Cuando hablamos de maquillaje de ojos, hay un truco infalible que usan los maquilladores profesionales: aplicar la teoría del color. En términos simples, consiste en elegir tonos opuestos o complementarios al color del iris para crear contraste y lograr que la mirada resalte de forma natural.
La buena noticia es que no hace falta ser experta para ponerlo en práctica. Con algunos tonos clave, podés transformar tu maquillaje diario y lograr un efecto mucho más impactante.
Ojos marrones: los más versátiles
Los ojos marrones tienen una gran ventaja: combinan con casi todos los colores, lo que permite jugar con distintas paletas según la ocasión.
Ojos verdes: el contraste que los hace vibrar

Los tonos topo, marrones suaves y beige funcionan perfecto porque aportan definición sin competir con el color del iris. - Getty
El objetivo cuando se trata de ojos verdes es potenciar su pigmento natural y lograr que ese tono tan particular se vea todavía más luminoso.
Ojos azules: el poder de los tonos cálidos
Para que los ojos azules se destaquen, la clave está en contrastar su frialdad con colores cálidos.
Ojos miel o avellana: los que cambian con la luz

Los ojos miel o avellana tienen una característica única: pueden variar según la iluminación y suelen tener destellos dorados o verdosos. - Getty
Los ojos miel o avellana tienen una característica única: pueden variar según la iluminación y suelen tener destellos dorados o verdosos.
El truco universal que nunca falla
Más allá del color de ojos, hay un consejo que siempre funciona: sumar un punto de luz en el lagrimal o en el centro del párpado. Este gesto simple ilumina la mirada y hace que cualquier color se vea más vibrante.
También es importante recordar que el maquillaje no tiene reglas rígidas. La teoría del color funciona como una guía, pero el mejor resultado siempre aparece cuando probás distintos tonos y descubrís cuáles te hacen sentir más cómoda y segura.












