Esta vez la copa quedó en manos de España y Argentina volvió a casa con un subcampeonato que duele. Pero, si hay algo que nos enseñó Lionel Scaloni, sobre todo en este Mundial, es a no ser resultadistas y a abrazar los procesos.
"¿Y si la pelota no entraba y perdíamos? Nos hubiéramos ido tristes, pero sabiendo que dejamos todo", dijo el DT tras el partido con Egipto. "El fútbol y la vida son esto: dar todo hasta el final e irte a tu casa sabiendo que diste el máximo", respondió en la conferencia de prensa después de la épica semifinal contra Inglaterra.
Y, justamente, eso fue lo que hizo esta selección. En un país tan exitista como el nuestro, Scaloni volvió a demostrar que, cuando termina el partido y sabés que diste todo, incluso si no ganás, podés irte con la tranquilidad de haber estado a la altura. Hay derrotas que también hablan de grandeza. Y ese aprendizaje no te lo quita nadie.
Tampoco nos quita nadie las lecciones de liderazgo —y de vida, por qué no— que deja este líder auténtico. Son muchas, pero voy a elegir tres.
Escuchar con atención. A veces, los líderes se jactan de estar ocupados viendo la big picture o "el bosque", pero es fundamental que no dejen de ver los árboles, con sus individualidades y necesidades. En el último cooling break del partido contra Suiza, Scaloni conversó con Paredes, escuchó su punto de vista y lo hizo propio. "El que está adentro de la cancha es el jugador y no el entrenador. Es importante escuchar", explicó después. Como buen líder, con humildad, se corrió del lugar de quien cree tener siempre la respuesta.
Dar seguridad psicológica al equipo. Scaloni construyó desde lo humano: les dio a los jugadores seguridad, confianza y sentido de pertenencia. "Hasta que el árbitro no dé el pitazo final, no se termina. Y necesitás jugadores que crean en ellos. Y que entiendan que, si hoy se perdía, ¿cuál era el problema? Mañana había que seguir. Eso te hace jugar más tranquilo", explicaba. Creer en el propio potencial y en el sueño compartido da firmeza y foco. No es la presión la que te hace conseguirlo, sino la tranquilidad de saber que estás dándolo todo y que hay un equipo que te respalda.
Abrazar el proceso. El resultado de una final siempre pesa. Pero este equipo dejó algo mucho más difícil de conseguir que una copa: una forma de competir, de liderar y de representar a un país. Este equipo nunca dejó de creer en su fuerza, incluso cuando el mundo entero hubiera apostado en contra. Nos recordó que la mayor ganancia también está en disfrutar el camino, vivir cada logro en presente y abrazarnos, incluso, cuando las cosas no salen como esperábamos.
Como dijo Scaloni al terminar el partido de ayer: "Perdimos, pero no por eso vamos a olvidarnos de lo que hicimos".
Gracias, Scaloneta, por todo lo que hicieron y por tantas alegrías.

Archivo LN
Agustina Vissani Directora editorial de @somosohlala, content manager de SOMOSOHLALA.COM y co-conductora de OHLALAND. Especialista en moda y análisis de tendencias.










