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 • HISTORICO

Mucha charla y nada de teatro en el Bronx

Por Arturo Puig Para La Nación




Mi primer contacto con Nueva York fue a causa de la repercusión de Nino , una novela que habíamos grabado en la Argentina en 1970. Como había tenido un gran éxito en toda América y en la zona latina de esta ciudad, un empresario nos invitó a participar en una obra de teatro. Fuimos con Gino Reni, Enzo Viena y otros actores peruanos. Así comenzó una experiencia muy interesante, que nos permitió conocer la ciudad y recorrer lugares a los que, como turistas, nunca hubiéramos accedido.
En esa época, el Bronx y Brooklyn eran zonas muy peligrosas, y nosotros trabajábamos justo ahí, en el centro del caos, presentándonos en salas como el Jefferson, San Juan o Río Piedras.
Allí conocí a Daniel Santos, un cantante de boleros que Gabriel García Márquez nombra reiteradamente en su novela Relato de un náufrago . El tipo era un personaje fantástico, y juntos salíamos a recorrer el barrio. Un día me invitó a tomar una copa en Happy Girls Casino, un pub latino en el corazón del Bronx. Eran como las 3 de la tarde y cuando entramos parecían las 5 de la mañana. Yo pensaba tomar un café, y más allá de la puerta había un cabaret con luces de colores y música de película. Algo impresionante.
En esos años, Nueva York era el epicentro del hippismo y las calles eran peligrosas. Al llegar, nos alojamos en el Taft Hotel -en la Séptima y 51 St.-, un edificio que ocupaba toda la manzana, con un hall grande como la estación Retiro y que, además, pertenecía a la mafia. Debo aclarar que nosotros pensábamos hacer una comedia muy simpática, pero no sabíamos bien a qué público iría dirigida. Hasta que un día llegó al hotel nuestro empresario, Alvarito Ortiz. El tipo se presentó con una 45 en el bolsillo y dos guardaespaldas. "Nada de eso -nos dijo-. El espectáculo es así: yo paso una película buena para que venga la gente. Después sigue una película mala para que se vaya. A continuación, presento la atracción musical a cargo de Daniel Santos con sus boleros, y finalmente salen ustedes y hablan."
De teatro, nada. Nuestro show se limitaba a conversar con el público sobre la novela, contar anécdotas y demás. Algo muy gracioso, porque al salir de la Argentina pensábamos actuar en Broadway, y terminamos haciendo eso en el Bronx.
Cada noche, cuando terminábamos la función, nos pasaba a buscar una combi que nos llevaba y nos traía para todos lados hasta llegar al hotel. Pero a la vuelta del teatro donde trabajábamos se habían peleado dos pandillas y el ambiente empezaba a ponerse áspero. Un día, mis compañeros me hicieron una broma y se fueron sin esperarme. Era pasada la medianoche, y cuando salí me encontré solo en medio del barrio. Primero pensé que aparecerían en cualquier momento, pero después de esperarlos un rato, acepté que no llegarían. Entonces, bajaron la cortina del teatro, y le pregunté al encargado cómo podía hacer para llegar al Downtown. "Mire, taxis no pasan-me dijo-. Va a tener que ir en metro." Me fui corriendo por el medio de la calle. Al llegar al andén no había nadie, y cuando por fin subí al subte, estaba repleto de personajes extrañísimos. Me puse a caminar por el interior abriéndome paso como podía y al final de un vagón me topé con un policía. Así que me acomodé como por descuido al lado suyo y así llegué sin problemas.
El autor es actor

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