Lorena Vega revela por qué casi rechaza a la psicóloga de Envidiosa: "Tenía prejuicios"

El fenómeno de su personaje de "Envidiosa" le trajo el reconocimiento popular después de años de trayectoria en teatro. Charlamos con Lorena Vega sobre su forma de entender hoy el éxito, el tiempo y la resistencia creativa.

Por Euge CastagninoEstilismo Caro MarafiotiFotos Sol Santarsiero

28 de julio de 2026, 15:46

Lorena Vega
Blusa (Fabián Zitta), aros (Oleana), anillo (Ginger), stilettos (Claude Benard). - Sol Santarsiero

Lorena Vega pasó muchos años construyendo una carrera sólida, respetada y profundamente ligada al teatro independiente. Y, cuando ya no esperaba que la popularidad formara parte de su camino, llegaron su Fernanda de Envidiosa y la Zurda de En el barro para convertirla en una de las actrices del momento.

Tiene una voz inconfundible, profunda y potente, de esas que podrían intimidarte. Pero cuando charlás con ella y sonríe, también revela enseguida su cercanía, su sensibilidad y esa picardía que dan el barrio y la calle. En este presente tan inesperado como merecido, Lore encarna el valor de sostener una búsqueda artística auténtica. Tiene siete obras de teatro en cartelera —¡sí, siete, una mejor que la otra!— como actriz y directora, acaba de consagrarse como Mejor Actriz de Drama en la primera edición de los Premios Pinti y en breve estará estrenando Cautiva, una nueva serie que la tiene como protagonista. “No me imaginé jamás que un día iba a ser tapa de una revista. Todo lo que va pasando ahora realmente me sorprende y lo vivo como inesperado”, nos confesó en plena producción.

 

Lorena Vega
Top rosa (El Súper Vestuario), aros y anillo (Ginger).  - Sol Santarsiero

¿Qué es lo que más te asombra de esta nueva Lorena Vega?

Supongo que esto de la popularidad, de ser reconocida en cualquier lado. Todavía es lindo porque hay como una confusión, ¿viste? A veces les resulto conocida y no saben de dónde. Muchas veces me reconocen por la voz. Entro a comprar a un lugar y cuando hablo, se dan vuelta y dicen: “Ah, sos la psicóloga. Ah, sos la Zurda”. Es alucinante eso, el registro sonoro. Casi como lo que pasa cuando suena una canción, salvando las distancias, ¿no? Que en un negocio, en la panadería, comprando, se arme el match, eso me sorprende. Después, también es algo que en algún momento ya pensé que no me iba a pasar a mí. Ya no imaginaba que me iba a tocar. Entonces eso me tenía relajada... ¿Viste cuando ya estás como jugada? Ya no le pedía eso al trabajo. Le pedía algo, que es hacer cosas que me identifiquen, que me enorgullezcan..., que yo sienta que se está haciendo algo nuevo. Y eso para mí siempre fue el motor, realmente. Y con eso yo siempre estuve ocupada, preocupada y, bueno, copada, ¿no? Con esa búsqueda. Entonces esto es una sorpresa.

¿Y sentís que la popularidad te llega en un buen momento personal? No es lo mismo tener este éxito a los 20 que a la Lorena de hoy...

Sí, siento que sí, que estuvo bueno. Primero, me parece que las cosas en la vida de cada persona suceden por algo en el momento en que suceden. Porque entiendo el devenir de la existencia como un aprendizaje permanente, por lo menos así lo pienso yo. Y entonces creo que las cosas acontecen más por aprendizajes que tenemos que hacer que por cosas que tenemos que obtener. Entonces esto llegó en un momento en el que a mí me revela un montón de otras cosas que no tienen tanto que ver con lo que yo ahora logro o tengo para mí, sino que siento que este reconocimiento es un reconocimiento a muchas cosas, les genera alegría a muchas personas. No es solamente una satisfacción propia, y creo que no la disfrutaría si fuese solo una satisfacción individual, sino que yo siento que es alegría para la gente que hace teatro independiente y que siente que, de pronto, se hace justicia o se pone el foco en una disciplina y en un sector que, en general, no se mira. O que no se mira a nivel general, popular, masivo. Porque lo que pasó es que mucha gente se preguntaba: “¿Quién es esta persona que está actuando en algo que a mí me gusta o me interesa? ¿De dónde viene?”. Y ahí, hurgando en las raíces, aparece todo un universo que es más de nicho a veces, o que es pequeño.

Y eso es abrirle también la puerta al teatro a un montón de gente que quizás hasta ese momento no tenía curiosidad.

Y eso estuvo bueno, eso pasó. Cuando empezaron a salir las series, tanto Envidiosa como En el barro, gente que me escribía por las redes de pronto me decía: “Me gustó tu trabajo y quiero ir a verte al teatro” o me esperaban a la salida y me contaban: “Yo te conozco por Envidiosa, para mí sos la psicóloga, pero te quería ver en vivo”. Bueno, todo eso empezó a ser como un lugar de encuentro con otro público que a mí me pareció muy multiplicador, muy jugoso, y le encontré el sentido también a esto que estaba pasando. Creo que también aparece la idea de que se reconoce el trabajo. A mí me dicen mucho: “Vos trabajás un montón, por eso sucedió”. Entonces, hay algo de reconocer a quienes trabajan mucho, a quienes trabajan sin esperar ya el premio, haciéndolo porque lo querés hacer, porque para vos es importante en sí mismo, más allá de los logros. Todo yo lo encuentro como multiplicador. Con esto no quiero decir que están de más los saludos, ni los premios, ni las nominaciones, ni nada de eso, pero todo me parece que abre puertas, que te hace conocer gente, que escuchás otras historias. A mí siempre me gustó lo social y el intercambio. Pero también creo que, cuando alguien realmente llega por un camino que no tenía fácil, eso es un aliento para un montón de otras personas, y se sienten identificadas. También creo que vivimos en un sistema que arma una trampa en relación con esa persona que, en un momento, se destaca o se le pone el foco, o la miran, o tiene la suerte, la combinación de muchas cosas, ¿no?, que hace que se vea su progreso, su desarrollo. Y para que esa persona esté en ese lugar hay un montón de otras personas que no se ven. Y es parte de un sistema en el que estamos metidos, donde no hay lugar para todos. Y eso me parece injusto, me duele, y sé que se articularon un montón de cosas para que justo me toque a mí. Y que no tiene que ver solo con mi mérito, sino que tiene que ver con que estamos un poco atrapados en un sistema que da poco espacio. A veces hablo con dolor, sabiendo que tengo este presente, porque si no, yo estaría muy caída del sistema. Pero conozco perfectamente la realidad de muchos compañeros y compañeras que con el teatro no se sostienen. La ficción en estos últimos años dejó de ser un espacio de trabajo y una oportunidad de desarrollo.

“La popularidad es algo que yo pensé que ya no me iba a pasar a mí. Ya no le pedía eso al trabajo. Entonces esto es una sorpresa”.

Lorena Vega

¿Por qué empezaste a tomar clases de teatro?

Por casualidad, a los 15. Viste que ahora hay muchas familias que por ahí llevan a sus hijas o hijos al teatro y ya hay infancias o adolescentes que hacen teatro. Yo no tenía ese recorrido, pero una amiga me invitó a tomar clases en un centro cultural porque era gratis. Entonces me dijo: “Vayamos porque hay clases gratis de todo, vamos a la clase de teatro”. Y yo dije: “Bueno”, pero estaba regalada, podría haber hecho cualquier cosa.

¿Y cuándo fue el momento en que descubriste que eras buena para eso?

Yo descubrí en la primera clase que eso me vibraba y que iba a ser para siempre. No sabía si era buena, pero no me importaba. Como que dije: “Esto es lo que quiero hacer”. Terminó la clase, habían pasado dos horas y media y para mí habían pasado cinco minutos. No entendía por qué habíamos terminado. Dije: “No me quiero ir de acá”. Me encantó, me parecía fascinante poder estar durante un tiempo fuera de tu propia vida, ser otra persona, habitar otro mundo, otro espacio, hablar de otro modo. Y a partir de ahí, siempre lo quise hacer.

¿Y cómo fue tu infancia? Te criaste en una casa con hermanos varones. No es fácil ser la hermana mujer...

¡No es fácil, nooo! Mis hermanos me leían el diario íntimo, imaginate. Eso ya te pinta lo que era. Era difícil convivir y ser la mujer entre hermanos varones. Pero a mí me pasa algo que es como si mi infancia fuese por dos carriles. Como los claroscuros de la existencia. Momentos hermosos, increíbles. Y momentos un poco más complicados. Nosotros teníamos las complicaciones que tienen las familias humildes, donde madre y padre tienen que trabajar mucho para mantener a una familia numerosa. Mis viejos laburaban un montón. En un determinado momento se separaron y eso complicó mucho más, porque mi mamá fue sostén de familia y bancó todo ella. No tuvo ayuda de mi viejo, tuvo que salir a trabajar muchas horas afuera..., nosotros nos quedamos solos. Hay muchas anécdotas divertidas de eso y también momentos un poco de desasosiego, ¿no? Y entonces esa infancia tiene esos dos carriles que a veces se cruzan. A veces los recuerdos son más llevaderos, más suaves, después hay otros más ingratos. Hemos pasado de todo, pero yo creo que eso también me hizo ver algunas cosas duras del mundo bastante rápido.

Lorena Vega
Vestido y anteojos (El Súper Vestuario).  - Sol Santarsiero

Vos escribís Imprenteros con tus hermanos, para contar la historia de la empresa familiar. Y ese libro está dedicado a tus papás. ¿Qué sentís que te legaron ellos?

Siento que me legaron el amor por el oficio, por la pasión, por lo que sentís que te gusta. Así como te dije que mi viejo, cuando se separa de mi mamá, se ausenta y deja de ser sostén de familia, y yo lo critico muchísimo por eso, también descubrí, sobre todo haciendo la obra, que él tenía una gran pasión por su trabajo y, en ese sentido, daba todo su tiempo a eso, lo entregaba por completo. Hablaba con pasión de su trabajo, encontraba en su tarea una forma de ver el mundo. Y me doy cuenta de que eso sí lo heredé, y que mi mamá también. Yo siento que el legado de mi mamá es una fortaleza ética contundente. Una persona con mucha dignidad, con muchos valores, con mucha conciencia de comunidad, con mucho espíritu de lucha, con mucho valor sobre la comunicación sincera y frontal, tenga el precio que tenga. Ella va para adelante muy frontalmente. Y eso me parece que es un legado. Fue una atmósfera en la que vivimos y que nos quedó a todos como aprendizaje.

¿La carencia o el dolor pueden ser lugares que habiliten la creación artística?

Creo que el dolor es un lugar de construcción también. Creo que son también ventanas que hacen ver algo del mundo y que es difícil, a veces, atravesar determinados dolores..., pero que con todo se puede hacer algo diferente. Y creo que hay muchas pruebas de eso, en el mundo y en nuestro país también. Mucha gente que ha hecho cosas increíbles. La vida para mí es una experiencia poética y todo lo que la constituye, entonces, es posible mirarlo con esos ojos. Hay veces que tenemos más tolerancia para eso y hay veces que no. Cuando yo empecé a hacer Imprenteros, no lo hice ni por hacer un trabajo terapéutico ni porque tenía claridad o conciencia de que, haciendo este trabajo, yo iba a sanar algo, o reconstruir, o reformular algo de mi vida personal. No lo sabía, no lo conocía o, por lo menos, no era ese el motor realmente. En ese sentido, fui bastante ingenua, inocente, desprevenida. Sí sabía que tenía un desafío importante, a mí me interesa investigar el lenguaje teatral y me importa mucho descular, entender, indagar cómo podemos expresarnos, en términos escénicos, sobre la existencia. Pero no sabía que ese desafío, que para mí era artístico y laboral, iba a traer una transformación personal.

¿Y en qué sentido sentís que hacer Imprenteros te transformó?

Transformó muchas cosas: los vínculos familiares en todas las líneas, con mis hermanos, con mi mamá, con mi marido, con mi hijo. Transformó mi manera de mirar los materiales escénicos, la forma de concebir el encuentro con los demás. También fue una revelación de lo posible, ¿no? Eso que pensamos que está cristalizado o que es de una manera, y no.

Claro, a veces uno cristaliza ese relato familiar y quizá tus hermanos tienen otro relato...

Total, distintas voces. Modificaron el relato que yo tenía sobre mi propia historia, sobre la historia familiar, y te diría que me reveló un vínculo con el concepto de memoria. Vi, abordé y percibí la memoria como una construcción de sentido en la vida, de lazos. Alguien decía: “Cuanto más conocés, más te das cuenta de lo que te falta conocer”. O sea, cuanto más sabés, sabés que no sabés. Entonces, cómo la memoria es un espacio que nos da identidad, que nos define, que nos articula como sociedad, me abrió perspectivas en muchos sentidos, y más todavía. Me autoconocí también como archivista. No sabía cuánto eso que parecía un hobby, casi como un TOC de acumuladora, podría ser en realidad una pasión por el archivo, por una valoración de la memoria en términos de objetos. Cómo la memoria se construye también por esas cosas olvidadas, rotas, que parece que para algunos no tienen sentido, pero en otro contexto, miradas por otra persona, sí lo tienen. Cómo nos van contando nuestros residuos, nuestros elementos, la vida que vamos haciendo.

Lorena Vega
Blusa y bermudas (Kostüme), aros y anillos (Satora Company). - Sol Santarsiero

Nunca te escuché tanto hablar de tu hijo. Contame en qué desafío estás al criar un varón adolescente hoy...

Sí, es desafiante. No hablo mucho de mi hijo porque también preservo mucho su intimidad. Porque está justamente siendo un preadolescente, entonces está haciendo su camino. Pero la verdad es que él es un ser alucinante, tiene una personalidad preciosa, muy empática. A veces, entre él y yo, es él quien parece el adulto. Sé que igual, en general, a veces pasa eso con los hijos. Pero él no tenía una mamá conocida y en un momento sucedió. Y no le sucedió a los 4 años, cuando por ahí decís: “Bueno, no me acuerdo”. Le pasó hace poquito. Pero él lo llevó muy bien y está muy contento. Tiene mucha conciencia de nuestro trabajo, y nos felicita, nos apoya.

¿Te critica a veces también?

No, está muy orgulloso. Alguna vez me dio algún consejo. Yo estudio los textos con él, entonces me da consejos de cómo hacerlo y me toma la letra. Ha hecho eso. Y es muy tranquilo. Entonces es muy observador y muy paciente. Así que funciona muchísimo la preparación con él.

“Creo que el dolor es un lugar de construcción también. Es difícil atravesar ciertos dolores..., pero con todo se puede hacer algo diferente”

Lorena Vega

Te quiero llevar ahora al momento en el que te proponen el personaje de Fernanda. ¿Fue un sí inmediato?

No fue un sí de una porque daba vueltas, daba vueltas. Primero, tenía muy tomada la agenda y entonces no sabía si lo podía hacer. Y por suerte se acomodó para que pudiera encajar con todo lo que tenía, combinando lo que tenía la producción y lo que tenía yo. Dudaba, al principio. Dudaba si hacer ese personaje...

¿Qué era lo que no te cerraba o que te daba miedito? ¿O tenías prejuicios, capaz?

Tenía prejuicios. Me daba miedo hacer un personaje cliché. Yo decía: “Bueno, la psicóloga, en una comedia”. Quería actuar con Griselda, pero quería actuar bien, y decía: “¿Voy a ir justo a trabajar con ella a hacer algo medio estándar?”. No quería hacer una caricatura y sentía que el rol de psicóloga podía caer en eso. Entonces decía: “Quizá no es este el momento, el espacio”. Y, a la vez, todo estaba a favor: trabajar con ella, el elenco, los directores, que se podía acomodar la agenda, que era trabajo, que eso me permitía tener una continuidad de trabajo todo el año y eso a mí me daba otra solidez. Bueno, era difícil decir que no.

Lorena Vega
Trench (La Rando), aros (Lucía Feugas), anillo (Satora Company), botas (Claude Benard). - Sol Santarsiero

¿Hiciste terapia en tu vida?

Sí, mucha.

¿Y qué sentís que te aportaron tus propios años de terapia a la hora de construir a Fernanda?

Siento que me aportó conocer la dinámica de un tipo de terapia. A veces, cuando vas a actuar para un universo que por ahí te resulta desconocido, bueno, vas, tomás clases, lo habitás, lo visitás, hacés una investigación. Pero el tiempo a contrarreloj que tenés para hacer eso quizá no te permite que esté tan calado internamente. Acá yo tengo una experiencia interna súper fuerte respecto de habitar un consultorio, como paciente, pero la tengo. Creo que eso, evidentemente, sumado a una larga observación de mis terapeutas, que fueron varias...

¿Fernanda tiene cositas de tus terapeutas? ¿Ellas lo saben?

No lo sé, no sé si lo saben, no sé si lo piensan. Yo creo que seguramente sí. No es que yo haya tomado una cosa adrede, que haya dicho: “De tal voy a agarrar tal cosa”. La conversación era muy grupal..., de decir: “¿Viste cuando en la terapia decís algo y te miran de tal manera?” o “¿viste cuando decís algo y parece que sentís que dijiste algo revelador y después te das cuenta de que no?”, o cuando te pisaste, no sé, y entonces tu terapeuta te mira o tu terapeuta justo no te estaba mirando. Y esas cosas fueron un poco articulando y trenzando la composición. La verdad es que yo ahora reviso y Fernanda es una construcción colectiva, sin duda. Tiene mucho que ver siendo un personaje que va en dueto, que depende mucho del otro, sobre todo porque todas sus escenas son en consultorio, no es que conocemos otra cosa de Fernanda.

“Creo que mi imagen fuerte cuida la vulnerabilidad que me habita, pero que no queda a flor de piel, porque si no, me sentiría expuesta”

Lorena Vega

¿Qué te pasa con el paso del tiempo? Cumpliste 50, ¿te trajo alguna certeza sobre vos misma?

Yo siento todo el tiempo un punto de inflexión, re. Supongo que estará acompañado también de tener como un cambio en esta situación de lo laboral, mi hijo entró al secundario, con mi pareja cumplimos 20 años. Como todos puntos que generan una sensación de época, de cambio de etapa o de arco de algunas cosas. Ahora estrené una obra nueva, Sottovoce, y hacía muchos años que no estrenaba una obra nueva como actriz. Entonces coincidió también eso. Para los actores, las obras de teatro marcan las etapas. Y eso me hace sentir que hay un cambio. Sí, lo siento físicamente; a veces, anímicamente también.

¿Te preocupa el paso del tiempo en lo físico? Porque hay muchas actrices que dicen: “Banco el paso del tiempo en mi cara, en mi cuerpo”.

Yo soy más, sin duda, del bando de bancar el paso del tiempo. Dicho esto, habiendo trabajado ahora en los audiovisuales, donde por ahí te ves mucho..., hay mucha más presencia en imagen..., entonces comprendo a quienes han pensado: “Che, yo voy a tomar cartas en el asunto”. Porque hay un asunto que inevitablemente está hablando de otra cosa: de que estamos haciendo un camino hacia la muerte, ¿no? Entonces, cómo cada una y cada uno tramita, lidia o dialoga con eso, me parece que es delicado, íntimo y personal. Y, por supuesto, yo tengo días que digo: “Ah, OK, se me vinieron los años encima”. Y hay otros que digo: “Bueno, bastante bien para estar en la situación que estoy, para no poder entrenar todos los días”. Bueno, depende del día, depende del ánimo, depende de lo que me haya puesto, me siento de una manera u otra. Quiero decir, no es sencillo, lo respeto, lo comprendo. Y en mi caso, pensando en la actuación, pensando en que el cuerpo es un territorio expresivo y narra una historia, bueno, a mí me gusta que esa historia sea lo más auténtica posible. Pero cualquier cosa que se modifique entiendo que genera un nuevo relato y quizá no necesariamente sea un relato falso, sino que también tiene autenticidad.

Lorena Vega
Saco de pelo sintético y vestido de tul (El Súper Vestuario), stilettos (Claude Benard), aros (Oleana), anillo (Satora Company). - Sol Santarsiero

Se te ve siempre como una mujer fuerte. ¿Dónde habita tu vulnerabilidad?

La tengo y la tengo mucho. Y me habita, me habita por completo. Yo creo que esa fortaleza probablemente sea ancestral, ¿no? Mi mamá y toda su familia son de Formosa. Mi abuela era paraguaya. Es una mujer que crió muchos hijos sola en el medio del campo. Tenía una escopeta y la tenía para defensa. Eso narran las historias que van contando mi mamá y sus hermanas. Mi mamá es una mujer migrante interna, que ha venido, como muchas, como pasa siempre históricamente en nuestro país, de los pueblos a la ciudad en pos de buscar un futuro mejor, de crecer, trabajar. Y, bueno, mi vieja salió adelante, como sus hermanas, con mucho esfuerzo, bastante solas o ayudándose entre ellas, en todo caso. Y, por lo que te contaba de mi recorrido, yo también me fui haciendo. Me crié en un barrio, en Flores. Jugábamos mucho en la calle, la habitábamos mucho. Mis amigas y mis amigos eran del barrio, toda mi familia vivía en el conurbano. Viajaba sola al conurbano. Como que había muchas cosas que hacer sola, por mi cuenta, y teniendo que decidir. Creo que eso te va dando herramientas, te va fortaleciendo. Y entonces esa es la manera de estar, de presentarme y de habitar. Como decís vos, se ve determinada cosa, pero existe todo lo otro. Creo que esa imagen cuida todo lo otro, que es probablemente de una hipersensibilidad que no puede quedar muy expuesta, que no puede quedar muy a flor de piel porque, si no, me sentiría un poco desprotegida. Me parece que las dos cosas me habitan, que las dos cosas son importantes y que no es que esa figura fuerte sea una carcasa para esconder lo otro. Son dos sonidos del mismo instrumento.

¿Qué es lo último que aprendiste sobre vos misma?

Quizá lo último que aprendí sea que no puedo todo y que el cuerpo también necesita descansar. Yo siempre tuve claro que es mi instrumento laboral, pero también es mi instrumento de vida, como para todos y todas, ¿no? Entonces, a veces lo postergo en pos de no solo trabajar, sino de rendir, de que todo funcione, de responder. Como una cosa de la eficacia, que después el costo, digamos, es interno, personal y a veces imperceptible, pero en algún momento se manifiesta. Entonces creo que lo que aprendí en este último tiempo es que, cuando yo me digo: “No, no, no, tranquila porque podés un poco más”, si tengo que decirme eso, es porque no. Seguramente tenga que quedarme más tranquila. Valorar mi descanso también, mi espacio de recargar cartuchos.

Lorena Vega
Blusa (San Martín), aros (Oleana), anillo (Satora Company). - Sol Santarsiero

Claro, porque si estás muy drenada, hay algo que empieza a no funcionar en lo creativo, en lo expresivo, ¿no?

Sí, lo que pasa es que me gusta mucho el encuentro con la gente, lo comunitario, el evento y la fiesta. Pero no las fiestas literalmente, sino la fiesta de hacer, de encontrarnos, de que suceda. Yo siempre estoy para el encuentro y, cuando no estoy, me siento culpable. Y digo: “No, no me lo puedo perder, tengo que estar”. Porque esto es ahora, y tengo mucha conciencia de que es aquí y ahora..., y el aquí y ahora me chupa la sangre.

Es una tiranía, también, el “aquí y ahora”.

Es una tiranía también, claro. Entonces, a veces me tengo que decir: “Va a haber más aquí y ahora, tranquila”. Es aprender un poco eso, a respirar y a cuidar un poco más el espacio de recarga.

 

Euge Castagnino

Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Es fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.