Los almohadones son uno de los recursos más fáciles para transformar el dormitorio: aportan color, textura y una sensación de cama de hotel. Pero cuando llega la hora de dormir, tener que retirarlos puede convertirse en un pequeño problema, especialmente si no contamos con un lugar específico donde guardarlos.
Dejarlos en el piso no es la mejor opción, tanto por una cuestión de higiene como porque pueden terminar desparramados por la habitación. La clave está en encontrar soluciones de guardado que sean prácticas, accesibles y que además se integren a la decoración. Desde un cesto de fibras naturales hasta un baúl a los pies de la cama, existen alternativas para todos los estilos y tamaños de dormitorio.
10 ideas decorativas

1. Cestos de mimbre
Un cesto grande de mimbre o fibras naturales puede convertirse en el aliado perfecto. Ubicado a los pies de la cama, permite guardar varios almohadones rápidamente cuando llega la noche. Además, suma una textura cálida y natural que funciona especialmente bien en dormitorios de estilo rústico, mediterráneo o minimalista cálido.
2. Un baúl a los pies de la cama
Si hay espacio suficiente, un baúl es una de las opciones más completas. Permite guardar los almohadones fuera de la vista y, al mismo tiempo, funciona como banco auxiliar. Los modelos de madera aportan un aire más rústico, mientras que los tapizados pueden integrarse a dormitorios contemporáneos o clásicos.
3. Un banco con espacio de guardado
Otra alternativa es elegir un banco con tapa o con espacio inferior para colocar los almohadones. Puede ubicarse al pie de la cama o debajo de una ventana y cumplir una doble función: servir como asiento y resolver el guardado nocturno.

4. Bolsas de lona colgantes
Cuando el dormitorio es pequeño, aprovechar las paredes y las puertas puede marcar la diferencia. Las bolsas grandes de lona permiten guardar los almohadones sin ocupar superficie del suelo. Se pueden colocar detrás de una puerta, en percheros de pared o en algún sector poco utilizado del dormitorio.
5. Un puff con almacenamiento
Los puffs huecos son otra solución funcional para espacios reducidos. Durante el día funcionan como asiento o apoyo y por la noche permiten guardar varios cojines en su interior. Para que el resultado sea armónico, conviene elegir un tapizado que dialogue con la ropa de cama, las cortinas o algún otro elemento del ambiente.
6. Una estantería flotante baja
Una estantería instalada a poca altura también puede convertirse en un espacio de guardado. Es especialmente útil cuando no hay lugar para incorporar muebles voluminosos. Los almohadones pueden quedar apilados allí y formar parte de la decoración, siempre que se mantenga una composición ordenada.
7. Un carrito auxiliar con ruedas
Los carritos que suelen utilizarse como auxiliares también pueden cumplir una función inesperada: guardar los almohadones. Una de sus ventajas es que se pueden trasladar fácilmente de un sector a otro. Un modelo de madera aporta calidez, mientras que uno metálico puede funcionar mejor en un dormitorio de estética industrial o contemporánea.
8. El espacio debajo de la cama
Antes de sumar un mueble nuevo, vale la pena revisar el espacio disponible debajo de la cama. Si cuenta con cajones incorporados, se pueden destinar exclusivamente al guardado de textiles. En camas sin almacenamiento, también existen cajas bajas con tapa que permiten aprovechar ese espacio sin alterar demasiado la estética del dormitorio.

9. Un banco de noche de gran tamaño
Un banco no tiene por qué utilizarse únicamente para dejar preparada la ropa del día siguiente. Los modelos más grandes también pueden servir para apoyar o acomodar almohadones. Es una opción interesante para quienes buscan mantenerlos ventilados y a la vista, pero sin dejarlos sobre una silla o desparramados por la habitación.
10. Una escalera decorativa
Una escalera de madera apoyada contra la pared puede convertirse en un recurso decorativo y funcional. Sus peldaños permiten colocar mantas, textiles y algunos almohadones. Además de resolver el guardado, aporta verticalidad y un punto de interés visual al dormitorio. Es una alternativa especialmente atractiva para ambientes de inspiración nórdica, rústica o bohemia.
¿Por qué conviene guardar los almohadones al dormir?
Más allá del orden visual, retirar los almohadones durante la noche permite evitar que permanezcan en contacto con el suelo o con otras superficies donde pueden acumular polvo. También ayuda a mantener una separación entre los textiles utilizados durante el día y la ropa de cama. La clave es no convertir el guardado en una tarea complicada. Si cada almohadón tiene un lugar definido, ordenar la cama antes de dormir y volver a vestirla por la mañana se vuelve mucho más sencillo.
El truco: elegir un lugar fijo
No hace falta esconder todos los almohadones. Lo importante es elegir un sistema que se adapte al espacio disponible y que permita guardarlos siempre en el mismo lugar. Un dormitorio ordenado no depende solamente de tener pocos objetos: también de encontrar soluciones de guardado que hagan que cada cosa tenga su sitio. Y en el caso de los almohadones, un recurso funcional puede convertirse, además, en una nueva oportunidad para decorar
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