Mucho antes de que el apellido Messi se convirtiera en sinónimo del mejor futbolista del planeta, Jorge Messi y Celia Cuccittini eran apenas dos jóvenes del barrio Las Heras, una zona humilde del sur rosarino habitada por familias de trabajadores metalúrgicos y ferroviarios. Hoy, tras el fallecimiento de Jorge, repasamos la historia de amor que marcó un capítulo decisivo en la historia el fútbol mundial.
Celia y Jorge Messi: un casamiento en pleno Mundial
Celia y Jorge se conocieron siendo vecinos, en esa edad en la que el amor todavía no tiene apuro, y con los años esa cercanía de la infancia se transformó en un noviazgo que resistiría después décadas de sacrificio compartido.
El 17 de junio de 1978 se casaron en la iglesia Corazón de María, en una fecha que quedaría curiosamente entrelazada para siempre con el fútbol: se casaron en medio del Mundial que Argentina disputaba y terminaría ganando ese mismo año.

Fue el comienzo formal de una vida en común que ya llevaba tiempo latiendo entre ambos, y también el punto de partida de una familia que crecería rápido: Rodrigo llegó en 1980, Matías dos años después, Lionel en 1987 y finalmente María Sol, en 1993, la única mujer entre los hermanos.
La familia Messi: sacrificio, trabajo y un sueño imposible
Jorge se empleó como operario en la planta siderúrgica Acindar y fue escalando hasta convertirse en jefe de sección, mientras Celia repartía sus días entre un taller de bobinas magnéticas y changas de limpieza doméstica para redondear el sueldo. Vivían sin lujos en una casa de la calle Lavalleja, y los sueldos de ambos apenas alcanzaban para sostener a cuatro hijos en plena crisis económica argentina de los noventa.

Fue en ese contexto de estrechez que descubrieron que el más chico de sus varones tenía un problema en la hormona del crecimiento, un diagnóstico que exigía un tratamiento carísimo y que la familia no podía costear. Ahí, la pareja tomó una de las decisiones más determinantes de su vida: apostarlo todo, literalmente, a que Lionel pudiera jugar al fútbol y crecer sano, aunque eso significara cruzar el océano.
Barcelona, la distancia y la unión que no se rompió
Cuando en el año 2000 el Barcelona se comprometió a cubrir el tratamiento del pequeño Leo, Jorge tomó una de sus decisiones más difíciles, la de emigrar con su hijo a España, mientras Celia se quedaba en Rosario con los otros tres. La familia se partió geográficamente, pero no en su unidad. Jorge sostuvo a Lionel en cada paso de esos primeros años lejos de casa, se convirtió en su representante y administró contratos y decisiones que marcarían el rumbo del fútbol mundial, sin abandonar jamás ese perfil bajo que lo caracterizó.

Con el correr de los años, y ya instalada la fama global de su hijo, Jorge y Celia siguieron siendo la misma pareja de barrio que se había prometido amor en una iglesia de Rosario: discretos, unidos y ajenos al ruido mediático que rodeaba a la familia.

Más de 45 años después de aquel casamiento en pleno Mundial, la historia de Jorge y Celia sigue siendo, ante todo, la de dos jóvenes de un barrio humilde que decidieron construir algo juntos y nunca soltarse.
Cristian Phoyú Es comunicador audiovisual egresado de la Universidad de La Plata (UNLP). Trabaja desde hace 15 años en medios, siendo productor de TV, redactor y editor web. Es apasionado del cine y de las series.













