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 • HISTORICO

Cinco derroteros por el Viejo Continente




1 Austria. Un circuito muy romántico

Entre Salzburgo y Bad Ischl, sobre uno de los tramos de la muy famosa y fotogénica Ruta Romántica austríaca, está la región de los Diez Lagos, que se recorre gracias a un circuito especial para bicicletas. Cada uno a su ritmo, es posible descubrir esta Austria idílica, al pie de las cumbres alpinas, pedaleando sin mucho esfuerzo ya que buena parte del camino no presenta dificultades.
Como transcurre en los valles y al borde de los lagos es relativamente llano, por lo menos más de lo que se podría imaginar considerando el relieve montañoso de Austria. El recorrido se puede hacer mediante agencias que organizan todo o de manera independiente, saliendo desde el centro mismo de Salzburgo, la ciudad de Mozart y de María, la novicia rebelde.
La Ruta Romántica por su parte también se puede transitar en bicicleta, pero es un viaje de más largo aliento: 400 kilómetros en total hasta Viena por todo el norte de Austria. La región de los lagos incursiona en el Salzkammergut, en torno de la ciudad de Bad Ischl, que ya era un centro turístico renombrado en tiempos del Imperio. Francisco José tenía allí una villa donde pasaba los veranos en un marco cuya belleza no le impidió firmar -en ese preciso lugar- la declaración de guerra a Serbia, detonante de la Primera Guerra Mundial.
Ahora los tiempos son más pacíficos y el circuito de los lagos es una excelente opción para quienes visiten las minas de Halstatt (las más antiguas del mundo), la cueva de hielo del Dachstein, las tumbas de Franz Lehar y Oscar Strauss en Bad Ischl y los campos de durazneros en flor durante la primavera.

2 Países Bajos. Sólo para ciclistas

Detrás de este nombre tan difícil de escribir como de pronunciar se encuentra una de las islas de Frisia, ese archipiélago que forma como una larga cabellera al viento por encima de Holanda, en medio del Mar del Norte. A diferencia de otras islas del archipiélago está habitada por menos de mil personas.
Países Bajos

Países Bajos

Para llegar hay que cruzar el mar durante unos 45 minutos en ferry, viendo en el trayecto las grandes compuertas de metal que regulan el flujo de agua en los polders. Schiermonnikoog está casi enteramente protegida por un parque natural. Los holandeses la consideran como uno de los más bellos lugares de su país, con una playa norte que tiene la reputación de ser la más ancha de Europa. Los residentes son los únicos que pueden tener un auto para circular en este territorio de 30 kilómetros de largo y menos de 20 en su punto más ancho: por eso, más que las caminatas, la bicicleta es el mejor medio para recorrer la isla y conocer un rincón europeo distinto a los demás.
Mitad tierra, mitad arena, Schiermonnikoog es tan chata como el resto de los Países Bajos: su punto más alto supera apenas 20 metros el nivel del mar.
Por lo tanto, no hay que hacer esfuerzo alguno para pedalear mientras se recorren paisajes muy variados, algo sorprendente para un territorio tan pequeño: están las playas por supuesto, pero también las marismas y praderas saladas (no esa variante de menú para ovejas y vacas, sino más bien lugares donde crecen pastos y plantas que resisten una fuerte concentración de yodo, llamados schorres en holandés).
También hay dunas, bosques, humedales costeros y por supuesto el pueblito de postal. Como es fácil circular en bicicleta en Holanda, se las puede alquilar en el continente -viajan en ferry sin problemas- o en la misma isla. Además de bicicleta se pueden llevar barriletes, porque las inmensas playas de la isla son el lugar ideal para remontarlos: hay viento siempre, en invierno y verano. La otra actividad durante la visita es tratar de avistar a alguno de los locales: conejos y liebres en el centro y focas, en las playas.

3 Andorra. Aquel lado del paraíso

Andorra

Andorra

Andorra es uno de los micropaíses de Europa, de los que (casi) nunca se habla. Salvo en el caso de los adeptos al mountain bike y otras disciplinas de bicicleta extrema, para quienes el principado es una suerte de imán, gracias a numerosas pistas y parques especialmente preparados para competencias y experiencias de pura adrenalina.
Como el resto de los Pirineos, las rutas de Andorra no son para los ciclistas de domingo: en el Tour de France, las etapas que atraviesan estas montañas se encuentran entre las más temidas de los corredores por sus grandes desniveles y el clásico de clásicos, el ascenso al paso del Tourmalet, que en muchas ocasiones definió la competencia.
El parque ciclista de Vallnord (un centro de esquí en invierno) es regularmente sede de la copa del mundo de descenso en mountain bike, como ocurrió también este año. Además es una etapa habitual de la Vuelta de Cataluña. Cada año se organiza además desde aquí la carrera Maxiavalanche, reservada a los amantes de sensaciones fuertes: un kilómetro de bajada en vertical.
El parque de la Soldeu es otro centro de esquí que en verano se reconvierte a los deportes extremos y transforma sus pistas en un parque de ciclismo. Aquí se han diseñado distintos tipos de circuito para los diversos niveles de condiciones físicas y aptitudes, totalizando un centenar de kilómetros en las montañas.

4 Francia. Un país de costa a costa

El primer golpe de pedal se da frente a las playas del Mediterráneo y el último frente al Atlántico. En el medio está una de las travesías más bellas que se pueden hacer en bicicleta en todo el mundo, cruzando el sur de Francia de punta a punta. Se siguen los canales que antiguamente permitían a los barcos de transporte ir de un mar a otro, pero que hoy usan sobre todo embarcaciones turísticas.
Francia

Francia

En la mayor parte del recorrido se transita por caminos especialmente reservados a peatones, ciclistas o caballos.
Se llama Voie Verte, vía verde, y tiene una señalización especial a lo largo de los 450 kilómetros de recorrido. Del lado mediterráneo se sale de los balnearios de Gruissan o Port-la-Nouvelle y del lado atlántico en el de Lacanau. En camino se pasa al pie de las murallas de Carcassone, por el centro de Toulouse y más tarde por las ciudades de Moissac y Agen.
Hay un tramo por rutas secundarias antes de llegar a Burdeos, que se cruza atravesando el centro urbano para reencontrar la vía verde y cruzar una parte del viñedo del Médoc en su tramo final.
En todo momento hay tentaciones para frenar y sacar la cámara: el Capitolio o la casa natal de Gardel en Toulouse, la ciudad medieval de Carcassone, el Puente Canal de Moissac, las iglesias románicas de Agen, los viñedos o la Plaza de las Quinconces de Burdeos, a orillas del Garona. En la mayor parte de su trazado, la vía sigue dos canales: el del Midi, entre Toulouse y el Mediterráneo, y luego el del Garona hasta Burdeos.
También en el sudoeste de Francia, pero en medio de los bosques de pinos de las Landas, hay otro circuito que se puede realizar en bicicleta, igual de fácil porque se transitan regiones más bien planas, pero más monótono. Es el bosque artificial más grande de Europa, plantado sobre una región de humedales a mediados del siglo XIX. Aquí se encuentra la mayor cantidad de pistas reservadas a bicicletas en Francia, una red de casi 400 kilómetros de norte a sur, entre el País Vasco y la punta de Grave que delimita el estuario del Gironde con el océano.
Son pistas asfaltadas en su mayoría, muy fáciles de transitar y muy seguras. Y un punto importante: bajo la sombra de los pinos, cuando el sol del sur se pone crudo durante el verano europeo.

5 Inglaterra. El sudoeste salvaje

Inglaterra

Inglaterra

Cornualles y Devon son dos condados que comparten la península que avanza en el Atlántico norte, al sur de Inglaterra y del país de Gales. Es una región turística muy popular, con una naturaleza salvaje en el litoral y los Parques Nacionales de Dartmoor y Exmoor, con grandes espacios de brezales, vegetación baja y afloramientos de rocas graníticas.
En estos parques viven todavía algunos grupos de caballos en estado semisalvaje. Cornualles y Devon tienen dos litorales, uno sobre la Mancha al sur y otro sobre el Canal de Bristol. Los balnearios de Torquay y Exmouth se autodenominan la Riviera Británica, para atraer la atención sobre un clima más clemente que en otras costas de la isla. Muchos circuitos están reservados a las bicicletas en la región. El Cornwall Velowest es un recorrido entre Sheepwash y Tavistock, ambos pueblos de Devon, incursionando en el este de Cornualles.
El total es de 270 kilómetros y los bicituristas entrenados lo suelen hacer durante un fin de semana largo, en tres días, con tiempo para admirar los paisajes y descubrir los pueblos del camino. Se siguen primero las costas del norte de la península para luego cruzar colinas hasta los pueblos de Bude y Bodmin. No es un itinerario para cualquiera y se recomienda entrenamiento -o un auto de soporte- para enfrentar los altibajos del relieve, pero las vistas sobre el mar y sobre los brezales son espectaculares.
El Camel Trail es parte de este circuito. Se trata de un tramo de 30 kilómetros que figura entre las pistas más transitadas del Reino Unido. Más de 400.000 ciclistas, caminantes o jinetes la recorren cada año. Como es totalmente llana, es muy popular también para quienes se quieren iniciar en el cicloturismo.
El recorrido del Velowest pasa luego por una región de colinas, bosques y praderas. En camino se ve el castillo normando de Lauceston y se pasa por las cercanías de Tintagel, donde los ingleses sitúan el castillo del rey Arturo.

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