Treinta años después de revolucionar la animación y convertirse en una de las sagas más queridas del cine, Toy Story vuelve a la pantalla grande con una nueva entrega. El estreno de Toy Story 5 encuentra a varias generaciones compartiendo una misma expectativa: los adultos que crecieron acompañando las aventuras de Woody y Buzz regresan a una historia que forma parte de su memoria afectiva, mientras nuevos niños conocen por primera vez a personajes que atravesaron tres décadas de transformaciones culturales.
Esta vez, la conversación parece extenderse más allá de los juguetes. Las primeras imágenes promocionales y la presentación de nuevos personajes anticipan preguntas vinculadas con la relación entre la infancia, el juego y las tecnologías. La aparición de Lilypad, un dispositivo tecnológico que tendrá un rol importante en la historia, despertó debates incluso antes del estreno. ¿Qué lugar ocupará en la trama? ¿Qué mirada propondrá Pixar sobre las pantallas? ¿Asistiremos a una nueva confrontación entre el mundo de los juguetes y el de la tecnología?
La expectativa es comprensible. Las discusiones sobre infancias y pantallas ocupan hoy un lugar central en las conversaciones familiares, educativas y sanitarias. Sin embargo, la historia muestra que cada generación enfrentó interrogantes similares ante la llegada de nuevas tecnologías.
Cuando se estrenó la primera Toy Story, en 1995, la televisión ya formaba parte de la vida cotidiana de millones de chicos. Por aquellos años comenzaban a consolidarse los canales infantiles con programación las 24 horas. El cambio fue significativo. Hasta entonces, gran parte de los contenidos destinados a las infancias se concentraban en horarios específicos, muchas veces alrededor de la merienda. La posibilidad de acceder a ellos en cualquier momento abrió nuevas conversaciones sobre tiempos de exposición, organización familiar y espacios para otras actividades.
Cada innovación tecnológica trae consigo oportunidades, interrogantes y procesos de adaptación. Ocurrió con la televisión. Ocurrió con internet. Ocurre hoy con los teléfonos inteligentes, las plataformas digitales y los videojuegos.

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Mientras tanto, los juguetes siguen ocupando un lugar singular en el desarrollo infantil. A través del juego, los chicos construyen historias, representan emociones, ensayan situaciones de la vida cotidiana y exploran distintas formas de vincularse con el mundo. La imaginación encuentra allí un territorio privilegiado para desplegarse.
El juego físico aporta experiencias valiosas para el desarrollo. Favorece el movimiento, la creatividad, la resolución de problemas y los encuentros cara a cara. Cada objeto puede transformarse en algo diferente según la historia que cada niño quiera contar.
Las pantallas, por su parte, también forman parte de las infancias contemporáneas. Permiten aprender, comunicarse, jugar, crear y participar de comunidades que trascienden los límites geográficos. Por eso, la búsqueda de equilibrios que incluyan experiencias digitales, juego compartido, lectura, movimiento, conversaciones y encuentros presenciales forma parte de las preguntas que muchas familias intentan responder cada día.
La curiosidad que despierta Lilypad tiene mucho que ver con una tendencia cultural que suele buscar respuestas simples frente a fenómenos complejos. Pantallas heroicas. Pantallas villanas. Tecnologías capaces de resolver todos los problemas o responsables de todos ellos.
La experiencia cotidiana de las familias suele desarrollarse en otro lugar: un territorio de matices, acuerdos y revisiones permanentes. Un espacio donde el desafío consiste en construir hábitos saludables que acompañen las necesidades de cada etapa del desarrollo.
Toy Story 5 llega a los cines en medio de estas conversaciones. La saga vuelve a recordarnos que las preguntas más importantes rara vez encuentran respuesta en los extremos. La construcción de vínculos saludables con las tecnologías requiere tiempo, presencia, escucha y acuerdos que puedan revisarse a medida que niños y adolescentes crecen. Requiere también que las voces de chicos y chicas tengan un lugar en la conversación, dentro de marcos de cuidado sostenidos por adultos capaces de orientar, acompañar y establecer límites.
Las pantallas forman parte del mundo en el que vivimos. Los desafíos comienzan mucho antes de decidir cuánto tiempo pasan los chicos frente a ellas. Empiezan cuando nos preguntamos qué lugar ocupan en nuestras propias vidas, qué usos promovemos con el ejemplo y qué oportunidades generamos para compartir experiencias dentro y fuera de los entornos digitales.
Treinta años después de la primera Toy Story, el diálogo continúa siendo la herramienta más poderosa para acercar posiciones, construir acuerdos y volver a poner en el centro aquello que ninguna tecnología puede reemplazar: los vínculos humanos.
Porque el diálogo sigue siendo una tecnología profundamente humana que nunca se vuelve obsoleta.
Evangelina Cueto Es pediatra y especialista en salud integral de adolescentes, formada en el Hospital Garrahan.
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