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 • HISTORICO

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Recuerdo unas vacaciones en Uruguay de adolescente, alrededor de mis 17, de las primeras vacaciones con amigas, sin familia... Lo loco es que me recuerdo todo el tiempo, o gran parte del mismo, escabulléndome... yéndome sola a la playa, con Homero -no recuerdo si con La Ilíada o La Odisea- y alguna tragedia griega. Mi placer no sólo tenía que ver con entrar en contacto con la naturaleza, sino con hacerlo en solitario; una actitud contemplativa-introspectiva difícil de compartir con amigas (con amigas adolescentes en verano).
Salir a bailar, la fiesta, la cosa en patota o grupal me resultaba incómoda. Y ya cuando en esas mismas vacaciones empecé a noviar con un tucumano (que atendía un negocio de empanadas) digamos que directamente se volvió... innecesaria.
Hoy, 15 años después, no sé si estoy en las antípodas de aquella versión de mí misma, pero sí me siento lejana. No sé cómo ni por qué pero me sale estar abierta, disponible a conectar con quien venga. Lo digo a cuento de un comentario.
Y hecho el preámbulo, les cuento que concretamos parte de lo planeado. Después de una larga siesta (de tirana menor, no mía), llevamos platos, galletitas, vasos, Cindor al quincho y soplamos velitas. Con todos los vecinos o casi todos. Sin proponérselo, el cumple de Lupe terminó siendo el pretexto para que esas conversaciones salpicadas que veníamos improvisando, tuvieran un anclaje, un asidero... Cuando nos dimos cuenta, ya era momento de cenar... y entonces el Tano (ya les hablo del Tano) tiró: "Vamos a terminar el festejo a San Javier, cenamos algo, ¿se enganchan?"
¡Vamos!
Y fuimos las 3 familias en caravana (bah, en 2 autos), nos sentamos en la única mesa que quedaba vacía y hasta pasada la 1 AM nos quedamos de plática. Me pedí pejerrey al roquefort, con papas fritas... y si bien en un momento me entró un sueño, que "mamma mía, cómo lo piloteo"... me divertí, la pasé lindo... y aun en ese estado, me reí con los chistes del Tano. ¡El Tano! El sí es la antítesis de la antisocial que yo era a mis 17. El Tano es, además del vecino de cabaña, un tipo medio de vuelta, buenazo, llano, chistoso sin caer en lo grosero y atento a todos. Siempre convocando la atención (sin forzarlo), invitando u ofreciéndose a algo.
Bueno, puedo decir que hoy, aunque todavía necesite de a ratos refugiarme en mi soledad, en la escritura y lectura, en la respiración panza arriba (¡ja!)... también me siento novedosamente atraída por gente así, abierta, desprejuiciada... o en este aspecto sencilla.
¿Y ustedes? ¿Son de hacer la suya en vacaciones o les va juntarse con otros, amigos o extraños?

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