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 • HISTORICO

Elsa Punset: 4 ejercicios para entrenar tu felicidad




Elsa Punset es filósofa y autora de varios libros sobre inteligencia emocional. El 21 y el 22 de marzo estuvo en Buenos Aires para presentar su último libro, Felices (Editorial Planeta, 2018), un recorrido por el legado de antiguos filósofos griegos y chinos, alquimistas, poetas y científicos, en relación a la búsqueda de la felicidad.
Conversamos con ella sobre los aportes de los estudios de las neurociencias para el estar de las personas en el mundo, los aprendizajes que hoy están más al alcance de todos que hace apenas 30 o 20 años atrás y, sobre todo, de una misión que es la que la lleva desde hace más de diez años a escribir libros, brindar conferencias, llenar teatros y asesorar a instituciones educativas: enseñar a gestionar las emociones.

4 ejercicios para entrenar tu felicidad

1. Guardá tus momentos felices en un frasco
Durante una semana (o el tiempo que quieras) cada noche anotá en un papel qué cosas te dieron alegría durante el día. "Tenemos un cerebro que es como velcro para lo negativo y teflón para lo positivo", afirma Elsa, " los momentos felices los deja escapar". Entonces, es tarea nuestra recuperar lo positivo. El abrazo que le diste a tu hijo, el café con tu amiga, un momento que te gustó. Lo recuerdas lo escribes y lo guardas en el frasco. Como se entrena un músculo, así se ejercita la capacidad de ser feliz. El cerebro tiene un circuito eléctrico y con estos gestos se activan los circuitos que hacen falta para memorizar y recordar la alegría. "Aunque la vida es muy frustrante de a ratos, y lo es para todo el mundo, suele haber momentos de alegría que se nos escapan constantemente de nuestro registro mental", explica Elsa y por eso este ejercicio ayuda a que los veamos.
2. Adoptá tus poses poderosas
"El lenguaje corporal es una herramienta que pasamos por alto a la hora de gestionar emociones pero hay que saber no todo es trabajo de la cabeza", dice Elsa. Todos sabemos que cuando somos felices sonreímos. Y desde hace años los científicos saben, aunque no entendemos bien por qué, que cuando sonreímos generamos determinada química positiva en el cerebro. Con el cuerpo pasa exactamente lo mismo. Las niñas hasta los 10 ,11 años, tienen el mismo lenguaje corporal que los chicos, hacen muchas poses poderosas: con los brazos en alto, con los brazos en jarra sobre las caderas, los pies plantados en el suelo, miran a los ojos, no se dejan interrumpir. A partir de esa edad, ocurre que empiezan a cambiar el lenguaje corporal: se paran menos erguidas, esquivan las miradas, miran menos a los ojos, interrumpen menos, se dejan interrumpir más. Eso no solo manda un mensaje de debilidad al resto del mundo, sino que genera una química de falta de poder en su cabeza. Así que como mujer y como madres, es super importante recordar la importancia del lenguaje corporal y de estimular a que nuestras hijas o nuestras amigas adopten poses poderosas. Incluso, saber que el cuerpo no distingue entre realidad y ficción, de modo que con solo imaginarte un par de minutos adoptando una postura de poder ya el cerebro cambia.
3. Privarte de alguna costumbre por unos días.
Esto lo hacían los estoicos. Ellos descubrieron que las cosa buenas no las veían a simple vista entonces durante una semana dormían en el suelo o pasaban hambre. Esta estrategia la ponía en práctica Séneca que renunciaba a algo aunque no le hiciera falta hacerlo.
Animate a dejar por cuatro días tu café de la mañana, o viajar cómoda en tu auto al trabajo todos los días, cualquier rutina a la que estés apegada pero no la disfrutás realmente. Cuando vuelvas a hacerlo prestá atención a tus sensaciones. ¿Cómo sabe ese café? ¿Lo sentís más rico? ¿Y viajar sentada en tu auto sin tener que correr el colectivo? Dice Elsa que este ejercicio te enseña dos cosas: por un lado, que no necesitás tanto como crées y por el otro que podés luchar contra el proceso de habituación del cerebro humano, que hace que al acostumbrarte a las cosas, dejes de disfrutarlas como al principio.
4. Date un baño de naturaleza.
Este ejercicio viene de la costumbre japonesa de practicar el shinrin-yoku, el baño de bosque, como una terapia natural que revitaliza el cuerpo y el espíritu. En Japón el gobierno puso en marcha en 1982 un programa de salud pública basado en esta terapia y hasta hoy cinco millones de japoneses acuden anualmente a esta cita. Se le atribuye a este ejercicio el beneficio de disminuir la frecuencia cardíaca, la presión arterial, reducir la producción de hormonas estresantes, potenciar el sistema inmunológico y mejorar la sensación de bienestar. Aunque no estés en Japón, vos también podés aprovechar esta terapia, simplemente caminando por el parque que está cerca de tu casa, armar un jardín en tu balcón o en tu patio, llenar de plantas tu cocina, o ir los fines de semana a un lugar lleno de verde. Para mayores beneficios, cuando lo hagas aprovechá para respirar profundo, dejar el celu y los auriculares, bajar el sonido de tu voz o mejor caminar en silencio para escuchar los sonidos de la vegetación. Después contanos...

Los porcentajes de la felicidad

El elemento que caracteriza a las personas felices es el optimismo. Una actitud de vida que te lleva a verla con esperanza. Esto es piedra de toque de una persona feliz. Si bien el optimismo se considera algo genético también puede activarse.
¿Cómo se compone el optimismo?
  • 50 % ADN. Se nace siendo optimista. "Es un regalo que te dan las hadas".
  • 40 % Actitud. Esos gestos que aprendés a hacer, cómo te motivás, como ejercés el autocontrol. Son tus habilidades sociales y emocionales que se aprenden en la infancia pero podés seguir aprendiendo y mejorando toda tu vida.
  • 10 % Circunstancias. Pueden pesar mucho pero se sabe no es lo más importante para determinar lo feliz que va a ser una persona.

Hacer simple lo complejo

Elsa Punset

Elsa Punset - Créditos: Gentileza Carlota Lobo

"La vida es compleja y somos la mezcla de muchas cosas", arranca la charla Elsa. "Pero dentro de esto siempre me sorprende que no entendamos más los mecanismos básicos que nos mueven. Y eso es a lo que yo dedico mi vida", introduce.
Leyendo El libro de las pequeñas revoluciones y tu libro más reciente, Felices, observé que siempre presentás mucha información, que tu modo de presentar, por ejemplo, a los filósofos griegos, es muy sencillo, como si se tratara de contemporáneos, un modo tan distinto al que veíamos en la facultad. ¿Es correcto si digo que buscás hacer más simple lo complejo?
Es así. Mi intención, con palabras sencillas, es sacar un poco, la cuestión de las emociones, del gabinete de los psicólogos, de los expertos, de los sabios, porque todos somos expertos en vivir, entonces ¿cómo no vamos a saber gestionar nuestros estados de ánimo? En cuanto a los filósofos, los griegos y los chinos, eran mucho más sencillos de lo que creemos. Eran realmente los padres de lo que ahora se viene a llamar tan peyorativamente "autoayuda". Por eso vuelvo a presentarlos desde una perspectiva, que es la que tienen ellos, yo no me invento nada, un tanto más contemporánea. Sus respuestas a todas las cuestiones de la existencia humana nos pueden servir también en la actualidad.
¿Y cuando te referís a la inteligencia emocional, qué es lo que nos enseñan las neurociencias?
El cerebro funciona en automático y lo que estamos descubriendo ahora es hasta qué punto hay tantos automatismos en nuestras actitudes. La gente no se da cuenta de que lo que tiene es una mirada sesgada. Por ejemplo en la cuestión del trato entre los géneros, no notamos que tenemos una mirada patriarcal, ¡es que nuestras respuestas son tan habituales, que apenas nos damos cuenta de dónde surgen! Por eso este trabajo de poner el foco, de denunciar que están teniendo las mujeres hoy, entiendo que es duro de hacer, pero tan necesario.
¿Y cómo se puede cambiar el foco?
Primero, debemos entender que el cerebro humano es un cerebro programado para sobrevivir, al que no le importa que llegues feliz a la noche sino que llegues vivo. No hablábamos de ello hasta las neurociencias porque no habían las tecnologías que permitieran comprobarlo. La unidad de medida del cerebro es la neurona que era invisible para los humanos. Ahora nos damos cuenta que tenemos un cerebro muy emocional pero con un sesgo negativo. La tristeza, la ira, el miedo, son las emociones que priman porque son las que necesitamos para sobrevivir frente a los ataques.
Aunque estos no sean reales...
¡Exacto! Porque cuanto más temeroso, cuanto más iracundo es tu cerebro menos capacidad tienes de vincularte con los demás. El estrés y el miedo agarrotan al cerebro. Por eso es tan importante entender que querer entrenar el cerebro en positivo no es un lujo biológico, no es una frivolidad, sino que es fundamental. Y lo bueno es que se puede entrenar el cerebro rápidamente, para pasar de un pensamiento negativo a uno positivo. Y puedes programarlo cada día, con pequeños pasos cotidianos para ser más feliz. Tú puedes elegir por dónde empiezas.

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