Mi hada madrina

Por Redacción OHLALÁ!

6 de septiembre de 2013, 12:46

Mi hada madrina

La primera vez que supe de su existencia fue en un gimnasio, en una época de mínimas responsabilidades en mi vida en la que yo corría, casi a diario, arriba de una cinta.

Tengo el vivo de estar trotando y al rato, antes de retirarme, con Gatorade en mano y el cuerpo dolorido, leer "Reiki, Liliana".

Me dio curiosidad, ¿qué sería eso? No tardé mucho en levantar el teléfono de mi casa y llamarla. Su voz tenía un efecto sedante; eso fue lo que me animó a dar el siguiente paso, la sesión de prueba, que era gratis.

Para mi sorpresa, lo sedante no era sólo su voz. Toda ella, Liliana, y su extraña manera de transmisión de energía por imposición de manos (sin tocarte) era sedante. Te dormía.

Me gustó. Me gustó y quise más. Quise seguir probando. Quise ir más a fondo. Acepté el tratamiento de 4 sesiones seguidas (en 4 días consecutivos) y desde entonces y durante un par de años seguí yendo a verla una vez por semana... o semana por medio (y una vez al mes, en el peor de los casos).

Nunca supe si era el reiki o el combo reiki + Liliana lo que tan bien me hacía (a decir verdad, nunca encontré otra reikista que me funcionara como ella). Nunca encontré, salvo mi amigo Dante, fallecido, alguien que con su sola presencia y sus manitos mágicas me sana, sana colita de rana.

Una hada madrina, una mamá simbólica, una mamá en otra vida acaso.

Recuerdo que cuando nació China yo me sentía tan espantosamente descentrada (el corte de la cesárea había sido sin efecto de la anestesia y mi nena, de kilo y medio, respiraba dificultosamente en una incubadora en la Neo) que tuve que pedirle que por favor se viniera a la Clínica, al Hospital Italiano, a hacerme reiki. No sé cómo hubiera sorteado ese gran obstáculo maternal sin su mano, sin sus manos.

Llegué a nombrarla madrina segunda de mi hija. Pensaba en aquel entonces que el vínculo continuaría con la misma frecuencia que había tenido desde el primer momento, jamás imaginé que el mudarme lejos y ser madre me, nos alejaría tanto (en lo cotidiano).

Aun así, nunca perdimos contacto: cada tanto nos llamábamos y "hola, ¿qué tal?, ¿qué es de tu vida?". Pasaron como 4 años mínimo sin vernos... hasta ayer jueves. Hasta ayer que mi cuerpo, que ya había pegado unos cuantos alaridos y venía doliendo de lo lindo (doliendo y asustándome, desconcertándome), me hizo volver a agarrar el teléfono.

-Hola Lili, soy Inés

-¿Cómo estás, Inés? ¿Todo bien?

-Más o menos. ¿Puedo verte?

-Venite a las 5, dale, te espero.

Tuve la suerte de justo estar trabajando a pocas cuadras de su casa. Igual hubiera hecho el viaje correspondiente. Siempre valió la pena y para mi alivio, sigue valiéndola. Ella, sus manos, su técnica. Y la pucha, a veces quisiera que la circunstancia fuera otra, juntarnos a tomar un café, porque sí, charlar de la vida, pero, aún así, agradezco esta circunstancia de mierd... no, bueno, agradezco esta situación crítica, esta alarma física que estoy sintiendo, para reconectar con una mujer como Liliana. Para reconectar con mi hada madrina.

¿Tienen ustedes "un hada madrina"? ¿O un pequeño "ángel"? Conste que uso comillas (quizás no debería usarlas)

¿Cómo terminan la semana? ¿Planes para el finde?

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