Su relato habla de resiliencia y su forma de contarlo tiene sensibilidad poética. Con 20 años y recién recibida de abogada, Laura Mora Trovat emigró de Venezuela con su novio Jesús, hoy su marido. En los primeros tiempos vivieron en un conventillo de San Telmo y ella trabajaba en un taller de ropa clandestino, muy alejada de la vida que conocía hasta entonces. “Pero al llegar aquí, se sintió como una pausa que hizo más ligero el dolor. ¡Fue toda una aventura!”, comparte.

Como todo lo que vino después. Escribió, creció, hizo amigos que se convirtieron en familia y encontró en las redes un lugar para sentirse libre y disfrutar de un presente transformador. Siempre “del lado bello de la vida”, como suele decir ella. “Creí en mi intuición y sabía que la Argentina iba a ser mi casa”, confiesa.

Hoy, viven en este depto en Villa Urquiza que llenaron de colores y experiencias. “Me encanta que sea un museo de nuestra historia. Aquí conviven todas nuestras versiones”, asegura. En su cuenta de Instagram (@lmtrovat) comparte pedacitos de esta vida tan inspiradora, con una mirada estética y, sobre todo, auténtica. Una fórmula que funciona.

Sentirse en casa

A la semana de mudarse ya estaba todo listo: “Soy muy ansiosita”, se ríe. Venían de un depto con un estilo bohemio, pero al llegar a este espacio sintió que esa deco ya no la representaba. Decidió entonces llenarlo de color y, sobre todo, de sentido. “Jesús y yo somos muy creativos: él es más dark y yo más del color”, cuenta. De esa fusión surgió la deco actual con una paleta explosiva, objetos con historia, texturas y muchas plantas. La cocina es el único ambiente blanco y despejado.

En un domingo ideal, preparan arepas, perico y empanadas fritas de harina de maíz: “Es nuestra comfort food. Se siente lindo cocinar platos venezolanos que te devuelven a la infancia y a la familia”, dice. El plan sigue de paseo por la ciudad: les encanta caminar, sacar fotos, recorrer ferias y visitar museos: “Me propuse como reto conocer los museos de la ciudad, que son más de 180. Mis favoritos son los museos casa, como el Yrurtia”, asegura. El recorrido siempre termina en algún cafecito de especialidad, con libro en mano o libreta para escribir las experiencias del día. El balcón, también, les da eso: arte, color, cafecitos (y también mates), lápiz y papel.

Hacerlo propio

En el dormitorio, como en el resto de la casa, cada decisión fue pensada al detalle: la paleta de colores, las texturas, el arte y los elementos decorativos generan un ambiente con mucha personalidad. “Con la deco hacés que un espacio cuente algo de ti”, asegura Lau, y recuerda esa habitación del conventillo de San Telmo que había decorado con cajas de frutas pintadas con aerosol y trapitos rejilla. “Ahora pienso y me da ternura. Con o sin recursos, me las ingenio”, confiesa. Porque Lau es creativa y, sobre todo, como dice ella: ama romantizar la vida.

“Me encanta mi casa, el país en el que vivo y mi trabajo. Este es mi lugar en el mundo y se siente muy bien”, comparte. Durante la semana, se levantan temprano para ir a entrenar. Lau vuelve antes y prepara su ritual de calma para afrontar el día: “Pongo música, escribo en un diario y me tomo mi café. Es mi momento sagrado”.
Después, desayunan juntos y se ponen a trabajar: a veces en el estudio y otras en el comedor, aunque también les gusta trabajar en cafecitos y en el balcón. “Si hacés cosas creativas, es súper valioso mover el trabajo, para no encasillarse”, explica.

Espacio creativo

Lau es creadora de contenidos, en especial de lifestyle, moda y deco, con una comunidad en redes de más de cien mil seguidores. Su perfil tiene luz propia, colores que inspiran y un sello caribeño que habla de su identidad. “Las redes han sido un camino muy interesante que forma parte de mi vida. Son un espejo de mis procesos y de lo que me atraviesa”, reflexiona.
Por su parte, Jesús es programador y también artista: “Él es súper sensible y creativo. Con la pintura pudo deconstruirse y explorarse a sí mismo. Su arte tiene mucho significado”, destaca ella. Este estudio es el rincón de la casa donde “el caos está permitido, porque aquí suceden cosas”, dice Lau. Su plan a futuro: tener un negocio propio que permita explorar distintas formas de expresión, y también escribir un libro de autoficción: “Le pongo resistencia, porque es lo que más miedo me da. Pero es algo que me debo”, confiesa.

Mientras tanto, despunta el vicio en sus diarios o en los textos que comparte con sus seguidores. Siempre con esa musicalidad que caracteriza al corazón venezolano.
Soledad Avaca Cuenca Es licenciada en periodismo, redactora y productora deco para OHLALÁ!

