Si alguna persona desprevenida va al MALBA a visitar la exposición Viva Frida con la expectativa de ver una gran retrospectiva pictórica, puede ser que comience llevándose una desilusión. Sin embargo, es muy probable que termine el recorrido profundamente reconfortada. El arte de Frida Kahlo está presente en pocas obras, pero habita en muchos otros soportes que formaron parte de su vida cotidiana, dejando en claro su personalísima manera de estar en el mundo y su belleza tan compleja. El eje de la muestra no son únicamente sus trazos, sino su estilo y su cuerpo: esa corporalidad de mujer que hoy se erige como icono global.

La puerta de ingreso a la exhibición, que toma la segunda planta del MALBA, está custodiada por un altar. Flores, velas y algunos de los diablitos de la colección de Frida y Diego anticipan lo que vendrá: colores, belleza, dolor y espiritualidad.
Un itinerario en cinco tiempos
A lo largo de cinco salas contiguas se despliega una historia perfectamente ordenada. Comienza por las raíces, continúa por la casa, llega a su proyección en el mundo, se detiene en la discapacidad para, al final, alcanzar una explosión de colores y sentido en los vestidos, que se lucen abrazados por las valiosas pinturas del acervo Colección Malba–Costantini -Autorretrato con chango y loro (1942); Diego y yo (1949)- junto a otras piezas en total concordancia.

La curaduría —a cargo de Circe Henestrosa, con la colaboración de Gannit Ankori y bajo la dirección general de Elina Costantini— hace escala por primera vez en América latina tras su paso por el Victoria & Albert Museum de Londres, el Palais Galliera de París y salas emblemáticas de Nueva York, San Francisco y Detroit -ciudades en las que Frida pasó una parte de su vida-.

La muestra reúne más de 300 elementos recuperados tras la apertura del cuarto sellado de la Casa Azul, donde Frida murió en 1954. Son trajes de tehuana bordados, joyas, dispositivos ortopédicos, cosméticos, cartas, fotografías y pinceles que narran la biografía de un cuerpo que condensó significados diversos e incluso contradictorios.
Raíces y dualidad
El viaje comienza por las orígenes. Hija de una mujer mestiza y un fotógrafo inmigrante alemán, Frida aprendió a posar frente a la cámara desde muy chica. La sala de sus raíces la muestra en su entorno familiar y anticipa la fluidez de su imagen.
En 1925 Frida sufrió un accidente de tránsito que estuvo a punto de quitarle la vida, pero en cambio le dio una nueva, la que todos conocemos y la hizo trascender fronteras: la de la artista.
Su cuerpo, que ya había recibido el feroz castigo de la poliomelitis durante la infancia, ahora había sido literalmente atravesado por la desgracia.

Desde entonces, su estética comenzó a alternar entre la ultrafeminidad y los trajes masculinos con el pelo recogido y su característico bozo sombreado.
Según se "lee" en un dibujo en que ejemplifica el accidente de 1925, Frida experimentó un desdoblamiento de su personalidad en este choque brutal.

Es imposible saber si realmente la convivencia de identidades antagónicas en su interior se debió al suceso o fue parte de su naturaleza y se habría expandido de todas maneras. Pero lo cierto es que la fluidez que denotaría su cuerpo a lo largo de toda la vida iría más lejos que de la dualidad femenino-masculino que es uno de los rasgos más evidentes que trascendieron a la historia.
En Las dos Fridas (1939) puede verse la disociación que se le suele adjudicar a su personalidad. O bien la complejidad en convivencia. Según cómo se mire.

Una casa propia
Al continuar el itinerario propuesto en el MALBA se llega a la sala titulada bajo la frase textual "Aquí nací yo". Quien haya visitado en Coyoacán, México, la Casa Azul puede imaginar con qué se encontrará.

Es que su vida, fragmentada por más de 22 operaciones que la postraban durante largas temporadas, transcurrió sobre todo entre esas paredes que convirtió en fronteras de un microcosmos personal: puestas adentro abundaban las plantas, los animales, las pinturas, los exvotos y alebrijes. Todo con una estética alineada en la arraigada mexicanidad que impregna una amplia iconografía en versión propia. Frida se aferraba a lo que tenía cerca para mantener la alegría, el fluir, el eje y la fe.
"Gringolandia"
El recorrido continúa con su consolidación internacional. A los 22 años, Frida se casó con Diego Rivera. Además de algunas fotos, un video inédito muestra imágenes de la pareja y de su cotidianidad. Juntos se fueron a vivir un tiempo a Estados Unidos.

La sala refleja esa etapa en la que Frida ofrece su primera exhibición individual en Nueva York y en Detroit se convierte en la pintora que conocemos gracias a la obra de su aborto. Es la pintora capaz de hacer lo que ninguna: exponer su fluido vaginal y, en él, sus emociones más intensas, la de cuando pierde un hijo. La litografía del dibujo Sin título (El aborto), de 1932 forma parte de Viva Frida.

La fuerza de la vulnerabilidad
Hasta acá, el tono es bastante histórico y nostálgico, aunque sin grandes sobresaltos. Lo que sigue es fuerte. La siguiente sala es la más conmovedora de la exhibición, está dedicada a la dimensión “Discapacidad y creatividad”.

Son ya conocidas las famosas fotos de ella pintando acostada en la cama –de reposo tras alguna intervención-, pero volver a verlas junto a los elementos ortopédicos que Frida debía usar es muy impactante. Especialmente porque esas piernas sintéticas que usaba para sustituir la que ya no tenía y los corsets que la mantenían erguida acá aparecen al desnudo. E, incluso, con intervenciones de la artista, como verdaderas corazas artísticas.

Frente al horror médico, Frida respondió con estética: junto a las frascos de remedios exhibió cosméticos, peinetas, gafas, tiaras y anillos. Tapó sus piernas amputadas con faldas largas no por pudor superficial, sino para hacer de la indumentaria un acto de rebelión y afirmación política.

La explosión de los vestidos
El itinerario culmina en una sala espectacular con una sala en cuyo corazón una gigante vitrina expone los vestidos de Frida. Ahí se ven claramente las capas: esas mismas que ella se dibuja sobre el cuerpo y lo vemos en el dibujo Las apariencias engañan (1934). Son las capas que usaba en sus conjuntos (conformados por huipil, falda y rebozo), pero sobre todo las capas simbólicas con las que ejercitó el doble acto de cubrir y descubrir.

"Como ella se pintaba, se vestía. Como se fotografiaba, se pintaba", sintetiza la curadora Circe Henestrosa, cuya propia historia familiar se entrelaza con la muestra. Henestrosa es sobrina nieta de las artesanas que confeccionaban algunos de los trajes tehuanos que usaba la artista. Un círculo de mujeres que, aquí y ahora, sigue girando.

Frida eligió la indumentaria del Istmo de Tehuantepec a finales de los años 20 no por mero capricho folclórico, sino para alinearse con la reivindicación de las raíces indígenas y adoptar el vestuario de una sociedad matriarcal.

En un mundo del arte dominado por hombres y al lado de un muralista célebre como Rivera, vestir a la usanza de las mujeres poderosas de Oaxaca le permitió comunicar su propia mexicanidad y construir un sello inconfundible que trasciende hasta hoy.

Al salir del Malba, una certeza queda flotando en el aire: Frida Kahlo no solo pintó cuadros; convirtió su propia existencia, su dolor y su deseo en su obra de arte más perdurable.

VIVA FRIDA
- Dónde: MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) – Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA.
- Cuándo: hasta el 15 de marzo de 2027, jueves a lunes de 12 a 20 y miércoles de 11 a 20.
- Cuánto: entrada general $ 14.000; los miércoles, $ 7.000.
- Organizan: SAC (Semana de la Alta Costura Argentina) y Museo Frida Kahlo de México, bajo la dirección general de Elina Costantini.
- Curaduría: Dra. Circe Henestrosa, con la colaboración de Gannit Ankori y la incorporación de valiosas colecciones privadas de fotografías y archivos.
- Qué vas a encontrar: más de 300 piezas originales (vestimentas, joyas, corsés ortopédicos, cartas y cosméticos) en diálogo con fotografías históricas y pinturas emblemáticas como Autorretrato con chango y loro y Diego y yo.
Carola Birgin Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA, ejerce el periodismo desde 1997 y trabaja en LN desde 2009. Fue Secretaria de Redacción de la revista OHLALÁ!, Editora del Suplemento Moda Belleza y hoy es editora digital del grupo de revistas.

