Técnicamente la idea de combinar una infusión con un producto lácteo no debería parecer tan alocada. Desde hace siglos el tradicional té con leche inglés se considera una bebida elegante y refinada. Incluso hay gente que le pone crema, igual que al café.

¿Por qué puede parecer extraño que a alguien se le ocurra ponerle queso a la infusión? Tal vez resulte un buen sabor.
Eso mismo está ocurriendo por estos días, cuando esta nueva bebida llamada cheese tea empieza a imponerse como la nueva tendencia de moda en materia de bebidas gourmet.
El té con queso en verdad, se parece bastante a una cheese cake o a un licuado bien espeso.
Se originó en Taiwán y se abrió camino desde Asia para ganar popularidad en Estados Unidos. Comenzó como té cubierto con queso en polvo.
Sin embargo, como todos los grandes inventos culinarios, evolucionó con el tiempo y ahora consiste en una taza de té cubierto con una gruesa capa de espuma cremosa. La espuma está hecha de una mezcla de queso crema, crema batida y leche. Es similar a un licuado no muy batido, con sabor a tarta de queso, apoyado delicadamente encima de tu infusión, y está listo para convertirte en tu próxima bebida instagrameable (posta, preparate para sumarte al hashtag #cheesetea viene sumando fotos segundo a segundo).

¿Cómo hacerlo? Te pasamos la receta de Enough Tea & Coffee de San Francisco, un bar dirigido por Kris Wang, que hizo una adaptación tremenda de esta bebida. La idea es preparar una mousse con queso crema y sal marina que resulta una deliciosa espuma láctea y se coloca encima del té helado recién hecho. Podés hacerlo con hebras de distintas variedades: negro, verde o oolong. La mousse resulta un upgrade comparado con la tradicional crema batida.
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