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 • HISTORICO

En Salzburgo es casi imposible ir con la música a otra parte

Esta ciudad que vio nacer a Mozart es hoy la meca de los melómanos del mundo




SALZBURGO, Austria.- La exquisita música de Wolfgang Amadeus Mozart envuelve a la hermosa Salzburgo. Desde la estación ferroviaria de Viena parten los trenes que -como el Orient Express con destino a París- demoran apenas tres horas en llegar hasta esta ciudad recostada al pie de la cordillera alpina. Salzburgo es encantadora y pintoresca, construida en las dos orillas del correntoso río Salzach.
Cada rincón de Salzburgo es un escenario diferente. La ciudad es muy pequeña y las callecitas de su centro histórico son muy fáciles de recorrer. Fundada en el siglo VII, fue gobernada por príncipes-arzobispos de gran poder político. Aquí, en Salzburgo, se encuentra la fortaleza más grande de Europa (la Hohensalzburg), jamás vencida por ningún ejército porque estaba preparada para que 400 personas pudieran resistir un sitio de hasta seis años. Desde su imponente altura se domina toda la ciudad y es muy recomendable subir hasta las torres para realizar excelentes tomas panorámicas.
El funicular de la Fortaleza tiene un servicio cada 10 minutos desde la plaza del Capítulo hasta la primera de sus terrazas, base para hacer luego el recorrido por el interior del castillo y conocer su antiguo museo.
Pero... ¿Cuál es el gran imán turístico de la barroca Salzburgo, a la que llegan anualmente un millón seiscientos mil turistas? ¡La música..., fundamentalmente, la música! Salzburgo es la catedral musical donde Mozart compuso sus grandes obras. Aquí nació y vivió buena parte de su vida. Aquí está su casa natal, su primer violín, sus partituras y el lugar donde compuso La flauta mágica .
Aquí, en el pequeño cementerio de San Sebastian están sepultados su esposa (Constance) y su padre (Leopold), y toda Salzburgo venera su figura, interpreta sus obras y abre las puertas para que el mundo disfrute de la música de los grandes clásicos.

Afinando el oído

Desde 1920, los festivales musicales formaron parte del crecimiento de Salzburgo. Un programa anual de más de 4000 conciertos genera un negocio turístico de cinco mil millones de chelines austríacos y ocupa casi ocho mil empleados del sector.
La frutilla de la torta se da en agosto, cuando se celebra el mayor de sus festivales al que llegan no menos de 50.000 personas.
Consagrada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, su centro de enseñanza académica comprende la Universidad de Música Mozarteum, con unos 13.000 estudiantes.
Las callecitas del casco antiguo no han perdido a través de los siglos ni un ápice de su encanto. Allí, en el Nº 9 de la calle Getreidegasse nació, el 27 de enero de 1756, el genio de la música austríaca. En el tercer piso, funciona un museo por el que peregrinan los melómanos para venerar a su maestro. Del otro lado del río Salzach está la segunda casa a la que se mudó la familia Mozart en 1773. Queda en el Nº 8 de la calle Makartplaz y es el templo mayor, donde el maestro compuso más de 150 obras y en la que hoy funciona la sala de conciertos Tanzmeistersaal.
Cada tarde, a las 3 en punto, repiquetean las 35 campanas del campanario de Salzburgo y son escuchadas en todos los rincones de la ciudad. Es un extraño y solemne concierto, capaz de erizar la piel mientras uno camina por angostas callecitas sobre las que cuelgan los multicolores blasones de los comercios, o cuando uno se encuentra parado frente a exquisitas esculturas del manierismo italiano, como la fuente de la residencia. O aun cuando uno se encuentra plácidamente sentado al lado de la figura de Mozart, en su propia plaza.
En las caminatas por la ciudad se descubren joyas arquitectónicas. Allí está su catedral iniciada en el año 774; el antiguo café Tomaselli de 1705, donde Mozart jugaba al billar; el Mercado Viejo; los jardines del maravilloso Palacio Mirabell, con estatuas de divinidades griegas y romanas; el Castillo Leopoldskron y el incomparable Palacio Hellbrunn, cuyas colinas estuvieron habitadas desde la prehistoria. Sus tres parques son un verdadero regalo para la vista.

De los cafés a los palacios: pura historia

Antes de partir de Austria es bueno recordar que fue la capital musical de Europa hasta mediados del siglo XIX. Conviene también tener en cuenta que Johann Strauss hijo compuso más de 400 valses cuyos acordes se escuchaban a bordo de las embarcaciones que bajaban por el Danubio camino a Linz.

Selección infinita

Así, invadieron la corte imperial y de allí saltaron hacia el mundo entero. No hay que olvidar que en Austria es posible escuchar una selección infinita de Mozart, Haydn, Schubert, Strauss, Franz Lehar y Schönberg.
En este país cada rincón tiene historias para contar: desde los palacios y la música, pasando por sus cafés, hasta la misma gastronomía. Los festivales, nacidos por el afán de rendirle tributo a la obra de Mozart, posteriormente se fueron ramificando y diversificando. Fue así como a los festivales de verano se le sumaron la Semana de Mozart, los Festivales de Pascua, los Conciertos de Pentecostés, las Canciones de Adviento, el Festival contrapunto Szene, entre innumerables actividades que se desarrollan a lo largo del año.
Es bueno insistir en la seguridad de sus ciudades, la prolijidad y el respeto que el viajero siente durante su recorrido. Es en esta Austria en la que más que el tradicional auf Wiedershen (hasta pronto) se escucha una despedida más cálida: Ich empfehle mich sher (quedo a su entera disposición).
Carlos Manuel Couto

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