La película está basada en hechos reales. Eso se aclara desde el primer minuto y, además, resulta evidente enseguida: Canelones está escrita por Hernán Casciari, quien es el protagonista y está interpretado por Darío Barassi; transcurre en Mercedes, la ciudad donde nació y creció el escritor, y su mejor amigo de la vida real, Christian "Chiri" Basilis, quien no solo tiene un papel central en la ficción —actuado por Agustín "Rada" Aristarán— sino que también codirige la película junto con Ana Laura Gussoni. Todo encaja perfectamente... hasta que la historia empieza a hacer unas piruetas sorprendentes sin dejar de ser verosímil y entonces, indefectiblemente, el público empieza a preguntarse: ¿esto pasó de verdad?
Esa misma pregunta le hicimos a Basilis, guionista, productor y uno de los históricos colaboradores de Casciari en el proyecto Orsai. Su respuesta aclaró algunas cosas, aunque no tanto:
—Hay un poco y un poco. La película tiene mucho de real, con cosas que nos sucedieron realmente; es una mezcla de varias de las noches que pasamos juntos condensadas en una. Es como un rompecabezas o un pequeño Frankenstein que se fue armando con agregados de partes adaptadas para que la ficción pueda funcionar. Los límites de hasta dónde es real y hasta dónde no, son difusos.

—¿Qué onda verte y dirigirte a vos mismo en la pantalla?
—Al principio, Agustín (Rada) me preguntaba si lo estaba haciendo bien, y yo siempre le dije que no era una biopic mía, que su personaje tenía que ser funcional a la historia. Como codirector, me desprendí absolutamente de que era yo el que estaba ahí; en la vorágine del rodaje lo trabajé como un material más. Además, con Hernán que es conocido sí buscamos que Barassi tuviera una similitud, una energía parecida. En mi caso no.
—¿Vos elegiste que Rada haga tu personaje?
—No, lo decidió la comunidad de productores asociados; Rada estuvo entre algunos actores propuestos y terminó ganando él. Fue un casting que se resolvió por el voto entre los socios productores.

—Figuran en el cartel 5.495 productores asociados. ¿Cómo funciona este modelo de producción por crowdfounding donde los aportantes toman decisiones tan importantes?
—Es algo que venimos aplicando desde 2010 con la Revista Orsai, sin publicidad ni subsidios, financiado por la comunidad. Trasladamos el modelo a lo audiovisual cuando hicimos la película La uruguaya y funcionó. En el caso de Canelones, los 5.495 socios productores no solo pusieron plata, sino que algunos participaron como extras y casi todos tomaron decisiones: desde el elenco y hasta el formato final. En definitiva es por lo que eligieron que hoy estrenamos en cine, porque el proyecto era otro...
—¿En qué sentido?
—Originalmente, la historia estaba concebida como una miniserie de cuatro episodios, pero a raíz de algunos comentarios que recibimos, consultamos con la comunidad si creían que era mejor adaptarlo a un formato de película. Se votó y ganaron los que querían que fuera película; volvimos a la sala de edición, comprimimos el cuento, le sacamos 14 minutos, armamos una película y así quedó.
—¿Vos qué votaste?
—Yo había votado por que quedara como miniserie, pero a juzgar por el resultado final, la mayoría tenía razón.
Una larga noche en Mercedes
Todo sucede en apenas unas horas, pero alcanza para que una vieja broma "pesada" adolescente vire a tragedia con graves consecuencias. En Canelones, el secuestro de Chichita —la madre de Casciari— funciona como disparador de una historia donde el absurdo nunca termina de despegarse de la realidad, y esa ambigüedad es parte de la gracia.

La película se hamaca entre el suspenso y el humor negro. Las actuaciones son geniales: Verónica Llinás brilla como Chichita, mientras que César Bordón compone a un Daniel inquietante, perfecto como su antagonista. Por su parte, funciona muy bien la química entre Darío Barassi y Rada. Todo esto está apuntalado por la música de Gustavo Pomeranec, que acompaña con tino la tensión dramática y la catarsis.
—¿Rodaron realmente en Mercedes?
—Sí, la mayor parte de los exteriores son en las mimas calles por las que anduvimos nosotros de chicos y soñamos con algún día contar historias, hacer una película como esta... Con Hernán fuimos juntos a la escuela, hicimos una revista estudiantil, un documental en VHS en la adolescencia. Somos una supla creativa de toda la vida, desde antes de Orsai.
—Esta fue la primera película que dirigiste, ¿cómo fue la experiencia?
—Muy buena. Como yo vengo de escribir los guiones, necesité rodearme de gente con mucha experiencia. Ahí fue fundamental Ana Laura Gussoni, mi compañera de dirección. Ella tiene un conocimiento del set y un manejo de equipos espectacular por haber sido asistente de dirección durante años; fue clave para que esta película existiera.

—Finalmente, ¿por qué decís que estuvo bueno que tu "voto no positivo" fracasara y que Canelones hoy esté en pantalla grande?
—Porque lo que le sacamos quedó claro que era información que sobraba y, al comprimirla, la historia ganó. Ahora, con el diario del lunes, me alegra mucho que sea película.
—Además, en un contexto de la industria cinematográfica donde el recorte de subsidios hace que la producción esté muy frenada, este modelo plantea una alternativa posible.
—Bueno, sí, este experimento demuestra que si se juntan muchas voluntades se pueden hacer cosas por fuera de los modelos estándar. Notamos que hay muchas ganas de la gente de juntarse para hacer cosas, como una necesidad. En un momento donde hay menos posibilidades de hacer cine y todo está muy estandarizado, esta es otra posibilidad.
Mirá el trailer de la peli
Carola Birgin Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA, ejerce el periodismo desde 1997 y trabaja en LN desde 2009. Fue Secretaria de Redacción de la revista OHLALÁ!, Editora del Suplemento Moda Belleza y hoy es editora digital del grupo de revistas.
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