Tuve un fin de semana por donde se lo mire hogareño.
Bien guardada con mis hijas, casi sin salir de casa.
Lupe venía de una recaída, así que no di lugar a la duda. Afuera estaba frío, lluvioso: a aprovechar las posibilidades del adentro.
Lo primero que se me ocurrió fue desconectar el cable que va al módem y conectarlo detrás del televisor. No tengo servicio de tele, no a diario, pero en situaciones extraordinarias recurro a este truquito que me enseñó el técnico, el que me hizo la instalación (no sé si debo contarlo).
No fue LA solución, pero imagínense que para hijas, de la abstinencia casi completa ("casi" porque a veces duermen en casas ajenas, donde sí hay tele) a tener ahí, a mano, a metros, todos los dibujitos animados que siempre desean, que la Doctora Juguetes, que Bolt, un largometraje de un perro que nos dejó moqueando, que Manny a la obra, que la Eco-pandilla, pfff... para ellas fue fuerte.
Se dieron una panzada, un atracón de imágenes, de historias de fantasía. Bienvenida la capacidad adaptativa de la madre (o sea, mía).
Lo otro que también se me ocurrió fue comprar un molde de torta. Y hacer lo que prometo, juro... y me hago una crucecita con el índice y la beso: juro no haber hecho desde mis ¿17?
No tengo recuerdo de haber cocinado una Exquisita desde mi adolescencia. Quizás esté con algunas lagunas memorísticas y exagere, pero si no fueron 15 años, seguro fueron 7 u 8. ¡Siete u ocho años de no cocinar un bizcochuelo! No uno casero, con harina y demases (tiro "demases" porque no sé los ingredientes). Hablo de una torta de caja, de ésas en las que a lo sumo 2 huevos, 100 gramos de manteca derretida y después ya, la mezcla.
Pero siempre estamos a tiempo de salirnos de la inercia y de sorprendernos a nosotras mismas. Y casi que parece un chivo a la marca, pero juro, ah, sí, también me beso la boca con el dedo, juro que salió...
Para chuparse el índice besado, y el resto de dedos de la mano.
Para mí, si hay "algo" que corona un hogar, un elemento que convierte una casa en un hogar cálido es ese aroma, ese olorcito que se siente desde el ascensor, o desde la calle (en caso de planta baja) de una torta cocinándose.
O sea, en fin, concluyendo, en síntesis... hogareña por donde se me mire.
Y he aquí un video y un par de imágenes:

Se me quebró un poquito

Exquisito
¿Cómo pasaron ustedes este fin de semana tan fulero? ¿Qué actividades hicieron? ¿Qué es lo que más disfrutan cuando se quedan adentro? ¿Qué fue lo más rico que cocinaron?
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De la mamá


