"Me llevó siete años tener un hijo"

A Verónica Longhi (38) le costó mucho convertirse en madre. Probó tratamientos, viajó, meditó, hizo ejercicio y rezó, perdió dos bebés, pero nunca las esperanzas. Y lo logró.

Por Redacción OHLALÁ!

14 de octubre de 2013, 03:00

"Me llevó siete años tener un hijo"
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Macarena Otero

Entrevista de Ana Paula Queija

"En el casamiento, ya nos pedían sobrinos"

Con Juan nos conocimos a los 15 años y nos pusimos de novios enseguida. Diez años más tarde, seguíamos juntos. Él era profesor de Educación Física y yo, ingeniera en alimentos. La compañía multinacional donde trabajaba me ofreció reubicarme en Tucumán a cambio de un ascenso. Entonces, él me propuso: "Nos casamos y nos vamos juntos" . No me olvido más de Juan esperándome en el altar con los ojos llenos de lágrimas. En la fiesta, nuestros hermanos ya pedían sobrinitos, lo tengo filmado.

"La ilusión del primer bebé duró poco"

A los tres años, volvimos a Luján, de donde somos los dos, y vivimos en nuestra propia casa por primera vez. Era el momento ideal para tener un hijo y creíamos que ser papás era simplemente planificarlo. Pero pasó ese año y nada. A fines de 2003, fuimos a España, donde yo cursé una especialización en la Universidad Politécnica de Madrid. Juampi me apoyó y, mientras, trabajaba como personal trainer . Viajamos mucho y nos relajamos con el tema del bebé, será por eso que llegó el primer embarazo . Pero la ilusión duró poco: empezaron las pérdidas y la gestación se interrumpió a las pocas semanas. Nos invadió un dolor tan grande como inexpresable, y tuvimos que pasarlo solos.

"Lo más importante de mi vida no lo controlaba yo"

En 2005, nos mudamos a Mendoza y de nuevo quedé embarazada. ¡Pude pasar la semana número 12!, pero en la 13, rompí bolsa en mi trabajo y, cuando llegué al sanatorio, ya no había nada que hacer. Otra ilusión que se nos escapó de las manos. Aunque ambos embarazos duraron pocas semanas, yo sentí que perdía a mis hijos; se alejaba la posibilidad de formar la familia que tanto deseaba. Empecé a entender que lo más importante de la vida no lo controlaba yo.

"Cada vez que me venía..., una frustración"

Intentarlo después de cada pérdida fue muy doloroso, no quería volver a probar, me aturdía el miedo. Después, pasaba el tiempo y volvía la esperanza. Tuve épocas de estar muy pendiente de las fechas, la temperatura y los momentos en que debíamos tener relaciones; y otras en las que intentamos relajar y entregarnos a lo que tuviera que pasar, disfrutar nuestros encuentros y desear en lo más profundo que esa vez fuera posible, sin perder lo mágico que tenía estar juntos. A veces, sentía que yo era la más afectada por poner el cuerpo, pero con el tiempo me di cuenta de que el deseo era mutuo y que yo ponía el cuerpo, pero Juampi aportaba el empuje, el ánimo, la paciencia y el acompañamiento . El momento en que me indisponía me resultaba nefasto; no quería que llegara y, aunque me esforzaba por disimularlo, mi estado de ánimo mutaba. En cambio, cuando por casualidad se me atrasaba un día, me compraba un test para probar, ilusionada.

"Recurrí a muchas terapias"

Así pasamos muchos años: la búsqueda de un bebé es casi nuestra misión en la vida. A veces, siento que vinimos a crear, en todo sentido, y cuesta no poder hacerlo. Recurrí a muchas terapias, como psicoanálisis, reiki, constelaciones familiares, tomé flores de Bach y leí mucho al respecto. También hice El Arte de Vivir, recé y hablé mucho con mi abuela. La mente debe estar en paz para que el cuerpo esté en armonía para recibir lo que pueda venir.

"Mi fertilidad se había reducido en un 60%"

A fines de 2007, me internaron de urgencia por dolores abdominales agudos: tenía una endometriosis de grado 4. La operación salió bien, pero el médico me informó que mi fertilidad se había reducido en un 60%. Todavía con anestesia, le dije a Juampi: "No te preocupes, podemos adoptar" . En ese momento, sentí que nunca iba a poder gestar. Mi mamá tuvo 5 hijos y yo no iba a poder tener ni uno. Lo vivimos con mucha tristeza y enojo, pero decidimos seguir. Después de la operación, la endometriosis se instaló en mis ovarios y además tenía trombofilia: en caso de gestar, no podría retener al bebé. Estaba muy asustada, ahí sí me sentí perdida.

"Me cansé de escuchar: ‘¿Para cuándo el bebé?’ "

Toda la gente nos preguntaba: "¿Para cuándo el bebé?" , y yo no sabía qué responder. A veces, me cansaba y contestaba tajante: "Ya perdí dos embarazos" . Se quedaban mudos y no preguntaban más, o lo hacían de otro modo. En el momento, pensaba: "¿No se dan cuenta de que no podemos?" , pero no es maldad. La ley de la vida que nos inculcan es que hay que casarse y después tener un hijo; y cuando tenés un hijo, darle un hermano, y así...

"Diagnóstico: complicado pero con esperanzas"

Me recomendaron visitar al doctor Juan Carlos Procaccini, y con él empezamos de nuevo. "Complicado pero con esperanzas" , dijo. Nos propuso armar un plan entre los tres: "Operamos la endometriosis y encaramos una fecundación in vitro (ICSI)" . Él nos hacía reír y ya hablábamos del bebé que íbamos a tener. Por esos días, mi mamá transitaba un cáncer de ovarios (sus ovarios que tanto crearon le estaban jugando la peor batalla). Ella me decía: "Vos estás luchando para generar vida, yo estoy luchando para no perder la mía. Las dos vamos a poder" . La valentía de mi mamá me ayudó a apuntalar lo que se venía, y a pensar que no tenía nada para perder, sino todo por ganar. Volví a creer que era posible , Juampi y yo íbamos a ser papás, costara lo que costara.

"Fue una inversión económica que no estaba en nuestros planes"

Tanto el pago de honorarios del especialista como el costo del tratamiento in vitro implicó un esfuerzo enorme para nosotros y se transformó en el foco. Teníamos algunos ahorros y empezamos a buscarle la vuelta por la obra social. Todo este plan tenía una inversión que no habíamos previsto. No existía la ley de fecundación de la provincia, pero hicimos lo imposible para lograr cobertura: logramos solo un 10% del total. Con administración interna en casa y con todo el amor del mundo, nos achicamos en lo superfluo y nos concentramos en el tratamiento. Por suerte, no tuvimos que pedir prestado, pero si hubiera sido necesario, no tengo duda de que hubiera salido a hacerlo. Era el sueño de nuestras vidas.

"Felicitaciones, dio beta positivo"

La operación salió bien, y al mes iniciamos el tratamiento ICSI, que implicó la estimulación de mis ovarios, un poco deshilachados después de la operación. El ovario derecho fue el más perezoso, no ayudó nada; pero el izquierdo generó cinco óvulos, tres de los cuales eran de buena calidad. Esos tres óvulos, finalmente, fueron tres hermosos embriones que terminaron siendo transferidos en los días posteriores a mi útero. Cada paso logrado era un escalón hacia nuestro sueño. Lo celebrábamos con tanta alegría... Ahí vino el túnel negro de los doce días, los más largos de nuestra historia. Juampi no hablaba, y yo hablaba de más. El 8 de octubre de 2008, fuimos juntos al laboratorio para el análisis de sangre, y a las 4 en punto me llamaron: "Felicitaciones, beta positivo" . Salí volando del trabajo, abrí la puerta de casa y estaba Juampi esperándome. Nos dimos el abrazo más largo del mundo. Empezamos a llamar a todos y a especular si serían uno, dos o tres bebés. Esa noche no pudimos dormir.

"Cada ecografía era una fiesta"

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Debido a mi trombofilia, tenía que inyectarme heparina en la panza todos los días cuando me despertaba. Al principio, me daba impresión, pero después supe que era bueno para Joaquín y lo asimilé hasta llegar al punto de cero dolor. Algunas aplicaciones no eran muy prolijas y me dejaban hematomas, pero en verano me encantaba que se vieran: eran las huellas del proceso que estábamos viviendo. Vi el saco con el embrión en la sexta semana y grité de alegría. Cada vez que el bebé crecía, nos sentíamos poderosos. A la semana número 22, Juampi pudo sentir al bebé, su mano en la panza lo ponía activo. Llegamos a la semana número 27 y el médico nos hablaba de viabilidad, de que el bebé ya podría vivir.

"Después de 8 años, llegó Joaquín"

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El obstetra nos recomendó hacer una cesárea programada. Elegimos el día en que Joaquín iba a nacer: el 16 de junio de 2009, ¡geminiano! La cesárea fue hermosa, a las 9:59 de un martes apareció Joaco, sentado sobre la mano del obstetra. ¡Lloraba con tanta fuerza! Juampi me ayudó a incorporarme para que pudiera verlo. Los dos llorábamos muchísimo, no podíamos creer lo que estábamos viviendo. Me lo acercaron y lo llené de besos. ¡Le dije tantas veces que lo amaba! Fue un amor a primera vista y eso nos pasó a los dos. Joaquín es una bendición.

"Y ahora quiere un hermanito"

Joaquín ya tiene 4, y está un poco obsesionado con tener un hermanito. Dice que no se quiere casar... porque quiere ser hermano mayor. Ahora la presión viene del propio Joaco , y lo que hacemos es rezar cada noche con el ángel de la guarda para que ese bebé pueda venir.

Cobertura por ley

Eso de tener que invertir tanta plata en tratamientos de fertilidad debería ser algo del pasado, aunque todavía falta un poco para que se concrete realmente. Es que se acaba de reglamentar la primera Ley Nacional de Fertilización Asistida en Argentina por la cual las obras sociales y prepagas tienen el deber de cubrir los tratamientos y estos además deben poder realizarse en forma gratuita en el sector público, por más que actualmente el Hospital de Clínicas es el único con capacidad para ofrecer estos servicios.

¿Qué dice la ley? Que toda persona mayor de edad puede acceder, sin costo , a un procedimiento de fertilización, estando cubiertos los honorarios de los métodos de diagnóstico, del tratamiento y de la medicación para realizar los procesos necesarios.

Fuente: Dr. Ramiro Quintana, especialista en medicina reproductiva y preservación de la fertilidad.

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