
Este es el mundo de la artista plástica Casiana Flores. Es un universo de verde y arte, que se traduce en la deco de la casa. Comprada por sus padres hace años, hubo un tiempo en que la compartió con su hermano, pero hoy la disfruta ella sola.

O no tanto, porque vive con su perro, Cecilio, y recibe a dormir amigos y a sus papás, que viven en Uruguay y la visitan cada tanto. Es un refugio muy personal, con plantas y pinturas por todos lados, varias propias, otras heredadas.

Incluso hay cuadros que son producción de dos “bandas de pintura” que armó junto con dos amigos: Franco Stella y Agustina Gutiérrez. Con él hizo obras inmensas; con ella, minúsculas. Es que todo en esta casa cuenta el arte como una relación humana, próxima, con la que uno se conecta, donde se puede vivir.
vista abierta

Este es su rincón preferido, porque conecta directamente con el patio lleno de plantas. Siente el perfume del verde, el solcito que entra sin permiso y el viento cálido, de estos días, que la inspiran. En las páginas anteriores, su taller: un espacio ciento por ciento arte, con el piso manchado de pintura y muchos cuadros. Varios, de Cecilio. “Me gusta que esté caótico y desordenado. Cuando pinto, me pongo ropa que no me importe manchar, me preparo un té y me meto en mi mundo”.
granny chic

El comedor es un popurrí equilibrado de muebles, objetos y arte heredados. En la escena, siempre hay té. Y cuando recibe amigos, lo prepara en vajilla antigua. Ahora, que los días están más lindos, prefiere juntarse afuera, poner un lindo mantel, velas, copitas, música y asado. Para las fiestas, se va a Uruguay.
alma floral

En el patio, una mesa y un sillón viejo arman un universo de sosiego y creatividad entre las plantas. “Tengo orquídeas, que riego todo el día con vaporizador”, como una especie de terapia que se agrega a la del arte. En cada rincón, hay un toque verde, natural o pintado. Como en el sector de los dormitorios, al que sumó arreglos bien coloridos (La Florería) y cuadros con paisajes. En el baño, sobre la pared oscura se recortan las siluetas blancas de dos galgos de cerámica.
el buen descanso

El cuarto de huéspedes se armó en torno a una cama heredada y un juego de mesas de luz compradas en anticuarios. En el entrepiso –que se sumó en una reforma– está su propio cuarto, con un cuadro imponente que le regaló su abuela y siempre amó. Más flores en los mantones de Manila: ¿quedan dudas de que en esta casa vive una mujer?
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Soledad Avaca Cuenca Es licenciada en periodismo, redactora y productora deco para OHLALÁ!
