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Cómo podemos cuidar nuestra paz mental

En su primera columna del año, Sole Simond reflexiona sobre la importancia de estar presentes en nuestras vidas, de disfrutar del sentir y acerca de cómo custodiar nuestra paz mental.


Aprender a custodiar nuestra paz mental

Aprender a custodiar nuestra paz mental - Créditos: Getty



En una de esas fiestas de fin de año me reencontré con una amiga que no veía desde hacía más de una década, de esas personas que fueron muy cercanas en algún momento –¡hasta fuiste a su casamiento!–, pero que después la vida te llevó por otros rumbos y les perdiste el rastro. Nos encontramos bajo las estrellas de esa noche de verano y, como si no hubiera pasado el tiempo, me preguntó: “¿Cómo estuviste este año?”. “Con el corazón roto”, le respondí, con esa confianza e intimidad que logramos las mujeres en pocos segundos. “Ay, aprovechalo”, me dijo con un suspiro de disfrute y anhelo. “¿Cómo?”, le pregunté riéndome. “Sí, disfrutá sentir, que te atraviese la vida, cuando estás en pareja desde hace muchos años, desde la estabilidad, extrañás eso, las aventuras, enamorarte”. Me sonreí, de pronto me sentí afortunada, aunque, en la marea de incertidumbre, solo deseás llegar a tierra firme: la monotonía (aunque, según Shakira, ya sabemos cómo termina).

 

En esa postal del ocaso de 2022, recordé que una siempre desea lo que no tiene (me lo voy a tatuar, pegarlo en la heladera, ponerlo en un cuadrito en mi cuarto, inventar un hashtag...), que no es ni más ni menos que la trampa perfecta de los deseos. El pisapalito perfecto de creer que no es ESO que vivís sino OTRA COSA lo que te traerá felicidad. Sí, eso que le pasa a Fulanito, lo que compartió Menganita en redes, lo que te contaron que logró Martita, ¡es eso! lo que tengo que conseguir para sentirme plena.

Ahí está la emboscada de esta existencia. Yo te lo digo y me lo digo: es acá, es ahora, es lo que hay, son las bendiciones que tenemos, es aquello que nos falta de lo que nos disponemos para ser felices ahora, no mañana, no ayer ni el fin de semana. Ahora, con lo que hay, lo mejor. Pero tu mente dice: “No, no puede ser así, debería intencionar un nuevo trabajo, o encontrar una pareja, o tener más hijos, o ganar más plata, o cambiar de marido, o viajar afuera..., con eso sí sería feliz”.

 

Pues no, mi ciela (siempre quise decir eso), es acá; la invitación más exclusiva, personalizada y perfecta para estarte presente en la vida. Ya no sé si decirte plena, contenta, feliz, si querés digámosle PRESENTES. Eso ya es un montón. La mayoría de la humanidad o está viviendo en el pasado con lo que ya pasó o está en la ilusión de lo que nunca sucedió. Entonces, ya con decirle “presente” a la vida cuando pase lista tenés de sobra. Eso no significa que no haya cosas por ajustar o transformaciones por afrontar, pero no muerdas el anzuelo, sabé que siempre la búsqueda será hacia adentro.

Mientras, hacé lo necesario para custodiar tu paz mental; yo, por ejemplo, el año pasado dejé de seguir decenas de influencers que me provocaban vacío, porque me comparaba consumiendo esas vidas que parecen perfectas, y terminaban consumiéndome. Y me avergüenza decirlo, porque yo conozco los hilos de las redes, no soy ingenua, sé que eso que ves en Instagram es una verdad parcial, sin embargo, caigo como una chorlita y creo que ellos tienen algo que yo no logré. Es una fantasía, no es real, porque cada uno batalla con sus propios dragones, o también se convierte en Khaleesi, the Mother of Dragons, ja, dándole amor a lo que hay. Yo voy por ahí.

 

Pero lo segundo que me dejó ese encuentro casual fue no tener miedo a sentir, sentir lo que haya. A veces es más agradable y otras no tanto, pero en una era en la que todos tratamos de adormecernos de distintas maneras, el sentir es para valientes. ¿Qué trae esa emoción para mí hoy?, ¿qué puedo aprender? No creo que haya buenos o malos años, los años son, así que “bienvenido, 2023, aquí estoy, venga lo que venga”.

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