Stefi Roitman, en exclusiva desde Miami: "Siempre creí en Dios, pero sí hubo cosas que adopté de los Montaner"

Se siente en un momento muy expansivo y preparada para volver al ruedo actoral en 2023. Desde las playas de Miami, su nuevo lugar en el mundo, charlamos con ella sobre todo: desde su faceta como emprendedora hasta sus nuevos rituales de fe tras sumarse al clan Montaner.


Fotos de Gabo Bucheli

 • 

Producción deLuli Ballestrin

 • 

Maquilló y peinóVicky Ray

Bralette (Nadia Giménez, Bossa Concept Store), pantalón (Las Sureñas), sandalias (Gapaz, Bossa Concept Store).

Bralette (Nadia Giménez, Bossa Concept Store), pantalón (Las Sureñas), sandalias (Gapaz, Bossa Concept Store). - Créditos: Gabo Bucheli



Hoy Stefi Roitman está cerca de cumplir su primer aniversario de casamiento con Ricky Montaner, está al frente de su propio emprendimiento de trajes de baño –llamado My Happy– y es uno de los personajes principales del reality Los Montaner (por Disney+), que acaba de estrenar los últimos episodios de la primera temporada, en el que –según ella– “abren la cocina” de la familia artística que la rompe en toda Latinoamérica.  

Estás haciendo teatro..., ¿en qué momento está tu ser actriz? 
Está en un momento muy hermoso porque le estoy dando lugar a esa actriz. Que tal vez por unos dos años la dejé dormida, sin darle mucha bola. En este momento está en un proceso de aprendizaje, de ir para adentro, de explorar, de conocer nuevas facetas. Cosas que antes capaz pensaba que yo no tenía o que no podía y el hecho de ejercitarme y hacer audiciones y hacer ciertos personajes me hizo darme cuenta de que recontra puedo. Tengo recursos que pensaba que no tenía, por miedos o por inseguridades. La realidad es que estoy muy lista para lo que viene en 2023.  

El teatro abre zonas de descubrimiento personal. ¿Cuál es el último descubrimiento que hiciste sobre vos misma en este proceso? 
Pude descubrir de lo que soy capaz como actriz, que tal vez unos años antes no me lo creía. Una cae en comparaciones, y en ansiedades, y cosas que se le meten en la cabeza, te ponés límites innecesarios. Entonces, descubrí que no tengo límites. Los límites se los pone una en la cabeza, son totalmente fake y me di cuenta de que soy capaz de todo. Siento que para pasar al próximo nivel cada uno en su vida, en sus afectos, en su manera de trabajar, tenemos que estar listos y tener un par de checks para pasar al próximo nivel. Siento que estoy en ese proceso.  

¿Qué sentís que te trajo hacer la serie Los Montaner? Esta experiencia los obligó a estar muchísimo más juntos.  
Lo lindo es que de verdad nos encanta estar juntos. Hablo no solamente de los Montaner en sí, sino de mi familia, mis padres, mi hermana, mis amigas. Medio que esta manada se trasladó con la excusa de grabar el reality. Fue muy lindo y en el momento no me daba mucha cuenta de todo lo que iba pasando, todavía me cuesta. En realidad, mientras vivíamos el día a día había cámaras y punto. No es que cambiaba demasiado, no teníamos ni un guión ni nada. Era nuestra vida sin guión. Era “abrir la cocina”, en el sentido metafórico, mostrar un poco más allá de lo que mostramos en nuestras redes y abrir más aún nuestro corazón. Ser más vulnerables y poder mostrar otra cara.  

¿Hay alguna faceta tuya que todavía queda por develar en la serie?  
Re. Estoy segura de que si esto sigue por un tiempo más, van a seguir descubriendo cosas que todavía no se han mostrado. Cosas más sensibles, cosas más divertidas y tal vez una a veces no se atreve a hacerlo por vergüencita y de repente decís: ¿esto lo tenías escondido?, ¿cómo puede ser? Tal vez haya mucha gente que me conozca por mi esposo o por Simona, otras personas me conocen por Instagram, otras por TikTok. Siento que la serie hace una unión de todo eso. Stef es esta persona que habla así, que se ríe de esta manera, que tiene este humor.  

Hay como una idea de que tienen una vida perfecta. ¿En dónde se les cuela la imperfección como familia? 
En todo. Si tengo que enumerar las cosas en las que soy malísima o resuelvo mal: cómo encaro un día, la manera no tan genial que tuve de llamar a mi hermana porque estaba enojada... No me sale a la perfección. Pero de lo que sí estoy segura es de que intentamos ser lo mejor que podemos ser con esto que Dios nos dio, con estos recursos, con este privilegio. Es un privilegio lo que estamos viviendo. Es poder ponerle cámara a nuestra vida, a nuestro día a día, y trabajar de lo que amamos y tener una familia que amamos. Lo que sí te digo es que somos imperfectos por la manera en que la cagamos. La vivimos cagando, como todo el mundo.  

¿Vamos a ver peleas en la serie también? 
No, pero te digo por qué no. Todas las familias tenemos quilombos, pero yo creo que el tema es cómo los encaramos. Si me peleo con mi hermana, el tema es cómo elijo enfrentar ese problema. Estoy hablando de algo banal, pero es un ejemplo de que no es que no tenemos problemas. Si a la primera te enfrentaste de una manera que no te gustó, la segunda será un poquito mejor y estoy segura de que la tercera podés hablarlo. Mientras haya comunicación clara, amor y respeto, sobre todo, creo que siempre todo se puede resolver. Esa es mi filosofía.  

“Descubrí que no tengo límites. Los límites se los pone una en la cabeza, son totalmente fake y me di cuenta de que soy capaz de todo...”.

Bikini (By Mumi, Polet), campera de cuero con flecos (Johanna Braun, Polet), collar (Finn Design, Polet), pañuelo (Sigal).

Bikini (By Mumi, Polet), campera de cuero con flecos (Johanna Braun, Polet), collar (Finn Design, Polet), pañuelo (Sigal). - Créditos: Gabo Bucheli

Están en un momento de expansión. Me conmovió cuando en tus votos le dijiste a Ricky: “Sí, te voy a ir a ver a Niceto”, no era el Gran Rex...  
Sí, me emociona lo que decís. Totalmente, fueron años de superexpansión. Yo conocí a un Ricky que, si bien desde mi punto de vista era exitoso, en ese momento llenaba un Niceto. Y para mí siempre era el número uno. Y cuando lo empecé a conocer más en profundidad me di cuenta de que estaba en un momento de plena expansión, de crecimiento, de superar un montón de miedos. A veces uno quiere crecer y crecer porque es ansioso y ambicioso. Cuando uno es ambicioso, se quiere matar porque hay muchas ansiedades. Pero bueno, cuando uno baja y respira y puede reconocer y agradecer lo que está viviendo en tiempo presente, se vuelve todo más lindo. El reality está bueno para refrescar eso y ser consciente de ese privilegio. Tengo salud, tengo mi familia, trabajo de lo que amo, vivo de lo que amo. Justo hace poquito perdí a mi abuelita, falleció e intenté, a pesar del dolor, seguir estando en movimiento y en presente y abrazarme con mi viejo y ser muy agradecida de cada pasito.  

¿Y qué viste en ese Ricky que te invitó a ir a Niceto? 
Lo que te puedo decir es que mi primera impresión fue “qué tipo talentoso, qué tipo canchero, qué tipo cool”, también muy sexy. Arriba del escenario fue su mejor carta de presentación, rompiéndola. Y después, cuando empecé a conocerlo, empecé a hablar, me había parecido maravillosa su manera de tratar a otra persona: sus buenos gestos, sus detalles, su generosidad, su manera de ser atento. Decir: “Apa, este tipo se acordó de que le dije esto”. Me había impactado que, a pesar de no conocernos, había como una conexión especial cuando hablábamos. Ya tenía detalles que me habían parecido lindos y dije: “Vamos a darle una chance”. El resto es obra del destino. Nunca en mi vida me imaginé casarme con alguien de otro país. Estaba fuera de mi paradigma. 


¿En tu familia también creciste con esta idea de la importancia de estar en familia? ¿También es algo que vos mamaste de chica? 
Desde chiquita tengo recuerdos de estar en familia, siempre. Recuerdo a mi padre decirme en cumpleaños, celebraciones, Bar Mitzvá, casamientos o lo que fuera: “Siempre en fiestas”. Es algo que mis abuelos y tatarabuelos, que venían escapándose de la guerra, mi abuelo se escapó de la Segunda Guerra Mundial, siempre decían entre ellos. Como que hay que estar unidos, hay que celebrar; en los momentos malos, estar juntos también; pero en cada momento lindo, decir que ojalá nos encontremos siempre en fiestas y no en momentos tristes. Eso me jugó a favor de que no tuve que acostumbrarme a algo distinto. Para mí era natural, fluía con eso, con ese tipo de valores de familia.   

¿Te costó irte a vivir a Miami? ¿Cómo fue esa adaptación? 
Sí, claro que me costó. Yo llegué el 14 de marzo a Miami y sabiendo que se venía la cuarentena, hablé con mi viejo, con mis amigas, con Ricky, obviamente, íbamos dos meses de noviazgo. Unos locos de la guerra que dijimos: “Listo, nos quedamos acá varados”. Pero igual, súper conscientes de que queríamos hacer eso. No te puedo decir que fue el peor año de mi vida, la pandemia. No estaría siendo honesta. Fue un año rarísimo, con muchas cosas tristes y pérdidas y extrañar y replantearme un montón de cosas, pero también fue un año de muchas bendiciones. Y de encontrarme más mujer, y tomando decisiones que tenía que tomarlas yo, ni mi mamá ni una amiga, nada. Sí me tocaron momentos de angustia y de ansiedad y de ponerme a la noche a llorar y decir: “¿Qué hago?”, “¿adónde voy?”, si estaba bien o mal lo que estaba haciendo. Pero siempre seguí a mi corazón, lo que sentía, y yo estaba tranquila con eso. Dije: “Bueno, esto es lo que siento, voy a actuar en consecuencia”. Si me equivoco, aprenderé. Pero puedo decir que no me quedé con las ganas de experimentar nada.  

¿En qué sentís que se complementan o que son distintos con Ricky? 
Por ejemplo, algo que nos pasa todos los días, hay que llamar al plomero. Él es súper proactivo, quiere algo y lo hace, no le importa la hora, y yo soy un poco más relajada. Él es buenísimo llevando a cabo ese tipo de acciones. Yo soy más tranquila, lo bajo a tierra. Ojo, a veces es al revés, él está pasado y sacado y yo soy más “bueno, esperemos a mañana”. En eso somos recontra distintos, pero nos complementamos. Yo soy agua pura, muy sensible. Por eso también voy como fluyendo y voy tranquila. No me gusta que me apuren. Y él es al revés, es mucho más fuego. Lo quiere y va a pelear por eso y lo va a tener. Yo soy un poquito más que me dejo llevar con el día a día, voy viendo cómo me siento. En eso somos distintos. 

Mao, tu perro, ¿ya estaba o lo adoptaron juntos? 
Lo adoptamos juntos. En enero me puse de novia y a las dos semanas me cae con que quiere un perro. Me preguntó y le dije: “Mirá, la verdad es que vos viajás mucho, no sé si es lo mejor”. Y él: “Pero mirá este perrito...”. Y yo: “Bueno, pero mirá que hay que ocuparse, la comida, el veterinario, los gastos...”. Y ahí vuelvo a lo mismo: Ricky, lo que quiere, lo tiene. Literalmente, lo quiso y lo tuvo. Ahí simplemente fui de apoyo moral. El 18 de marzo llegó Mao, empezó la pandemia con Mao. Nos quedamos encerrados con un cachorrito, despertándonos cada tres horas porque se pillaba, se cagaba. Esa fue nuestra primera semana de cuarentena. Llegó Mao con la pandemia, con el amor, con todo.  

Traje de baño (Las Sureñas), collar (Pequeñas Indulgencias).

Traje de baño (Las Sureñas), collar (Pequeñas Indulgencias). - Créditos: Gabo Bucheli

“Siempre seguí a mi corazón, estoy tranquila con eso. Si me equivoco, aprenderé. Pero puedo decir que no me quedé con las ganas de experimentar nada”.  

¿Cómo te llevás con los rumores de embarazo que circulan? 
¡Ya me han embarazado como 20 veces! Embarazada no estoy. Es algo que en un futuro me lo recontra sueño, pero ni ahí es algo que quiera hacer pronto. Es algo más a largo plazo.  Ahora me estoy estrenando como tía. Estoy enamorada, babeada. Todo el tiempo los quiero ir a visitar. 

Hablemos de tu proyecto, My Happy. ¿Lo arrancaste en pandemia? 
En realidad, yo creé otra cuenta de Instagram, quería hacer como un lado B de Stef, donde ponía cómo me sentía en cuarentena, canciones que me habían hecho bien y algún texto que quería compartir, y había mucha gente que se identificaba con esas cosas. Empezó como un proyecto de my happy something; era como my happy breakfast, my happy music, my happy dog y compartía algo de Mao y la gente comentaba. A principios de 2021 empecé a pensar: “OK, esta gente con la que estoy interactuando, me gustaría proponerle algo, algo que pueda llevar a la casa”. ¿Una taza? ¿Un librito? Entonces, me junté con una amiga, empezamos a pensar qué podía ser y llegamos a la conclusión de que el traje de baño es algo que me identifica, porque lo uso, porque me da felicidad, serotonina, la playa, el sol, las amigas, y siento que me súper representa. Siento que fue un camino de pensar en algo que me iba a hacer feliz y me iba a identificar y llegamos a la bikini. Pero My Happy es abierto a lo que sea. El día de mañana puede ser un My Happy World, puede ser un mundo, un universo.  

¿Cómo la llevás como empresaria? Vos estudiaste Economía de Empresas, la teoría la tenías. 
Es un re tema. Dije: “Vamos a hacer esto, vamos a divertirnos...”. ¡Las bolas! ¡Es un caos! Yo soy licenciada en Economía Empresarial, estudié en Di Tella. En muchas cosas de procesos y de costos, producción y logística, me megasirvió la carrera. Entiendo en las reuniones, cuando hablo con un proveedor, con un cliente, con el de logística, eso me encanta porque entiendo. Pero es duro porque me lleva mucho tiempo, mucha energía. Hay días que estoy re cansada y lo único que quiero hacer es actuar, bailar y cantar. No quiero ponerme en modo empresaria. Es como una batalla también. Mi mamá me ayuda un montón y trabaja conmigo. Es una capa ordenando, administrando, entonces también tengo gente de confianza, manos derechas que me ayudan un montón.  

También es un equilibrio. Armar equipo es un re trabajo.  
Sí, es un equipo que fue mutando, no sigo con el mismo que desde 2020 o 2021, pero todavía seguimos. Si bien estoy muy feliz con mi marca y estoy muy orgullosa, todavía quiero crecer un montón y sigo aprendiendo y me sigo equivocando. Pero bueno, pasito a pasito. Lo bueno es eso, armar equipo y que cada rol esté alineado con los mismos valores, la misma energía, eso es muy importante.  

Sí, eso también tiene que ver con no perder esos instantes de felicidad de los que hablabas antes.  
Total. Es una megabatalla. Yo soy muy de “si lo siento, lo hago, y si no, no”. Y a veces no es así, a veces hay que tener disciplina y aunque no quieras hay que hacerlo. La disciplina te lleva a lograr los sueños porque la motivación siempre va a estar primero. Y cuando se va la motivación, aparece la disciplina, y si no hay disciplina, se pincha.  

Sombrero (Rhada), aros (Pequeñas Indulgencias).

Sombrero (Rhada), aros (Pequeñas Indulgencias). - Créditos: Gabo Bucheli

También es poderosa la idea de poder generar los ingresos propios. Se te nota súper independiente, me imagino que esto debe ser algo importante para vos.  
Total. Desde que llegué a Miami y me di cuenta de que me iba a quedar por un tiempo largo, lo primero que hice fue empezar a tirar mensajes. Levantarme a la mañana y tomarme horas, tres por día a la mañana antes de seguir con mi día o con mis estudios, tirando mensajes a marcas, a publicistas, a agencias. Es muy clave lo que decís. Desde muy chiquita es lo que mamé. Una pelea por lo suyo y qué bueno que una pueda formar familia y formar equipo, pero necesito mi independencia, necesito mi autosuficiencia. Y desde siempre fui así y más aún cuando me quedé acá, que ya no eran los mismos gastos, que si me quería dar un gusto, no era lo mismo. Y también sentirme a la altura. Mi esposo tiene lo suyo, yo tengo lo mío y los dos aportamos. Eso me hace sentir muy bien.  

Entonces, en cuanto a las finanzas de pareja, ¿los dos aportan y comparten lo mismo? 
Sí, a full. Nunca tuvimos una charla de “esto es tuyo, esto es mío, ojo, preguntame”. No. Cada uno sabe lo que tiene, los dos somos megagenerosos con lo de los dos y queremos crecer como familia. Gracias a Dios, porque también tengo un esposo recontra mil amoroso y generoso. A mí me encanta regalar, me encanta invitarlo y eso también me da la independencia. Nunca fue un tema.  

Con Sara, la esposa de Mau, ¿armaron tándem como Mau y Ricky? Debe haber sido como una hermana para vos.  
Sí, la amo. Se volvió una hermana. Tuve suerte porque fue desde el primer momento que la conocí, dije: “Esta tipa me salvó los conciertos”. Es mi compañera, es la mamá de mi sobrino, es mi amiga, es compinche, nos apoyamos un montón, me caga a pedos cuando me tiene que cagar a pedos, es la número uno regañándome. 

¿En qué te caga a pedos, por ejemplo? 
Por ejemplo: “Stefanía, estás comiendo muchos dulces, te va a doler la panza”, “Stefi, ¿llamaste a Mari?”, “no, no la llame”, “¡llamala a Mari!”, cosas así. Es un poco mi hermana mayor, mi mamá, mi todo. Y con Ricky también. Un mensaje de Sara a la mañana es: “Recuerden que hoy llega Carlitos a las 11”, “gracias, mi amor, es verdad”; capaz yo ya lo sabía, pero igual le agradezco porque a ella también le gusta. 

Bikini, pantalón, pulseras y vincha (Sigal).

Bikini, pantalón, pulseras y vincha (Sigal). - Créditos: Gabo Bucheli

“Siempre fui creyente y siempre creí en Dios, pero sí hubo cosas que adopté de la familia de Ricky, de la manera en que ellos se comunican y se relacionan con ese Dios”.

Tanto vos como Ricky exponen su vida en las redes. ¿Dónde encontrás ese límite de “esto me lo guardo para mí”? 
El otro día me puse a pensar: ¿hace cuánto que tengo redes sociales y expongo y expongo? Siento que el límite se fue dando naturalmente. Hay muchas influencers que muestran todo y si están mal, lo muestran, y si están llorando, se graban llorando. Yo no soy tan ese estilo. Intento ser celosa de algunas cosas de mi privacidad, por mi salud mental, por mi máxima intimidad, por mi familia, mi círculo íntimo. El día de mañana, si tengo hijos, también pensaré si exponerlos o no porque también es parte de mi privacidad. Y es como que, ya que estamos tan expuestos, quiero elegir qué cosas resguardar para sentir que estoy teniendo algo más íntimo que los demás no conocen. Entonces, el límite es un poco del día a día. Decirme: “Esto que voy a compartir, ¿vale la pena?, ¿para qué?”. El famoso “¿para qué lo voy a compartir?”. Porque lo tengo que hacer, porque es mi trabajo o porque quiero comunicar este mensaje a mis seguidores, o apoyar a tal causa, o simplemente porque Instagram es también para divertirnos. Una a veces se olvida y piensa que es puramente para trabajar, pero a veces quiero subir algo de mi perro y eso es abrir un poco las puertas de mi casa. Pero bueno, siento que es un límite que paso porque me siento cómoda, porque me hace feliz. Creo que el límite está en darme cuenta de para qué estoy compartiendo lo que estoy compartiendo. Nunca compartiría algo que faltara el respeto. Y también tengo momentos al revés, que no quiero compartir nada y no comparto nada. Va un poco de la mano con lo que voy sintiendo.  

Hablaste de salud mental y los vimos haciendo yoga en la serie. ¿Qué otras cosas hacés por tu salud mental? 
Voy a terapia, muy importante. Tengo momentos de meditación. Momentos que nosotros les decimos “tiempo con Dios”, son momentos más espirituales, en los que escribo, agradezco, pregunto.  

¿Eso es algo que ya traías vos o es algo que trae la familia Montaner y vos adoptaste? 
No, lo adopté. Yo soy de la colectividad judía, soy judía de pura cepa. Todos mis abuelos, mis tíos, mis padres, vengo de ese círculo muy hermoso. Tengo un montón de tradiciones y cosas culturales de mi religión que tengo muy aferradas y súper arraigadas, pero también quise abrirme a otras cosas que me di cuenta de que me hacían bien. Capaz para alguien es más difícil entenderlo, alguien que es muy conservador con cada religión por ahí no entiende esto de “se casó con uno que no es judío”. Bueno, puede pasar, en mi caso me hizo muy bien abrir esas puertas y abrirme a conocer y a investigar otras cosas que me hicieron muy bien a mí y a mi corazón. Siempre fui creyente y siempre creí en Dios, pero sí hubo cosas que adopté de la familia de Ricky, de la manera en que ellos se comunican y se relacionan con ese Dios. Que no pasa por la institución, no es vamos a la iglesia o vamos al templo. Sino que es cómo me vinculo, cómo hablo y cómo agradezco cada día a ese ser superior o lo que cada uno crea, que me hace tranquilizarme. Me hace darme cuenta de que no tenemos el control de nada. Y lo que no podemos controlar, para qué uno se va a estresar, de verdad, me trae mucha paz.  

Que ustedes traigan a un espacio mainstream la idea de la consciencia de Dios, de la fe, a mí me parece muy rupturista. Hace algunos años ese tipo de cosas era medio outsider, y que hoy popularicemos lo divino, lo espiritual, me parece un gran avance humano. Además, en un diálogo integrado entre creencias.   
Total. Y les recontra agradezco que traigan eso, a mí me daba un poco de pudor hablar de eso al principio porque una piensa en el qué dirán. Pero la realidad es que si una está tranquila con lo que es y con lo que realmente le hace bien para compartirlo y capaz poder ayudar a otras personas, eso es lo más importante. Todo es en pos del bienestar común. Estoy segura de que lo que a mí me hace bien le va a hacer bien a muchísima gente, porque a mí me pasó. No te digo que soy la persona más espiritual del mundo. No, me falta un montón. Pero sí estoy en ese proceso de conocer, de preguntarme y de conectarme. Y está bueno traerlo a colación, más en lo mainstream, para dar a conocer otras cosas que no se muestran y una, a veces por prejuzgar, piensa que es raro, y cero. Todo lo contrario. Es súper lindo y súper bienvenido. • 

Bikini (My Happy), chaleco de lentejuelas (Carolina K.).

Bikini (My Happy), chaleco de lentejuelas (Carolina K.). - Créditos: Gabo Bucheli

¡Compartilo!

En esta nota:

SEGUIR LEYENDO

Sofi Martínez, la periodista revelación de Qatar 2022: "Fui al Mundial insegura y volví plena"


por Soledad Simond y Agustina Vissani

Juli Nair Calvo vuelve al teatro con Tootsie: "Los sueños se trabajan"


por Soledad Simond y Agustina Vissani

Lali: “Ya no es gratis decir algo fuera de lugar, a la mujer se la respeta”


por Euge Castagnino

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.