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 • HISTORICO

Retrato de Chartres, una ciudad que ilumina

Esta célebre villa medieval, 89 km al oeste de París, ofrece una impactante fiesta de luces a cielo abierto que dura los cinco meses de aire cálido




CHARTRES.- Quien dice la ville lumière piensa en París. Pero no. Esta vez es Chartres.
Bella con brillo propio, la ciudad medieval que eleva las agujas de su célebre catedral 89 kilómetros al sudoeste de la capital francesa ha sido luminosa en espíritu durante su larga historia, en buen sol en cuanto abre la primavera y, desde hace siete años, le ha agregado a sus noches de verano el esplendor de una fiesta sin par, en la que los frentes de sus legendarios edificios y sus más novelescos rincones cobran vida y movimiento, por arte y gracia de una coreografía con música, luz y color que se anima, simultáneamente, en 26 puntos de la ciudad cuando la oscuridad se completa. Un recorrido sorprendente en el que se van tiñendo con focos intensos las sombras, haciendo que aparezcan, en un hechizo inteligente y fantástico, los relatos de los siglos que la luz del día esconde.
Todas las noches del buen tiempo boreal (comenzadas el 26 de abril y hasta el 18 de septiembre) cuando cae el sol y las estrellas aprueban, Chartres en lumières se enciende. Entre las 21.30 y la 1, el espectáculo a cielo abierto diseñado por el escenógrafo Xavier de Richemont se sucede en animaciones lumínicas de entre 5 y 12 minutos, según el lugar, que se reinician constantemente para nuevos espectadores. Así, una deslumbrada caminata por callejuelas y plazas, por los pequeños puentes y la ribera de cuento que traza el Eure, si se completa el circuito, mantiene el asombro de los visitantes por más de dos horas.

Siluetas del pasado

En una ciudad que comenzó a organizarse como tal desde el siglo III, que conserva decenas de casas de mampostería y madera construidas en el siglo XII. alineadas como entonces en callejuelas que bajan la colina desde el barrio alto al río, con sólo saber qué tipo de artesano trabajó en ese patio y qué lavanderas cantaron en ese remanso casi se los puede ver, a pleno día, sin trazas del tiempo transcurrido. Es fácil entonces entrar en el hechizo de ver cabalgar las sombras de cuatro caballeros en la Rue des Ecuyers, y las siluetas de las órdenes religiosas deslizándose por la Rue Saint Pierre. Entretanto, en el frente de la misma iglesia, de Saint Pierre, una escena de caza medieval se desarrolla mientras en el campanario aparece el erudito obispo Fulbert (960-1028) y los vitraux brillan desde adentro.
Sólo basta con seguir la calle abajo para encontrarse en el puente San Hilario con el holograma de un pescador que tira su línea y el de un chiquillo del siglo XIV que corre a su perro como lo haría hoy su descendiente, al tiempo en que, en un recodo del río, las manos de las lavanderas sumergen y enjuagan la ropa de su lejana jornada.
Escenas de pintura flamenca cubren la iglesia Saint Aignan; en la plaza del Cisne los visitantes callan mientras escuchan los ruidos del bosque, y en la fachada del Museo de Bellas Artes, piezas raras de la cultura polinesia, donadas por un gobernador de ultramar, cuando ultramar era colonia, salen y muestran su exotismo como lo hicieran a fines del siglo XIX ante aquellos europeos todavía orgullosos de su sueño imperial.
También los objetos de una interminable subasta surgen del edificio de la Galería de Chartres. Durante 8 minutos, como de una enorme caja de Pandora, al ritmo del martillero y de la música de Frédéric Ozanne, muñecas de porcelana, escritorios antiguos, cuadros, alfombras y multitud de piezas de arte se escapan de la fachada, vuelan al cielo y finalmente se acumulan en la penumbra de un antiguo porche vecino.
Ravel, Manuel de Falla y Debussy acompañan las gigantografías de afiches de estilo simbolista y pinturas de Klimt y Alphonse Mucha, sobre el frente art déco del gran edificio de la Mediateca. La fachada del teatro, con fondo de arias de ópera italiana, se va poblando por la orquesta, la prima donna , los cantantes y bailarines, en un homenaje al bel canto.
Tributos, recuerdos y fantasmas dibujados con movedizos chorros de luz ocurren en todo el circuito central, pero la joya de la ciudad es, sin duda y desde siempre, en cualquier circunstancia, la muy hermosa catedral.
Construida bajo la advocación de la Virgen (Notre Dame de Chartres), su enorme presencia no pesa, impregnada de un gracioso y claro espíritu femenino que ya desde muy antiguo habitaba el lugar. Tan bella es entre las bellas que, en 1979, fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad.
En ese punto, el más alto de la colina de esa región del valle entre el Eure y el Loire, se dice que en el principio había una gruta y una vertiente natural. Según indicios, desde tiempos anteriores a la era cristiana se levantó allí un altar dedicado a la mayor deidad femenina de la mitología druídica, la diosa madre, como un importante centro religioso celta; en este caso, de la tribu de los carnutes, de cuyo nombre deriva Chartres. Centinela en las alturas, en el siglo IV el punto de veneración fue la iglesia galorromana; en el VI, merovingia, y en el IX, incendiada, renació en estilo carolingio y recibió, como espaldarazo y consuelo a la ciudad, por parte del rey Carlos el Calvo, una reliquia traída de Tierra Santa: nada menos que una túnica de seda blanca atribuida, con ilusión, a la Virgen María, que desde entonces atrajo el flujo estimulante, para la fe y la economía, de cientos de peregrinos.
Otro incendio, pero con una reliquia por proteger, lanzó a la reconstrucción, en el siglo XII, a toda la población. Nuestra Señora de Chartres, en menos de 30 años, resucitó en estilizado gótico, con un interior espléndidamente iluminado por 175 vitrales que se conservan hoy como por milagro y por el enorme cuidado de los sucesivos ciudadanos (en la Segunda Guerra Mundial fueron desmontados y guardados hasta que el último peligro de bomba pasó), y hoy son ampliamente conocidos como los más hermosos del mundo.

En la Puerta Real

Tres proyectores de video con la última tecnología searchlight tipo DCA (como los que se utilizan en el descenso de aviones de guerra y dotados de un sistema para tonalizar la luz desarrollado especialmente para este caso) se ubican a 77 metros de la fachada oeste de la catedral. Ante la Puerta Real -así llamada por los reyes del Antiguo Testamento que la flanquean, entre los que se incluye, gracias a este amigable entorno femenino, una estilizada y sonriente reina de Saba, llamada la Gioconda de Chartres- los potentes haces pintan el frente con una precisión tal que se diría que la magia existe, es la excelencia. Los colores son fuertes, como dicen que lo eran los de la policromía original de las figuras.
Cada una de esas lámparas de gas de xenón tiene 6000 vatios y cuesta 2000 euros, y cada enorme proyector -de 300 kg-, 80.000 euros. El equipamiento completo para el gigantesco hechizo de la ciudad es de diez megaproyectores de 6 kW; diez de 4 kW; tres videoproyectores de 30.000 lumen; uno de 20.000 lumen; 120 proyectores estándar y 15 computadoras dedicadas a dirigir ese ejército mecánico. Semejante movilización le cuesta al municipio 700.000 euros al año..., y tiene rédito.
El último año de Chartres iluminada (todas las noches de verano) atrajo a 800.000 visitantes, y el final que busca la apoteosis, la Fiesta de la luz ( Fête de la Lumière ), que en 2010 será el 17 y 18 de septiembre, 300.000 visitantes en dos días. Algo sin duda esplendente, para activar el comercio en la ciudad que supo reinventarse tantas veces como le fue necesario, y con la mayor elegancia. Hoy, además de ser la ciudad de la luz , es la del perfume (acapara las fábricas más importantes de cosmética y perfumería de Francia) y la de la industria de precisión. Brillante, Chartres.
Por Laura Linares
De la Redacción de LA NACION

DATOS UTILES

Cómo llegar

Desde París. 89 kilómetros al sudoeste de la capital, Chartres está a una hora de camino en tren o automóvil. Por tren, cada hora parte uno de la estación Montparnasse, cabeza de línea del TGV Atlántico. En auto, autopistas A6, dirección Bordeaux-Nantes, para después tomar la A10 y A11, o por la ruta D910, dirección Rambouillet. Punto GPS: 48°26.801 Norte, 1°29.147 Este.

Más información

  • Cuando cae el sol, a las 22, y hasta el 18 de septiembre, se ilumina el recorrido y comienza la animación, que permanece y se repite hasta la 1.
  • Dos portales con información destacada son www.chartresenlumieres.com , dedicada al espectáculo lumínico, y www.chartres-tourisme.com , sitio oficial de turismo.

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