En Barreda, la película que reconstruye el femicidio de cuatro mujeres a manos de Ricardo Barreda, Margarita Páez - la hija de Fito y Romina Ricci- interpreta a Adriana, una de las hijas del odontólogo platense. Para la actriz, asumir este personaje implicó enfrentarse a una historia de la que se conoce mucho sobre el asesino y muy poco sobre sus víctimas. “Le sacaron la voz y yo quería dársela”, nos contó en exclusiva para OHLALÁ!, donde también charlamos sobre la responsabilidad de prestarle el cuerpo y la voz a una mujer cuya vida quedó interrumpida y sobre el desafío de reconstruirla a partir de apenas algunas fotografías, los vínculos familiares y los datos que sobrevivieron al paso del tiempo.
¿Cuál sentiste que iba a ser para vos el desafío más grande de interpretar a Adriana Barreda?
Estaba muy emocionada porque conocía el caso muy por arriba, pero me entusiasmaba la idea de investigar y de saber un poco más. Ya en el callback del casting estuve con Maite y ahí pegamos buena onda de una. Y al tiempo me avisan que me había quedado y estaba profundamente conmovida y muy contenta, porque asumía la responsabilidad de interpretar a Adriana, que fue una de las mujeres asesinadas por Barreda, que le sacaron la voz completamente. Y yo creo que esa fue como una responsabilidad de mi parte: darle voz a esa mujer que no la tuvo y estar a la altura. Porque también yo siento que estamos representando a todas las mujeres a las que les sacaron su voz. Y, bueno, desde otro lado, me gustaría o aspiro a que alguien que conozca a Adriana me vea y la vea a ella en mí, al menos algo.
¿Qué fue lo primero que necesitaste descubrir de ella para poder prestarle tu voz y tu cuerpo? Se sabía muy poco de las víctimas de este femicidio...
Es que realmente no hay mucha información. Fue más que nada realmente que me até mucho a una foto de ella. Tres fotos en particular que las encuadré y como que las llevé conmigo en todo el rodaje. Y después me agarré más del guion de Dani, de charlar un poco las vinculaciones entre ella y la hermana, ella y la abuela, ella y la mamá, como meternos un poco ahí. Y también yo siento que fue el vestuario, los 90, cómo hablaban en esos años, los sueños que ella tenía, que ella se iba a casar, como una dulzura ahí como muy, muy viva.
Había muchas mujeres en el set: Mercedes Morán, Carla Peterson, Maite y vos. ¿Hubo entre ustedes charlas acerca de cómo interpretar a estos personajes sin caer en la romantización del femicida?
Sí. Yo siento que desde la interpretación un poco el leitmotiv fue: son personas. Tienen sus defectos, tienen sus cualidades, pero siempre desde el centro de que no hay justificación para hacer lo que hizo. Entonces fue un poco eso: tampoco juzgar al personaje en el sentido de “es buena”, “es mala”. Es interpretar un personaje al que le pasan cosas, pero para dejar en claro que no hay justificación para eso. Y después sí, tuvimos un montón de charlas sobre el caso, sobre lo loco del recibimiento que tuvo Barreda cuando se supo todo, esta imagen de héroe que se creó hacia él, delirante.
¿Qué sentís que viene a decir esta peli sobre cómo deberían tratarse a partir de ahora los casos de femicidio, tanto en los medios como en la sociedad?
Yo siento que la peli va a traer muchas preguntas, que es lo principal que buscamos todos cuando la hicimos. De un caso como este, como millones de los que no tenemos mucha información, entonces parar a preguntarnos y decir: “Che, averigüemos bien qué fue lo que pasó”. Yo espero que esta película sirva de ejemplo para los femicidios y para las cosas horribles que pasan, de los medios, de no silenciar a la mujer, que siempre es lo que suele pasar.
Y también está la revictimización. Muchas veces, en el afán de contar los casos en los medios, seguimos revictimizando a las mujeres en vez de poner el foco en el victimario.
Sí, sí. Como justificación. Por eso digo que justo este caso es muy particular en ese sentido, porque fue emblemático porque mucha gente lo justificaba: “Bueno, pero la estaba pasando mal”, “él era víctima también de violencia”. Y siento que la película viene a traer otro punto de vista muy interesante.
¿Hubo alguna escena que te costó particularmente?
Sí. Todas las escenas eran como muy difíciles a nivel vincular, porque había que mantener como una incomodidad constante. Era muy incómodo, porque tenías que estar todo el tiempo pensando que, no sé, que mi papá no diga esto o que él no va a cambiar, entonces hay que bancarlo así. Bueno, eso desde las escenas más cotidianas. Y después, la que más me costó —o no sé si fue la escena que más me costó, sino el momento que más me marcó— fue cuando ensayamos el asesinato. Lo ensayamos ahí donde comíamos, con unas colchonetas. Había un coach de movimiento, obviamente, y estábamos todos. Y me acuerdo de que cuando caí en la colchoneta por primera vez pensé: “Yo me puedo levantar y ellas no pudieron”. Y fue como un momento muy movilizante y que me lo llevo.

¿Qué dijeron tu mamá y tu papá cuando se enteraron de que ibas a interpretar este personaje?
Cuando se enteraron, me felicitaron. Siempre estuvieron muy presentes. De hecho, hubo un momento de la peli que estaba como medio ya pasada. Entonces vinieron a visitarme y estuvieron conmigo. Mi novio también formó parte de ese núcleo de amor que me contuvo durante todo el rodaje. Pero sí, como siempre: que haga mi camino, que siga siempre haciendo cosas y que disfrute.
Tenés una mamá actriz. ¿Sos de aceptar sus consejos o preferís hacer la tuya y no dejarte influenciar?
Ahora ya no tanto. Ahora trato de hacer más mi búsqueda, pero también para que no se me arme como algo medio dependiente. Por ejemplo, hice unos coucheos con Francisca Ure, que es mi profe de teatro, que la amo. Entonces trato de ir un poquito más por mi línea. Pero sí, mi mamá me ha ayudado un montón con muchos otros proyectos. Y siempre desde el lado de estar abierta a responderme cualquier pregunta o lo que sea. Pero sí, me encanta tomar consejos de ellos porque son más grandes, tienen más experiencia y saben más de esto que yo, claramente.
¿Ya te vieron en alguna escena de Barreda? ¿Les pudiste mostrar algo?
De Barreda, no. Todavía no. Va a ser un shock.
¿Vieron el tráiler? ¿Qué te dijeron cuando lo vieron?
Bueno, mi papá me dijo que le dio mucho miedo Luis. Dijo: “Qué miedo”. Es que da miedo Barreda. Yo le dije: “Yo tuve que hacer que era mi papá, esa persona”. Y mi mamá me dijo: “Estás hermosa, ya la quiero ver”. Bueno, eso, las cosas que le diría un padre.
¿Sentís que esta película construye otro Barreda, que no es el Barreda que construyó la sociedad o el imaginario?
Mirá, no sé, la verdad. Porque yo siento que aquellos que apoyaban a Barreda, sea de la forma que sea, lo iban a apoyar igual. Y siento que también Luis formó un Barreda como muy fino y con un nivel de actuación increíble. Era muy fino en sus acciones, en sus gestos. Entonces yo siento que el problema está más en la sociedad que en cómo era Barreda, ¿me entendés? Porque al final nadie se esperaba que él las matara. Digo, la misma suegra le regaló la escopeta. Entonces ahí es cuando vos decís: era inimaginable cómo una persona como Barreda, como cualquiera, podría haber cometido aquel femicidio.
¿Qué soñás para vos? Más allá de Barreda, ¿qué sigue para Margarita?
Bueno, yo estoy a full con la actuación. Ahora voy a estrenar una obra, le estoy metiendo mucho, sigo estudiando, obvio, jamás dejaré de estudiar. Pero bueno, espero poder siempre estar metida en la actuación. Espero poder vivir de esto, que es lo que más me apasiona.
Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Creadora de contenido, fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.


