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 • HISTORICO

Biografía de un copo de nieve

Vida y obra del protagonista del invierno




Se gestará en una nube, ese humo de minúsculas gotas de agua que flotan. Para formarse requiere condiciones precisas: humedad alta y un frío de -15 grados. Una partícula de polvo choca con una de las gotas y hace que sus moléculas –usted lo ha dicho, H2O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno– se acomoden en posiciones fijas y regulares, en hexágonos microscópicos que forman un vasto panal de abejas.
Lo que era una gota de agua es ahora un cristal de hielo, un diminuto prisma de seis caras. El viento lo arrastra. Un súbito aumento de humedad hace que nuevas moléculas de agua se adhieran a cada arista: al prisma le brotan seis brazos. Ya es el embrión de un copo. Su viaje sigue por la nube, errático, capturando nuevas moléculas por regiones de temperatura y presión variable, pero como cada brazo está expuesto al mismo ámbito fluctuante, su crecimiento es sincrónico: el sutil jeroglífico de hielo va aumentando su complejidad sin perder su simetría.
Cada copo, cada cristal de nieve, sigue un camino distinto; no existen dos copos idénticos. Los azares de su viaje por la atmósfera están registrados en la riqueza de sus ornamentos; la simetría de sus seis brazos deriva del orden microscópico elegido por las moléculas de agua en el hielo: el hexágono.
El copo ha iniciado ya su lento descenso. Aterrizará en una antiparra, en un guante o en una manga y usted se detendrá a contemplar esa ínfima estrella de seis puntas. Ukichiro Nakaya, el primero en crear copos artificiales, los bautizó "cartas que nos llegan del cielo".

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