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 • HISTORICO

Diagnosticaron a sus hijas , empezó a investigar sobre la celiaquía y hoy tiene un programa de televisión sobre cocina sin TACC

Alejandra Temporini es hoy la cocinera gluten free más reconocida de Argentina.


Foto: Alejandra Temporini

Foto: Alejandra Temporini



Desde muy chiquita estaba en la cocina. Mi abuela era una gran cocinera y yo siempre estaba metida ahí queriendo amasar”, recuerda Ale, que nació en Córdoba y vivió allí hasta su adolescencia. A los quince, se mudó a Buenos Aires por el trabajo de su mamá. Cuando terminó el colegio, se iba a anotar en Gastronomía, pero una situación de acoso en el tren la hizo desistir de viajar a capital.
Muchos años más tarde, casada y con dos hijas, volvería a esta carrera. Mientras tanto leía, hacía cursos y siempre estaba metida en la cocina. “En mis cumpleaños y los de mis amigos preparaba todas las comidas, las tortas, las pizzas. Cuando mis hijas ya al cole, empecé a estudiar gastronomía”, relata Ale.
Foto: Alejandra Temporini

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¿Cómo fue el diagnóstico?

El primer contacto con la celiaquía fue a través de una amiga de una amiga. “Estábamos sentadas al lado y cuando pidió la comida dio mil indicaciones. Yo pensé: ‘Esta tan flaca y se está cuidando’ y le dije algo. Me respondió que era celíaca y yo pensé que era una dieta nueva... Ahí por primera vez escuché la palabra y lo que era esta enfermedad”, rememora.
Enseguida asoció con los síntomas que presentaba su hija menor: con dos años estaba pelada, la panza hinchada y todo le caía mal. Desde que Cata empezó a comer, Ale notó que había algo. “Descartamos un montón de cosas y no llegábamos a un diagnóstico certero. El pediatra me decía que siguiéramos investigando. Algo pasaba, yo me daba cuenta”, asegura. Tras una larga peregrinación por distintos médicos, lo encontraron.
La médica, además, le pidió un análisis para su hija mayor y para ella. Las tres eran celíacas. “A Martu le hicieron una biopsia y el intestino estaba completamente destruido. Era asintomática. A mí me dijeron que yo fui celíaca toda la vida. Tuve todos los síntomas, pero no se me hubiese ocurrido jamás. Así empezó esta gran aventura”, confiesa.

Los primeros pasos en la cocina sin gluten

Al principio, cuando quería cocinar algo, no funcionaba y se frustraba. “Me puse a estudiar de qué se trataban las harinas, los almidones, todo. Descubrí que en la cocina sin gluten tenés que saber qué pasa con cada uno de los elementos. Si vos querés más esponjosidad, el almidón te lo va a dar; si lo querés más crocante, usás más harina de arroz. Cada una va a aportar algo diferente a la masa”, explica.
A su curiosidad, Ale sumó viajes a Estados Unidos y Europa donde tomó cursos de cocina y descubrió ingredientes que en Argentina ni existían. Con el tiempo, se volvió una especialista y comenzó ella misma a dar clases. Da seminarios en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) a cocineros y desde hace seis años tiene su propia escuela de cocina sin gluten online para todo público, con más de 30.000 alumnos de todo el mundo.
Foto: Alejandra Temporini

Foto: Alejandra Temporini

Con las manos en la masa

“Cuando nos diagnosticaron era difícil encontrar información, ir a cumpleaños de amigos. Decidí dedicarme a la comunicación para que mis hijas pudieran tener una vida social más activa”, refiere Ale. Hoy comparte su recorrido por el mundo sin gluten y su aprendizaje a través de un blog, redes sociales, talleres, ferias y en toda oportunidad que se presente. En 2019 publicó su primer libro Mi aventura sin gluten (Grijalbo), y pronto saldrá el segundo. Además, en su Instagram tiene casi 165 mil seguidores con los que comparte recetas y consejos. “Me encanta influenciarlos un poquito en la gastronomía sin gluten. Respondo a cada una de las personas, porque quiero ayudar a todos”, dice.
También en la tele, debutó en el programa “Cocineros Argentinos” y ahora está en “Como Todo”. “Que en un programa que se ve tanto le den lugar a la cocina sin gluten y la misma importancia que a las otras comidas es mágico. Me parece maravilloso poder difundir y que se hable más de esto, porque cuanto más se hable, más cosas van a haber y más diagnósticos”, afirma.
“Cada vez que cocino pienso ‘esto lo hacía mi abuela’. Cuando rompo el huevo le meto el dedo y saco toda la clara para no desperdiciar nada. Son cosas que me quedaron muy arraigadas. Soy muy apasionada en lo que hago”, concluye.

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