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 • HISTORICO

Omán, un oasis calmo en la Península Arábiga

El pequeño sultanato se destaca por su tolerancia religiosa, paisajes vírgenes y porque cultiva un perfil bajo lejos de la ostentación de los emiratos vecinos y más cerca de conservar su cultura milenaria




Mientras el sol se esconde tras las montañas, media docena de turistas posa para un foto de grupo ante la valla metálica que protege el colorido palacio presidencial del sultán de Omán, a sólo unos metros más allá. La presencia policial es mínima en todo el complejo, y los pocos agentes desplegados muestran una actitud distendida. Esta postal es inédita hoy en cualquier otro país de Medio Oriente, una región martirizada por guerras civiles, sangrante contrarrevolución y el azote del yihadismo.
Con cuatro millones de habitantes y en un territorio del tamaño de Italia, Omán es una isla de calma en un mar de conflictos. En su historia reciente no ha padecido ningún atentado yihadista de relevancia.
Este sultanato es un lugar peculiar y no sólo por sus paisajes vírgenes y su cultura milenaria. En una península conocida por su rigorismo religioso, Omán se destaca por su tolerancia hacia todas las minorías religiosas, incluidas aquellas politeístas prohibidas en muchos países musulmanes. En una subregión, la del Golfo Pérsico, caracterizada por el lujo, la ostentación y el despilfarro, exhibe una actitud más bien modesta y recatada. En un Medio Oriente convertido tras la Primavera Árabe en una hoguera de odios sectarios y terrorismo ciego, el sultanato se destaca por su estabilidad política que, junto con su neutralidad en el tablero geostratégico regional, ha llevado a algunos a colgarle el mote de la Suiza de Medio Oriente.
Mascate, la capital, ha cambiado mucho desde los tiempos, no tan lejanos, en los que cada noche se cerraban las puertas de la fortaleza que la protegía de indeseadas invasiones y razias. Más allá de las montañas que abrigan su centro histórico, ocupado por el palacio presidencial y diversos edificios gubernamentales rodeados por estrechos callejones de antiguas casas, se extiende la ciudad nueva, con grandes avenidas y pulcros edificios.
La urbe parece recién construida. Y de hecho en parte así es. Hasta 1970, Omán era uno de los países más atrasados del mundo, sin una red de carreteras y donde estaban prohibidos algunos utensilios básicos de la vida moderna, como la radio. Gracias al descubrimiento de yacimientos de petróleo en su subsuelo y a la visión de futuro del sultán Qabús Bin Saïd, hoy figura entre los países con una índice de desarrollo humano elevado según la ONU.
"Nosotros no somos como los países vecinos, por ejemplo los Emiratos Árabes, que han construido ciudades futuristas pobladas de rascacielos y han destruido su patrimonio histórico. Queremos preservar nuestra identidad", explica Hassan Riyami, un joven empresario con varios negocios, entre ellos, el de organizar excursiones a los turistas. "Por eso, el sultán ha prohibido construir edificios con más de siete plantas en todo el país", añade orgulloso en un perfecto inglés, la lengua de los negocios. Este interés en preservar la rica cultura local se ha plasmado en la creación de un interesante museo, Bait Zabaid, que recoge preciosas puertas, cofres, joyas, instrumentos musicales y vestidos tradicionales de las regiones del país. Una visita a sus instalaciones es, sin duda, la mejor introducción al país.
Ahora bien, esta idiosincrasia propia no evita que, en otros muchos aspectos, Omán presente algunas características típicas de las petromonarquías del golfo, prósperos países edificados gracias a una mano de obra muy barata, a menudo explotada. Casi la mitad de los habitantes del país son inmigrantes, la mayoría originarios de naciones cercanas, como Paquistán, la India o Bangladesh. Ellos son quienes construyen las autopistas y sirven cafés en todos los bares y restaurantes. Y es gracias a ellos, junto con un sistema educativo de calidad, que los turistas pueden moverse por el país sin problemas utilizando sólo el inglés. El sueldo de los inmigrantes que trabajan en la construcción o el sector de los servicios es de sólo unos 125 euros al mes y no tienen derecho a ninguna prestación social, incluida la sanidad pública.
Del zoco al mall
El tránsito a la vida moderna ha implicado la sustitución del zoco tradicional de Mascate, situado al lado del agradable paseo marítimo, por los malls americanizados, santuarios del consumismo globalizante. Las tardes de los fines de semana es incluso difícil encontrar estacionamiento en sus mastodónticos parkings. Puesto que los acaudalados omaníes disponen de automóviles, el transporte público es prácticamente inexistente en el país. Es más fácil divisar un delfín en las costas del país que un autobús en sus carreteras. Por ello es altamente recomendable alquilar un coche para visitarlo. La alternativa pasa por utilizar la misma red de transportes de los inmigrantes, como los taxis compartidos que conectan las principales ciudades del país. En Mascate, los taxis y escasos autocares de línea se encuentran en la estación de Burj al Sahwa. Obviamente, este medio es menos cómodo, pero abre la puerta a otra visión del país.
La ciudad de Sur es uno de los más habituales destinos turísticos de Omán, pues su región ofrece algunos de los paisajes más bellos. En unas paradisíacas playas cercanas desovan las tortugas, convertidas en una de las principales atracciones turísticas del país. Hacia el interior se extiende el desierto de dunas de Sharquiya. Una noche al raso, bajo su cielo estrellado, es un auténtico placer, por desgracia limitado a los bolsillos más acomodados. Y es que, acostumbrados a recibir ricos turistas occidentales residentes en los Emiratos, las compañías turísticas ofrecen unos precios desorbitados. Una noche en el desierto saliendo de Mascate, a apenas unos 300 kilómetros, asciende a más de 300 euros por persona. Alquilar los servicios de un 4x4 con chofer desde Sur puede costar hasta 70 euros la hora.
Más impresionante que las dunas de Sharquiya son algunos de los wadis, auténticos oasis entre montañas, que jalonan el camino entre Sur y Mascate. El más conocido es Wadi Beni Khaled. Un arroyo nace entre las montañas y va descendiendo hacia la llanura formando pequeñas piscinas naturales de agua transparente y una suave corriente. En ellas viven unos traviesos pececitos cuya dieta incluye las pieles muertas de aquellos pinreles de los turistas capaces de superar el recelo inicial. En algunas capitales occidentales se han puesto de moda los establecimientos que incluyen sesiones de pedicura natural con estos animalitos. En Omán son completamente gratuitas. Recorrer a nado una parte del recorrido del arroyo, entre rocas y desfiladeros, es una experiencia mágica.
Sur es también célebre por poseer la última dársena que construye de forma tradicional los dhow, las ovaladas embarcaciones del Golfo Pérsico hechas de madera. En su taller, una docena de trabajadores, todos extranjeros, trajina alrededor de un gigante esqueleto náutico. "Hace 20 años había 7 compañías. La competencia de las fábricas modernas de Dubai y el desinterés de los jóvenes por un trabajo arduo y mal remunerado nos ha dejado solos", lamenta Jumaa Bin Jassim, el propietario de la empresa, un anciano que desafía el paso del tiempo tiñéndose el cabello con la rojiza henna. En función del tamaño, su construcción dura entre 9 meses y dos años. No hay manera de arrancarle el precio aproximado al astuto empresario. "No se lo puedo decir. Es un secreto", apunta con la cabeza apoyada en su bastón.
Nizwa, ciudad espiritual
La segunda ciudad más poblada del país es Nizwa, capital de un antiguo imperio marítimo que extendió sus posesiones hasta la isla de Zanzíbar. De aquella época, el siglo XVII, data su imponente fortaleza, todo un prodigio de la arquitectura defensiva y que se ha convertido en uno de los símbolos del país, reproducido en varios billetes junto con la omnipresente efigie del sultán Qabús. A unos 50 kilómetros se encuentra la ciudad de Bahla, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco gracias también a su castillo medieval.
Nizwa es aún la capital espiritual del país y corazón mundial del ibadismo, religión mayoritaria en Omán y la tercera rama del islam, mucho menos conocida que la suní o chií. Con más de 1300 años de historia, el ibadismo, presente sólo en Omán, Zanzíbar y de forma marginal en el Magreb, se caracteriza por escoger sus imanes a través del consenso de la comunidad. La existencia de esta escuela de pensamiento explica que, a pesar de ser un país de moral conservadora, las minorías disfruten de una plena libertad de culto.
"A diferencia de otros países de la región, aquí no tenemos problemas para practicar nuestra religión. Hay templos hinduistas por todas partes", comenta el Aabheer, un veterano emprendedor indio que vive en el país árabe desde hace más de 15 años, en pleno viaje a Nizwa en un taxi compartido. La tolerancia de Omán, un país relacionado con el mar, se explica también por su larga historia de contactos con otras culturas. No en vano, la deliciosa gastronomía tradicional del país es una fusión de platos árabes e indios, y algunos de sus dialectos incluyen una profusión de palabras de las lenguas persa, india, suahili y baluchi.
En ningún lugar es tan evidente este carácter mestizo como en la península Musandam, un enclave omaní en territorio de los Emiratos en el cabo del estrecho de Ormuz al que hasta unos pocos años sólo se podía llegar por barco. Su dialecto incluye tantas palabras de origen foráneo que es incluso incomprensible para un árabe. La península es un lugar peculiar gracias a sus espectaculares fiordos, una cadena de montañas infiltrada por las aguas marinas y poblada por simpáticos delfines y corales. También es única la región de Dhofar, al sur del país, pegada al Yemen, única franja de la desértica Península Arábiga atravesada cada año por el monzón, y por lo tanto coloreada de un verde exuberante en otoño.
A pesar de la modernidad, Omán no ha perdido del todo su aire misterioso a ojos de los occidentales. Y para muestra, su sistema de elección del sucesor del sultán Qabús, enfermo de cáncer y sin descendencia. Según la ley básica de 1996, tres días después de la muerte del septuagenario monarca se deberá reunir un consejo formado por varios miembros de su familia con el fin de acordar el nombre del heredero, siempre de la misma dinastía. En caso de no llegar a un acuerdo se abrirá un sobre sellado por Qabús que contiene la elección de su sucesor, un toque stendhaliano para un país de estructura medieval hasta el boom del oro negro.

Datos útiles

Cuándo ir
La temporada alta en Omán va de noviembre a marzo, pues en verano las temperaturas tórridas disuaden a los turistas de visitar el país. De hecho, algunas compañías de viajes incluso cierran sus puertas. En Muscate, por ejemplo, los termómetros superan los 45°C en julio. Un buen momento para viajar es en octubre o abril, pues la temperatura aún no es extrema y hay pocos turistas. En el caso concreto de la región de Dhofar, y su capital Salalah, el mejor período es entre septiembre y octubre, pues un manto de vegetación verde exuberante cubre sus campos y montañas tras el paso del monzón.
Dónde alojarse
Hotel Beach Muscat: prácticamente en primera línea del mar, en la playa de Qurm, este hotel de tres estrellas es una buena opción de alojamiento económico en Mascate. Es limpio, posee una piscina y todas sus habitaciones cuentan con aire acondicionado. Además está bastante cerca del aeropuerto y de una zona comercial con restaurantes. Dirección: 86, PC 134, Muscat. Tel.: +968 24696601. Email: reservations@beachhotelmuscat.com
Hotel Khasab: en la península remota y virgen de Musandam, este hotel es una de las pocas opciones de alojamiento con un precio razonable. Cuenta con un servicio de recogida del aerpuerto gratuito y su personal es muy amable. Es posible encargar desde el hotel excursiones en barco y Jeep. El establecimiento posee una piscina, pero es más recomendable ir a una playa cercana con el chofer a disposición de los clientes por unos 5 euros. Tel.: +968 267 30 267-271. Página Web: www.khasabhotel.net. E-mail: khoman@omantel.net.com
Dónde comer
Restaurante Bin Ateeq: con establecimientos en las ciudades de Mascate y Nizwa, esta pequeña cadena de restaurantes es una de las preferidas por los locales por su menú de comida tradicional y su ambiente familiar. Cada grupo de comensales dispone de una sala exclusiva y como manda la tradición se come en el suelo, sentado en una almohada. Especialmente recomendable su sopa de curry de coco. Normalmente no es necesario reservar con antelación. Dirección en Mascate: Al Khuweir Service Road. Tel.: +968(0)24478225.
Restaurante al-Shamaliah: en la calle principal de Khasab, muy cerca de la mezquita, este es el establecimiento preferido por los locales. Su especialidad es el pescado y la carne al grill, pero cuenta con los platos típicos del país, la mayoría con una fuerte influencia de la gastronomía india, si bien en su versión menos picante. Una mención especial merece su pan, delicioso. El local es espacioso y no es necesario reservar. Tel.: +968 26730477.

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