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 • HISTORICO

Las sierras, por la ventanilla

Tren: el recorrido que realiza el que circula por el Valle de Punilla se ha convertido en un paseo incomparable para conocer bien algo de lo mejor de Córdoba.




CORDOBA.- Temprano, a la hora en que el sol empieza a templar el sereno barrio de Alto Verde, Angel llega primero que nadie a la estación Rodríguez del Busto silbando algún tango viejo. Allí se coloca la gorra oscura, supervisa con el sabor del mate amargo los últimos detalles y da la formal bienvenida al maquinista, que ni bien pone a echar humo la locomotora, se suma gustoso a la inspección y a la mateada.
Unos pocos minutos más tarde, cuando el reloj de la estación da las 8.30, Angel sacude la cuerda de la campana anunciando la partida. Con los últimos pasajeros todavía acomodándose y el andén agitado con saludos, la locomotora deja escapar un prolongado silbido que se propaga junto con el humo para donde decide el viento. Las ruedas comienzan a girar despacio y el Tren de las Sierras hace chirriar las vías dispuesto a perderse en la quietud serrana.
Su misión es adentrarse en el corazón palpitante del Valle de Punilla, trepar hasta los 1111 metros de La Cumbre y finalmente terminar en la localidad de Capilla del Monte.
Angel, que a esta altura es jefe de estación, guarda y guía turístico, cuenta que, desde sus comienzos, a fines del siglo pasado, el tren cubrió un recorrido que logró integrar los pequeños pueblos serranos con la próspera Córdoba. Habiendo agilizado tanto el comercio como el turismo, tuvo una rutina de salidas de casi un siglo hasta la clausura de 1977. El 19 de diciembre de 1993 el llamado trencito serrano retomó su trazado original y volvió a atravesar el agreste colorido de las sierras cordobesas.

Recorrida pictórica

A poco más de media hora de la partida, después de pasar la estación La Calera, comienzan a aparecer las elevaciones cada vez más altas y frondosas. Así es como la locomotora y los dos vagones se mezclan entre el verde esquivando los cerros hasta llegar al paredón del dique San Roque. El cuadro de las velas suspendidas en la quietud del agua y la fantasmagórica ciudad de Carlos Paz de fondo, merecen una parada que se saborea con la vista y con dulces regionales que son ofrecidos por unas monedas.
Poco después llega Bialet Massé y la imagen mística de la blanca iglesia de San Plácido en la ladera serrana, un túnel de casi 500 metros que oscurece el trayecto y una breve detención en el pueblo de Santa María. Ya en la ciudad de Cosquín el tren cruza el río homónimo montado en un puente que se eleva a 26 metros del balneario y que, a lo largo de sus 150 metros, ofrece una de las panorámicas más imponentes del trayecto.
Curvas en la altura, tramos por valles uniformemente sembrados y cursos de agua que acompañan a las vías son la constante mientras se atraviesa Punilla. Luego de superar la ciudad de La Falda, el ascenso se hace más pronunciado y la locomotora se aprieta a los rieles hasta alcanzar la máxima altura en la estación de La Cumbre. El tren entra en la ciudad bordeando la calle San Martín, realiza su parada de rutina y, juntándose con la orilla del río San Jerónimo, comienza su descenso suave. En minutos llega la localidad de Cruz Grande y el paisaje sorprende con algunas residencias que se asoman desde el verde de las cuestas. Poco después, Los Cocos, una de las zonas que conserva la naturaleza de la provincia.
Con el sol fuerte del mediodía cubriendo las Sierras Chicas, el trencito serrano comienza a disminuir la velocidad. La figura del cerro Uritorco hegemoniza el paisaje y el arribo a la estación de Capilla del Monte da por finalizado el viaje de ida. Tras una recorrida por los alrededores de Capilla, un nuevo silbido y una nueva campanada (16.15) anunciarán el regreso a la ciudad de Córdoba.
El Tren de las Sierras sale de la estación Rodríguez del Busto, de miércoles a domingos, a las 8.30; recorre 150 kilómetros y el boleto (ida y vuelta) en clase turista, es de 20 pesos. Se detiene en 23 estaciones y pasa por 36 puentes y 2 túneles y describe 432 curvas.
Jorge Benedetti

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