de Oistins, en el sur de la isla, se organizan bailes de calipso. Los isleños vienen de todas partes para comer, pasear, comprar artesanías y, por supuesto, bailar. La movida nocturna sigue en St. Lawrence Gap, una calle estrecha donde se concentran bares y clubes, y donde los turistas ingleses recrean un ambiente como en Ibiza.

Música en vivo.

En la isla hay varias cena shows. Las dos más importantes son las de Harbour Lights y The Plantation. Ofrecen música en vivo y shows de folklore. Muchos de los artistas comparten su tiempo entre uno y otro. Además de steel bands y canciones hay bailadores de limbo, acrobacias de stiltmen (zancos) y un conjunto de tuk, música nativa que se toca con una flautita y tambores.

De compras.

El centro de Bridgetown -y especialmente la calle Broad- está lleno de negocios, farmacias y centros comerciales. The Cave Sheppherd es uno de los más grandes y con el mayor surtido: desde ropa hasta libros. No hay que olvidar el pasaporte para poder comprar sin impuestos.

Estalactitas y estalagmitas.

En el centro de la isla se pueden visitar las cuevas de Harrison, un complejo de galerías y túneles subterráneos donde el agua forma calcificaciones en drapeado, estalactitas y estalagmitas. La visita se realiza a bordo de un vehículo eléctrico. En el predio de la cueva hay ejemplares de ficus barbudos, cuyas raíces aéreas parecen barbas. El explorador portugués Pedro Campos dio el nombre de Barbados a la isla en 1536 cuando vio estos árboles.

Festival.

Cada año se celebra el Festival de Crop Over, versión local del Carnaval. La fiesta se realizaba originalmente cuando finalizaba la cosecha de la caña, de ahí su nombre. Este año se celebrará del 14 al 28 de mayo.

Museo.

La casa de George Washington recuerda que el prócer norteamericano estuvo en Barbados durante su juventud. Y fue de hecho su único viaje fuera del territorio de Estados Unidos. La casa fue transformada en museo.

Sinagoga.

Bridgetown tiene la más antigua sinagoga del Caribe. Su origen se remonta a 1654, cuando una comunidad de judíos expulsados de Recife se instaló aquí y contribuyó en buena medida en hacer de Barbados el mayor productor de azúcar del mundo en el siglo XVIII.

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