C uando pensamos en los consumos culturales es imposible quedarnos con una idea fija y única sobre cómo se debe leer un libro, mirar una serie o disfrutar de una película. Y si bien hay prácticas que está bueno poner en cuestión —por ejemplo, la doble pantalla o el consumo en x2 en Netflix—, al mismo tiempo existen ciertas posturas que tienen olor a viejo. La pintura veía con malos ojos a la fotografía; el cine catalogaba de “caja boba” a la televisión; y al lector de papel, los dispositivos digitales le parecían un horror.
Situación que hoy se repite con las ficciones verticales versus la experiencia de mirar una serie o película en pantalla grande HD. Entonces, quizá la pregunta no esté tan centrada en el formato, sino en qué se está haciendo con él y hasta dónde las nuevas audiencias necesitan propuestas diferenciales.

The Double Life Of My Billionaire Husband.
No hablamos de un fenómeno nuevo
El mundillo de las ficciones verticales es menos novedoso de lo que creemos y, de hecho, tiene antecedentes asiáticos que se remontan a finales de la década de 2010. Uno de los favoritos viene de las novelas gráficas: plataformas como Webtoon transformaron la típica narrativa horizontal para que el lector navegara las viñetas interactuando con el scrolling. En China surgieron plataformas como Douyin y Kuaishou, en las que se proponían ficciones cortas y de consumo rápi- do, antecedentes directos del fenómeno que vivimos hoy.
Estados Unidos no se quedó atrás: al ver cómo este formato crecía en otros mercados, lanzó Quibi en el año 2020. Con una inversión inicial de casi 1800 millones de dólares y figuras como Spielberg y Guillermo del Toro involucradas en el proyecto, Quibi proponía episodios de hasta diez minutos que se adaptaban a la pantalla. Sí, podías verlo en vertical, pero si girabas el celular, el plano se agrandaba y se adaptaba: una tecnología que en ese momento nos hizo volar la peluca. Pero el proyecto no fue exitoso y duró solo seis meses, ya que la pandemia llegó justo cuando todos estábamos encerrados en casa, sin esos “ratitos muertos” para los que el formato estaba pensado.

Triángulo amoroso.
Por todo esto es que hoy, como fenómeno, hablamos de una segunda ola. Con un camino recorrido de más de diez años y varios aprendizajes clave, las series verticales tienen una nueva oportunidad. Y, como dice Marcela Kartaszewicz, head of communications de DramaBox, “lo que es nuevo ahora es la velocidad de la expansión internacional, la sofisticación del modelo de monetización y el reconocimiento de que la narrativa emocional es universal”.
El detrás de escena
Con capítulos cortísimos (de uno a tres minutos) y abrazando la estructura de los videos en TikTok, las temporadas tienen entre 20 y 90 episodios que equivalen a una película partida en pildoritas. Las temáticas que más se consumen son identificables: romances con CEO poderosos, mafias, hombres lobo e historias de identidad oculta o de “pobre a millonario”. A ese abanico se suman ciencia ficción, hadas, vampiros y el género young adult, con sus enredos de secundaria y universidad.
Al estar pensadas para la pantalla del celular, priman los primeros planos súper cerrados, el ritmo rápido y lleno de estímulos y los diálogos simples y directos. Es decir, un contenido servido y súper masticado para ser consumido con velocidad y poca atención. Detrás de cámara, la lógica de producción es la misma: velocidad. Una ficción vertical se rueda en siete a diez días y se termina en unos dos meses, con presupuestos bajos y guiones a menudo adaptados de novelas web.
¿La característica más polémica? Que son contenidos en donde la inteligencia artificial mete mucha cuchara: se usa para escribir, doblar y traducir. Pero ojo, que la calle tiene dos veredas: mientras que en China se lanzan cientos de microdramas por día hechos con IA, en el otro extremo aparecieron las series “clase S”, superproducciones premium de hasta 600 mil dólares.
El mito de la Generación Z
El formato corto, mobile first y la estética TikTok nos podrían dar la idea de que son ficciones consumidas especialmente por la generación Z, pero, como nos cuenta Kartaszewicz, los datos indican otra cosa: “El segmento más fiel y con mayor gasto son mujeres de entre 45 y 65 años, y más de la mitad de los espectadores tienen entre 35 y 54, en su gran mayoría mujeres”. Acá lo que se da es una superposición de público, ya que este grupo es también el mayor consumidor de novelas románticas y fan fictions: mujeres que crecieron con telenovelas y novelas sensuales. “No se trata de perseguir adolescentes, sino de servir a una audiencia que los medios tradicionales subestimaron e ignoraron”. Un público, además, dispuesto a pagar por contenido premium.
Pero ojo, porque esto no deja afuera a la generación Z: el young adult, una de las categorías que más rápido crecen, engancha a las mujeres de más de 30 por nostalgia (el primer amor, el drama de la secundaria) y a las más jóvenes porque es, literalmente, su vida.
Telenovelas con cocaína
Estas ficciones se miran en todos lados: en TikTok, Instagram y YouTube, y en apps como ReelShort o DramaBox, con modelo freemium: primeros capítulos gratis, pago para seguir. No compiten con Netflix, sino con tu tiempo de scroll, y el número impresiona: las 20 apps principales suman cientos de millones de usuarios activos por mes.
Pero no todo es color de rosa. Por su poder adictivo, ya las apodan “telenovelas con cocaína”, y comparan sus micropagos con los de las apuestas. También está el costado más espinoso de las tramas: en plena época de revisión de los vínculos, muchas reflotan estereotipos bien machistas que reman en la dirección contraria. Y el uso intensivo de IA abre la pregunta incómoda sobre el futuro laboral de guionistas, actores y técnicos. Con todo, quizá valga volver al principio. Así como el cine inventó su gramática —el primer plano, el corte, la banda de sonido—, el drama ver tical está creando la suya. “No compiten con la narrativa tradicional, son instrumentos diferentes tocando música diferente”, dice Kartaszewicz.
¿Y en Argentina cómo andamos?
Mejor de lo que imaginás. Con su histórica escuela de telenovelas, la Argentina resultó tierra fértil para el formato. La gran novedad es Shorta, la primera plataforma latinoamericana de ficción vertical premium, lanzada en marzo de 2026 por Armando Bo (ganador del Oscar por Birdman), Tomás Escobar (creador de Cuevana) y el emprendedor Ariel Arrieta. ¿El plan? Más de cien series producidas en el país durante 2026, del thriller erótico (Verdad o shot) a la comedia futbolera (Fuerte al medio), con una versión gratis y otra paga. “Es una mezcla entre narrativa cinematográfica y los tiempos de Internet”, define Bo.
Pero Shorta no está sola: las plataformas globales también miran hacia acá. DramaBox y ReelShort ya producen contenido local, atraídas por una demanda de microdramas en español que no para de crecer. Y hay pioneras como The Eleven Hub, de Loli Miraglia, detrás de la picantísima TILF —dirigida y protagonizada por Gimena Accardi—, o Frame, cuya serie Cómo deshacerse de una estrella de fútbol superó los 65 millones de vistas en apenas tres semanas. ¿La receta? Rodajes exprés, presupuestos acotados y mucho ingenio. Lo que sobra, por suerte, es oficio para contar historias.
6 series verticales para sumarte a este boom
- Triángulo amoroso. Wanda Nara y Maxi López se interpretan a sí mismos en una parodia que exprime el WandaGate al máximo: aceptan protagonizar una novela juntos y descubren que el contrato los obliga a besarse. De ahí en más, ficción y realidad se mezclan entre escándalos y humor. Son 25 capítulos de un minuto y medio. La ves en las redes de Telefe o Shorta.
- TILF. Dirigida y protagonizada por Gimena Accardi y Seven Kayne, es la serie que más dio que hablar en el under vertical local: un drama erótico sobre la pasión prohibida entre una profesora de Filosofía y su alumno. Rompió récords y demostró que el formato puede ser local, picante y bien actuado. La encontrás en Olga y YouTube.
- Cómo deshacerse de una estrella de fútbol. Con Barbie Vélez y Sofía "Jujuy" Jiménez, esta comedia romántica de la productora argentina Frame superó los 65 millones de vistas en tres semanas. Fútbol, fama y enredos amorosos a puro cliffhanger. Ideal para ver cómo el formato global se adapta a códigos bien nuestros. Está en ReelShort, con los primeros capítulos gratis.
- Deuda. Un thriller bien tenso y con sello argentino. Seis mujeres despiertan en un sistema de habitaciones conectadas por enigmas y descubren que el encierro responde a un criterio que las involucra directamente. Atmósfera de escape room y secretos que se destapan capítulo a capítulo. La prueba de que Shorta va mucho más allá del melodrama. En Shorta y en su sitio.
- The Double Life Of My Billionaire Husband. LA serie para entender el fenómeno: es el hit que en 2023 superó a TikTok en la App Store y ya roza los 450 millones de vistas. Natalie se casa con Sebastian, despreciado como el hijo “fracasado” de una familia poderosa, sin saber que es un multimillonario secreto. El ABC del “drama de CEO”, en ReelShort (y doblada, en DramaBox y YouTube).
- Me encanta la manera en que mientes. La apuesta de DramaBox, reina de las venganzas con final feliz: a Molly su hermana le robó el novio y la herencia, así que urde un plan tan tentador como alocado: seducir al tío de su ex, Adrian. El problema es que el plan funciona demasiado bien y él se enamora perdidamente. Son 59 capítulos de intriga y romance. La encontrás en la app DramaBox.
Sole Venesio Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y periodista especialista en cultura. Escribo sobre series de televisión en OHLALÁ! desde 2010 y fui jefa de redacción en la revista, liderando y acompañando el lanzamiento del nuevo sitio. En 2024 emprendí mi propia aventura: me mudé a Canadá y desde ese momento trabajo como Social Media Strategist. Fan absoluta del mundo de las ficciones, los fandoms y las convenciones. ARMY.
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