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 • HISTORICO

Las cosas van y vienen...




"Los objetos fueron hechos para ser usados. Las personas fueron hechas para ser amadas. El mundo va mal porque se usan las personas y se aman los objetos" (anónimo).
Me acordé de esta frase después de escucharme repitiendo, cual réplica de mi madre, una típica frase de ella:
-La plata va y viene... Las cosas van y vienen.
Madre no es ni un poco un poco filosófica, es una mujer, como alguna vez dije, con el sentido práctico a la orden del día.
Sin embargo, en momentos claves, ella pelaba sus frases. Frases no rigurosas en lo conceptual, pero tan funcionales a la práctica que hicieron mella en mi conciencia.
El caso es que el otro día cruzaba la esquina de Beauchef y Rosario, misma esquina en la que a diario trabajo... La cruzaba de la mano de China y 2 amigas. Habíamos bajado del 103 y rumbeábamos a casa para almorzar antes de ir a la escuela.
Y en eso escucho a Julieta, una amiga de mi hija:
-Mi vincha, mi vincha...
Y observo cómo su rostro se tensa, su boca se abre, sus brazos se estiran…
La vincha se había caído al asfalto, el semáforo ya estaba en rojo, los autos poniendo primera.
-Quedate acá, por favor...
-¡Mi vincha! ¡Mi vincha!
No sé si llegó a pedírmelo, pero me recuerdo explicándole:
-Si te la busco ahora, me pisa un auto. Vos vas a tener una vincha, pero China y Lupe se van a quedar sin mamá. Cualquier cosa, yo te compro otra.
-Pero es que me la regaló...
No recuerdo quién dijo que se la había regalado.
-No te preocupes. Esperemos.
Y mientras termino de convencerla, lanza un alarido con todavía con más carga:
-Aaaaahh
Me doy vuelta, la vincha volaba por el aire después de haber sido pisoteada por las gruesas ruedas de un móvil.
-No impoooorta... no impooorrta...
Segundos después, un hombre que había sido testigo de toda la escena, cruza la calle, se agacha, agarra la vincha en cuestión y se la trae.
-Tomá, acá está -se la entregó como diciéndole "no es grave".
Faltó que agregara: "y déjate de lloriquear".
Bueno, ni él ni yo lo hubiéramos dicho, no subestimábamos su pena. La vincha tenía un valor afectivo, era un regalo de un(a) tercer@.
No dije aquello, no, pero al rato me encontré dando la misma lata que hubiera dado mi madre.
-Las cosas van y vienen...
Y mientras lo decía, me acordé que dos días atrás, en esa misma esquina, mientras transcribía el texto de Darío acerca de la capacidad de asombro, vi cómo un camión atropellaba a un joven ciclista.
No llegué a ver el momento del accidente, mi atención llegó con delay, cuando el joven ya estaba echado en el piso, la bicicleta hecha percha.
Vi la bicicleta doblada en dos, al joven tirado en la calle, respirando agitado, sin poder moverse.
Vi y escuché todo el revuelo, en gran parte estéril y morboso, alrededor del hecho.
Vi la reacción desesperada de la hermana, que llegó antes de la ambulancia y la policía.
Vi la llegada de la madre... y recién ahí pude abandonar las palabras escritas, ponerme de pie, pedirle al encargado que me cuide la netbook, salir a la calle, apoyar mis manos sobre el pecho de aquella mujer, contenerla, hacerle reiki.
-Su hijo se salvó porque Dios existe -le dijo alguien.
Yo también le hablé de Dios, ni sé por qué lo hice, estaba tomada por el personaje de una madre que calma... a otra madre.
Me acordé de ella y de su hijo, echado en el piso, dos días después cuando le hablaba a la amiga de mi hija.
Era fuerte el contraste, la vincha había caído en el mismo sitio en el que el joven había caído.
Y más allá de la singularidad de cada caso (de la segunda lectura que yo misma hice), me gustó sentirme revalidando las palabras que siempre había escuchado de chica.
-Las cosas van y vienen...
Agradecí haberme criado escuchándolas, hoy me gusta repetirlas.
¿Qué frase de su madre o padre revalidaron y repiten a conciencia?
Ejercitando mirada turística

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PD: ¡Que tengan un muy buen viernes! Como siempre, para contactarse por privado, me encuentran en FB.

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