La noche eterna de Él Mató: pogo, un guiño a Messi y canciones que ya son himnos

Él Mató a un Policía Motorizado volvió a tocar en el Movistar Arena de Buenos Aires con un show que repasó sus grandes éxitos y hasta incluyó un guiño al Capitán de la Selección Argentina.

Por Euge Castagnino

20 de septiembre de 2026, 09:57

santiago Motorizado tocando una guitarra
La banda platense en el Movistar Arena: una noche de melancolía, pogo y celebración. - Gentileza Prensa

Ayer a la noche, el Movistar Arena se convirtió durante casi dos horas en una especie de territorio "Él Mató". Un lugar donde podían convivir la melancolía, el amor, la amistad, el fútbol, las guitarras distorsionadas y ese pogo que empieza tímidamente y termina convirtiendo a miles de personas en un solo cuerpo.

Después de celebrar sus 20 años en diciembre pasado con una serie de shows en Obras dedicados a su trilogía fundacional, la banda platense liderada por Santiago Motorizado volvió a uno de los escenarios más grandes de Buenos Aires para recorrer sus hits. Y si había una pregunta flotando antes de que empezara el show (¿cómo se traslada cierta intimidad de Él Mató a un estadio?), la respuesta apareció rápido: haciendo que el estadio se sienta un poco menos estadio.

Los primeros acordes que sonaron fueron “Navidad en Los Santos” y “El héroe de la Navidad”. Después llegó “La noche eterna”, y ese verso que todos cantamos (“esta noche es especial, tan brillante como el oro en la oscuridad”) terminó funcionando casi como una declaración de principios de lo que estaba pasando ahí adentro. Porque sí: esta noche era especial.

Santiago Motorizado, al frente, conserva esa manera tan suya de estar sobre el escenario: sin necesidad de sobreactuar el rol de frontman, con pocas palabras y dejando que las canciones hagan todo el trabajo. A su alrededor, Guillermo Ruiz Díaz en batería, Manuel Sánchez Viamonte y Gustavo Monsalvo en guitarras y Agustín Spassoff en teclados construyen ese sonido que puede ser al mismo tiempo hipnótico y explosivo.

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La banda que nació en La Plata a mediados de 2003 ya nos tiene acostumbrados a su capacidad de convertir una canción aparentemente pequeña en un himno colectivo. Ahí fue cuando llegaron “Un segundo plan”, “Diamante roto”, “Medalla de oro” y “Chica rutera”. Con estos clásicos que encienden el cuerpo, el público ya pedía pogo en el campo. 

A continuación llegaron dos himbos de la banda: “Más o menos bien”“Amigo piedra”, acompañados por una masa en movimiento. Hay algo fascinante en mirar desde afuera lo que sucede cuando una banda logra canciones que sus seguidores sienten como propias. No hace falta que Santiago diga demasiado. Apenas empieza una melodía, miles de personas saben qué viene después. Se adelantan a la letra, gritan el estribillo, saltan, se abrazan. Es una coreografía que nadie ensayó y que, sin embargo, todos conocen.

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Un inesperado guiño a Messi en "El tesoro".

Después llegó “El tesoro”, con un detalle emotivo que fue también un homenaje. Mientras Santiago canta “cuidarte siempre a vos en la derrota, hasta el final, el final”, aparece Lionel Messi en las pantallas y la imagen del capitán de la Selección Argentina completa el sentido de la canción y provoca uno de esos momentos en los que el recital deja de ser solamente musical. Una canción de amor que encuentra una imagen inesperada y perfecta en uno de los grandes símbolos emocionales de los últimos años.

El show sigue avanzando entre “Destrucción”, “Yoni B”, “Excálibur”, “El mundo extraño” y “Sábado”. Hay momentos de pura energía y otros en los que la banda deja respirar las canciones. Porque esa es otra de las claves de Él Mató: no necesitan elegir entre la tristeza y la fiesta. Pueden hacer las dos cosas en la misma noche.

“Las canciones de Él Mató tienen esa particularidad: no suenan jóvenes ni viejas, suenan vigentes”, escribí después de aquel show de Obras al final de 2025. Y en el Movistar Arena esa sensación vuelve a comprobarse. Son pequeños refugios emocionales. Porque mientras todo alrededor parece pedir velocidad, productividad y certezas, estas canciones siguen hablando de lo contrario: de esperar, de perder, de enamorarse, de extrañar, de no saber muy bien qué hacer y, aun así, seguir adelante.

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Hacia el final del show llegan “El fuego que hemos construido” y, después, el primero de los bises, quizás la canción más íntima de la banda: “El magnetismo”. A las que le siguieron “Ahora imagino cosas”, “Fuego” y “Chica de oro”. El público ya está entregado para cuando llega el final con “Mi próximo movimiento”. Otra vez, el pogo. Y otra vez esa sensación de estar frente a una banda que consiguió algo bastante difícil: crecer sin perder aquello que la hizo especial en primer lugar.

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Porque Él Mató ya puede tocar en el Movistar Arena, girar por Europa, México, Estados Unidos, Australia y Japón y seguir siendo, al mismo tiempo, esa banda que canta sobre pequeñas tragedias, amores imperfectos, amistades y noches que parecen no terminar nunca. Y así, entre guitarras, luces, pantallas, pogo y una multitud cantando como si estuviera en una habitación mucho más chica, Santiago Motorizado vuelve a demostrar que la melancolía también puede ser una fiesta.

Euge Castagnino

Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Creadora de contenido, fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.