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 • HISTORICO

Los Alerces miden el paso del tiempo

Desde Esquel se puede ir a visitar el magnífico bosque de estos gigantes; una vuelta por Trevelin completa la excursión




ESQUEL.- Más alejados del turismo masivo y más cerca de la estepa patagónica, esta ciudad y Trevelin se presentan como dos opciones para el sosiego.
A 300 kilómetros de Bariloche, Esquel es la gran ciudad del oeste de Chubut, con 33.000 habitantes y un buen punto de partida para internarse en el Parque Nacional Los Alerces, el principal atractivo de la zona, que protege los más extensos bosques de alerces o lahuán, uno de los árboles de mayor tamaño y más longevos del planeta, que a principios de siglo corrían peligro debido a una explotación descontrolada.
La excursión más interesante que brinda el parque es recorrer el Alerzal, un circuito de trekking cerca del lago Menéndez, con muchos desniveles, que demanda una hora y media de caminata.

Tronco gigante

Sobre el final del trayecto se obtiene la recompensa: un enorme alerce que acusa 2600 años. La copa juega con las nubes, y el tronco, de 2,3 metros de diámetro necesita que ocho personas se tomen de la mano para poder abrazarlo.
Para llegar al Alerzal hay que hacer una caminata de 30 minutos hasta el puerto Chucao y tomar un catamarán que navega casi una hora por el lago Menéndez. A 20 kilómetros de Esquel está Trevelin, el pueblo de los molinos (tre: pueblo y velin: molino), aunque en el año 2000 son muy pocos los que aún siguen girando. El lugar se originó con la llegada de los colonos galeses, a fines del siglo XIX, que construyeron los primeros molinos harineros. Y así se fue desarrollando una floreciente industria del trigo, en Chubut.
Pero en la década del 40, una decisión gubernamental decretó zona no triguera del río Colorado hacia el Sur, y la industria desapareció. Para hacerle honor al nombre del pueblo en que habita, Mervyn Evans construyó, hace seis años, un molino harinero que funciona con el impulso que le da el agua proveniente de un arroyito, que nace al pie de los Andes a una rueda gigante.
Es totalmente ecológico, porque no contamina y, además, muy económico. El molino Nant Fach, tal como lo bautizó, se hizo realidad después de mucho tiempo. Comprender cómo funciona y conseguir las piezas le demandó nueve años. Pero la espera tuvo sus frutos: cada ocho horas el molino convierte 120 kilos de trigo en harina.
Junto al molino, Evans construyó un museo que relata la historia de Trevelin ambientado con mobiliario antiguo y tradiciones galesas.
El molino se puede visitar y ver cómo funciona todos los días, de 9 a 12 y desde las 14 hasta las 20. La entrada es de 3 pesos. Está sobre la ruta 259, en el Valle 16 de Octubre, a 20 kilómetros del centro de la ciudad.

Tulipanes y frutillas

Trevelin es un pequeño pueblo, de 7000 habitantes, casi todos descendientes de galeses y aborígenes que viven de la producción ganadera, de tulipanes y de fruta fina.
Una de los emprendimientos que se pueden visitar es Plantas del Sur, sobre la ruta 259, cerca del molino.
Se dedican a plantar tulipanes, que tiñen de colores el valle. Susana es la encargada de cuidarlos y venderlos. Los domingos hace visitas guiadas gratuitas y explica los secretos de las flores. Cada bulbo cuesta 50 centavos.
Tampoco habrá que irse de Trevelin sin haber probado el té galés. Es una infusión en hebras bien cargada, que se toma cortada con un chorrito de leche fría. Se acompaña con pan, queso, manteca y la tradicional torta negra. En las casas de té cuesta 10 pesos y hasta cumple la función de una cena.

La Trochita

Todo el Sur lo llama La Trochita y es un antiguo servicio ferroviario que, en determinadas épocas, está destinado a los turistas. El trencito es famoso porque circula por una trocha de 0,75 metros.
Durante el trayecto se puede admirar el paisaje por la ventanilla y observar los interiores de esta pieza del arte ferroviario. El recorrido es de 40 kilómetros y une Esquel con Nahuel Pan.

Sin acento

TREVELIN.- El nombre de esta población de tradición galesa despierta muchas dudas, porque la mayoría lo escribe y lo pronuncia con acento, cuando en realidad no lo lleva. Trevelin es una palabra de origen galés que significa pueblo del molino. Los pobladores la usan sin acento y entienden que, con tilde, se deforma su significado.
A la hora de disipar las dudas, y a modo de ejemplo, una persona oriunda de ese lugar comentó que cuando se la escucha con acento suena tan mal a los oídos como si se pronunciara Pálermo al tradicional barrio porteño. Sobre el tema también pudimos determinar que el uso correcto en castellano es Trevélin .

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