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 • HISTORICO

Mujer al comando

Adrienne Torregrosa, piloto de helicóptero, cuenta sus vuelos por el mundo




De adolescente quiso ser paracaidista. El padre, asustado, prefirió inscribirla en un club de aviación para que aprendiera a volar y se olvidara del paracaídas. Allí descubrió su vocación, quería ser piloto de helicópteros. Y lo logró.
Adrienne Torregrosa, nacida en Granada, criada en Montpellier y desde hace unos años residente en Buenos Aires, es la única instructora de pilotos de helicóptero en la Argentina, con más de 2000 horas de vuelo como comandante y 20 años de experiencia. Actualmente trabaja en la empresa Hangar Uno, rodeada de colegas hombres donde también hace vuelos comerciales, traslados, toma de fotos y salidas turísticas.
Joven (de 38 años), de pelo muy largo y lacio, y con un acento francés que perdura, Adrienne recordó en el Aeropuerto Internacional de San Fernando, los tiempos en que fue piloto de helicóptero en la marina francesa, sus viajes y cómo encontró su lugar en una profesión eminentemente masculina.
"En la marina pude hacer dos cosas que me encantaban: volar y viajar, y si es por mar mejor. Navegábamos en el Juana de Arco, un puerto de helicóptero gigante. Querían saber cómo se comportaba una mujer embarcada para ser comandante de a bordo. Tuve todo tipo de misiones: rescates, traslados, cargas y descargas y hasta entrenamiento de buceadores."
El destino fue Asia. Con el Juana de Arco viajó por Arabia Saudita, India y Paquistán, hasta Filipinas. Se trajo miles de recuerdos, como el miedo a los piratas cuando estaban en alta mar y los tiburones que acechaban. "Cerca de Tailandia había barcos pirata; de noche nos encerrábamos en el barco por miedo a un ataque y denunciábamos todos los barcos sospechosos."

Otros rumbos

Hasta que renunció a la marina y se fue, junto con su familia, a vivir al campo en Uruguay, porque su sueño seguía siendo viajar y descubrir otros lugares.
"Durante cinco años prácticamente dejé de volar, pero quise volver. Acá, en Buenos Aires, hay más oportunidades."
-¿Es difícil para una mujer esta profesión?
-Es muy complicado. No te hacen la vida fácil, hay que pasar muchas barreras. Pero si uno tiene ganas de trabajar y demuestra motivación, las cosas van bien. Ser la primera instructora de la Argentina para mí es un gran desafío. Para muchos es la primera vez que se suben a un helicóptero; voy explicando de a poco todo.
-¿Alguna vez te pasó que un pasajero no se haya animado a subir?
-No, nunca. Al contrario, cuando ven que es una mujer la que está al mando a veces se sienten más tranquilos. Les parece que andamos más suave. Y es cierto, somos más tranquilas, tenemos movimientos más suaves. Soy muy conservadora, no soy para nada arriesgada; si llueve no salgo, espero que pare.
-¿Cuál es la ventaja del helicóptero en relación con el avión?
-Te sentís más libre, es más maniobrable, te da más posibilidades de aterrizar. Me gusta la utilidad del helicóptero. Podés aterrizar en un campo al lado de la casa, no necesitás pista.
Cuando llegó a la Argentina se enamoró del país. La inmensidad de la pampa y la imponencia del Sur la conquistaron.
"Acá descubrí algo diferente, es más aventura . Pasan cosas que nunca me hubiera imaginado, como el tema del combustible, no siempre se encuentra y hay que ingeniárselas para llenar el tanque."
La sorpresa fue grande cuando le tocó sobrevolar la pampa, el desierto para ella: "No hay nada; al principio te asusta".
A la pregunta de cuál había sido el mejor viaje no lo duda, prefiere los Andes. Aunque tuvo competencia: el sudeste asiático, St. Tropez, Mónaco, las islas griegas..., y la lista sigue, pero la verdad es que la monotonía del mar la agota.
"El cruce de Bariloche a Puerto Montt, en el sur de Chile, fue uno de los viajes más lindos de mi vida, era impresionante. Cruzar la Cordillera es algo mágico, la gente de Bélgica que llevé no lo podía creer. Crucé cuatro veces y cada una descubrí otra cosa, otro paisaje; es lo más lindo que vi. En la ruta austral, en Chile, se ven ríos de todos colores, glaciares. Los llevé a pescar, bajamos sobre el río y nos quedamos cuatro o cinco horas."
Pero la lista de los viajes pendientes todavía es larga: "Me gustaría conocer San Pablo, es algo sorprendente por la cantidad de helicópteros y helipuertos, aunque hay más riesgos de volar por la ciudad. También Rusia, y me encantaría pasar una temporada en la Polinesia".
Entre sus vuelos también lleva a turistas que quieren descubrir la ciudad desde el aire. "Vamos por los corredores turísticos, el Río de la Plata hasta La Boca y regresamos. El viaje dura 30 minutos, hay muchos extranjeros y también argentinos, que vuelven fascinados porque volar te saca el estrés."

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