Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

Sueños eclécticos

En Sintra, Portugal, el interior del Palacio da Pena despliega los más diversos estilos arquitectónicos




En una nota anterior, me referí a la construcción del Palacio da Pena (Sintra, Portugal), ordenada por Fernando de Saxe-Coburgo-Gotha, y a las características de su fachada. Los sueños románticos del príncipe que, más tarde, habría de convertirse en rey, cobraron cuerpo en esa extraordinaria residencia en la que conviven los estilos arquitectónicos más diversos.
Cuando se recorre el interior, se tiene la impresión de pasar revista a la historia del arte y a distintas civilizaciones. El comedor del palacio, donde Fernando y su esposa, la reina María II, comían en la intimidad, había sido anteriormente el refectorio del antiguo convento de los Padres Jerónimos y sobre cuyas ruinas se levantó la residencia de verano de los monarcas portugueses en el siglo XIX.
Se trata de un espacio pequeño no muy distinto de lo que deben de haber sido los comedores de la alta burguesía lusitana. La intención de Fernando y de María era escapar en Sintra de la pompa oficial. De modo que a pesar del aspecto imponente del exterior del palacio, las habitaciones son más bien pequeñas y el espíritu que las preside es el mismo que podría haber presidido el hogar de una rica y cultivada familia portuguesa.

Encanto árabe

El cuarto de la soberana llama la atención por los estucos de inspiración árabe. Todo lo que tenía que ver con el islam despertaba a mediados del siglo XIX los anhelos de exotismo de los viajeros, de la aristocracia y de los artistas. En los castillos y residencias señoriales abundan los ejemplos de esa inclinación por todo lo árabe, por todo lo morisco, por todo aquello relacionado con Turquía. El norte de Africa, por ejemplo, era una región predilecta de vagabundeo para los europeos ricos y aventureros. Cuando regresaban a sus hogares, no sólo traían souvenirs, también se hacían construir o decorar una sala a la manera que habían visto en aquellas tierras lejanas. Era inevitable que los soberanos hicieran levantar una Sala Arabe.
En ese refugio islámico, donde abundan las pinturas que representan a guerreros montados en los famosos caballos árabes, uno se creería en la casa de un príncipe oriental; por cierto tampoco faltan en las columnas, en las arcadas, reminiscencias de los palacios venecianos en los que se mezclan el gótico y los detalles moros. En la capilla del palacio, Fernando, cuyos orígenes eran germanos, hizo colocar un magnífico vitral que representa a Nuestra Señora da Pena, a San Jorge, al rey Manuel I, y al navegante Vasco da Gama. Acostumbrado a la perfección de los artesanos alemanes especializados en estas labores, Fernando encargó el trabajo a una firma de Nüremberg. Pero lo más valioso de ese espacio reservado a la fe es el espléndido retablo de Nicolas de Chanterenne.
Los que gustan del bric-a-brac , de la acumulación de objetos decorativos de distinto tipo, tan típicos del siglo pasado, satisfarán sus inclinaciones en el Salón Noble, el más importante del palacio, que estaba reservado para las recepciones que, en el castillo, tenían un tono más bien informal. Hay muebles portugueses, franceses, ingleses, chinos, de la India, porcelanas de Meissen, de Sévres, de China, de Japón, de la Compañía de Indias, espejos de cristal de Bohemia, de Murano. La espléndida araña y los negros que sostienen las antorchas del Salón Noble muestran una vez más la influencia árabe.
Una de las curiosidades del palacio es la Sala de la India. El mobiliario es de teca, muy trabajado. Parecería que los artesanos indios hubieran trabajado las sillas, las mesas, como si se tratara de encaje. Todas esas piezas fueron adquiridas a trabajadores de las orillas del Ganges y llevadas a Portugal.
También resulta muy llamativo el cuarto de baño de la reina Amelia, con sus boiseries. Dentro de ese ámbito tan íntimo, cualquier utensilio, cualquier elemento destinado a la higiene, se convirtió, de manera supuestamente sublime, por obra y gracia de los decoradores de gusto kitsch, en cisnes que baten sus alas.

La moda y la naturaleza

Para los caminadores, el parque del palacio ofrece numerosos itinerarios que abundan en sorpresas. Desde las torres se puede ver el conjunto de doscientas hectáreas en las que los soberanos portugueses buscaban el contacto con la naturaleza; por cierto, una naturaleza no del todo virgen, en la que, de tanto en tanto, se levanta un pabellón, una gruta, un puente.
Aunque los miembros de la familia real de Braganza amaban todo lo natural, no podían evadirse de las modas. La naturaleza se les presentaba siempre sabiamente aderezada, modificada por la mano del hombre.
La ilusión de encontrarse perdido en medio de un bosque no debía cobrar el carácter de una alucinación. Por lo tanto, durantes sus paseos, en lugares cuidadosamente estudiados, los nobles señores hallaban un banco propicio para la ensoñación, para meditar líricamente, o simplemente para descansar las piernas. También hay pérgolas, pequeños jardines, esculturas y el Templo de las Columnas, un edificio que servía para cobijarse de una tempestad imprevista.
No se trata de la única construcción de importancia en el parque, también está la Casa do Regado que fue erigida por Fernando II (viudo desde hacía quince años), en 1868, para albergar reuniones campestres. Este edificio hoy es conocido como Chalet de la condesa , porque el rey lo destinó a su segunda esposa, la condesa de Edla. Rosas, camelias, rododendros, raras especies de flores y de árboles, invitan a respirar profundamente el aire puro, vivificante del excepcional Parque da Pena.
Por Hugo Beccacece
De la Redacción de La Nación

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

Método Pathwork: ¿qué es y de qué se trata esta técnica de transformación personal?

Método Pathwork: ¿qué es y de qué se trata esta técnica de transformación personal?


por Euge Castagnino
Tapa para OHLALÁ! de junio con Stephie Demner

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.