La masacre de Flores: Matías Bagnato y Juan José Campanella cuentan la historia detrás del documental que llega a HBO Max

Matías perdió a toda su familia a los 16 años en un incendio intencional. Tras años de lucha por justicia, reconstruye su historia junto a Juan José Campanella en una serie documental que llega a HBO Max.

Por Belén Sanagua

22 de octubre de 2026, 07:00

La masacre de Flores: Matías Bagnato y Juan José Campanella cuentan la historia detrás del documental que llega a HBO Max
La masacre de Flores es un caso que quedó grabado en la memoria colectiva. El responsable fue Fructuoso Álvarez González. - Gentileza Prensa

Hay una imagen que Matías Bagnato todavía lleva consigo: la de aquel adolescente de 16 años que tuvo que aprender a vivir en un mundo completamente distinto en un abrir y cerrar de ojos. Durante años, su nombre estuvo ligado a uno de los crímenes más conmocionantes de la historia reciente argentina. Su lucha por justicia llegó a los medios, se convirtió en un reclamo público y lo obligó a volver una y otra vez sobre la noche en la que perdió a su familia. Pero detrás de esa historia conocida había otra que todavía necesitaba contar: la de cómo consiguió seguir adelante.

El 17 de febrero de 1994, un incendio provocado en la casa familiar, en el barrio porteño de Flores, terminó con la vida de sus padres, José y Alicia; sus hermanos, Fernando y Alejandro, y Nicolás Borda, un amigo que se había quedado a dormir. Matías fue el único sobreviviente de la masacre. Logró saltar por la ventana de su cuarto, la única que no tenía rejas.

Tenía apenas 16 años y, a partir de esa noche, tuvo que reconstruir su vida desde cero, acompañado por su abuela materna, Norma que en ese momento estaba de vacaciones con una amiga en Mar del Plata. 

Tres décadas después, esa historia llega a la pantalla con La masacre de Flores, una serie documental de tres episodios que se estrena el 22 de octubre en HBO Max. Dirigida por Augusto Tejada, producida por 100 Bares y con Juan José Campanella entre sus productores ejecutivos, la propuesta reconstruye el crimen y se detiene en todo lo que vino después: el duelo, la lucha por justicia, las dificultades para volver a tener la vida de un adolescente y los vínculos que lo ayudaron a salir adelante.

En diálogo con OHLALÁ!, Matías y Juan hablan sobre la decisión de contar esta historia, el lugar que ocupa la abuela Norma y la posibilidad de mirar de otra manera un caso que el país siguió durante años. Para Matías, además, ver los tres episodios terminados fue mucho más que volver sobre un expediente conocido: significó enfrentarse con su propia historia y con el chico que era antes de que todo cambiara.

La noche que cambió su vida para siempre

La masacre de flores
En unas horas, Matías perdió a sus padres, a sus dos hermanos y a un amigo que había pasado la noche en la casa. Él sobrevivió, pero el desafío que tenía por delante recién empezaba. - Gentileza prensa

La masacre de Flores es un caso que quedó grabado en la memoria colectiva. El responsable fue Fructuoso Álvarez González, quien provocó el incendio en la vivienda familiar. Fructuoso era el marido de una prima de su padre y les había prestado dinero para que no cierren la fábrica de calzado que tenían. Después de eso, empezaron las amenazas constantes por teléfono y el reclamo de una deuda con intereses insólitos que la familia no podía pagar. El asesino llamaba constantemente durante la madrugada modificando su voz y les aseguraba que iba a prenderlos fuego. Y lo hizo.

En unas horas, Matías perdió a sus padres, a sus dos hermanos y a un amigo que había pasado la noche en la casa. Él sobrevivió, pero el desafío que tenía por delante recién empezaba.

A los 16 años, tuvo que atravesar el duelo por la muerte de toda su familia y enfrentarse a una realidad para la que nadie está preparado. Su abuela Norma también había perdido a su única hija y a sus nietos. Los dos quedaron unidos por un dolor inmenso y por la necesidad de encontrar una manera de seguir viviendo.

“Que te saquen tu familia entera en una noche”, dice Matías al recordar lo que significó aquel momento. Al volver a verse en el documental, reconoce que se sorprendió al encontrarse con aquel adolescente que, en medio de una situación devastadora, tuvo que mostrarse fuerte y contar lo que había vivido.

“Sin dudas, yo soy lo que soy por la abuela”,

Matías Bagnato

Una de las imágenes que más lo impactaron es la de él mismo dentro de su habitación, con todo quemado alrededor. “Siendo un chico, ¿cómo estaba ahí hablando de esa forma?”, se pregunta. Y explica que las circunstancias lo llevaron a construir una manera de relatar lo ocurrido sin conectarse por completo con el dolor.

Durante años, esa fue su forma de poder hablar públicamente sobre la masacre. “Yo ponía play y contaba como si te pasara a vos, no a mí. Porque si yo conectaba con eso, era imposible mantenerme fuerte”, cuenta sobre las entrevistas que dio a lo largo de tres décadas.

Con el tiempo, su historia quedó asociada a los reclamos para evitar que el asesino de su familia recuperara la libertad. Sin embargo, el recorrido personal que tuvo que hacer para reconstruirse no siempre estuvo tan presente en las noticias. Esa es una de las dimensiones que busca recuperar la serie.

Una historia que va más allá del crimen

La masacre de flores
La serie reúne imágenes de archivo, testimonios y material que permite reconstruir tanto el crimen como el proceso que atravesó Matías después. - Gentileza prensa

Para Juan José Campanella, el desafío fue contar algo que muchas personas creen conocer, pero que adquiere otra dimensión cuando se observa en su totalidad. El cineasta, acostumbrado a narrar historias desde la ficción, se involucró en el proyecto a partir de su vínculo con Matías y de una preocupación que reconoce como propia: la injusticia y el lugar que ocupan las víctimas después de atravesar un crimen.

“Más que yo elegir a Matías, Matías me eligió a mí”, explica. Y agrega que lo que le interesó no fue solamente el hecho en sí, sino todo lo que sucedió después, cuando quienes deberían proteger y acompañar a las personas afectadas no siempre cumplen ese papel. “Siempre tuve una obsesión con la injusticia. No solamente cuando una persona sufre por el hecho en sí, sino con todo lo que viene después, de la gente que debería protegerte, contenerte y tratar de ayudarte a salir adelante. […] Da la impresión a veces de que el sistema está a favor del criminal y no de la víctima”.

"Siempre tuve una obsesión con la injusticia",

Juan José Campanella

Campanella considera que el documental permite acercarse a una dimensión que las noticias aisladas no siempre consiguen mostrar: la vida privada de una persona que intenta empezar de nuevo después de una experiencia extrema. La historia de Matías, dice, es también una historia sobre la supervivencia y sobre lo que significa atravesar treinta años sin poder desprenderse por completo de lo sucedido. 

“Lo que habla este documental es la supervivencia y la lucha posterior, a cómo se sobrevive a eso”, explica.

La serie reúne imágenes de archivo, testimonios y material que permite reconstruir tanto el crimen como el proceso que atravesó Matías después. Entre esos registros hay videos familiares que él no había podido digitalizar y que ahora le permiten volver a ver a sus padres y hermanos vivos, escuchar sus voces y recuperar escenas de la vida cotidiana que compartían antes de aquella noche.

Para él, ese material tiene un valor especial. Durante mucho tiempo, la historia de su familia estuvo atravesada por las imágenes de la tragedia. Ahora, también puede mostrar quiénes eran antes de convertirse en víctimas de un crimen que marcó para siempre su vida.

Su abuela Norma, la persona que lo ayudó a seguir adelante

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“Sin dudas, yo soy lo que soy por la abuela”, nos cuenta Matías. - Gentileza prensa

Cuando Matías habla de cómo consiguió reconstruir su vida, hay una figura que aparece una y otra vez: su abuela Norma. Después de perder a su hija y a sus nietos, ella tuvo que encontrar fuerzas para acompañar al único sobreviviente de la familia. Matías era apenas un adolescente y necesitaba un sostén para atravesar una situación que parecía imposible de asimilar.

“Sin dudas, yo soy lo que soy por la abuela”, afirma. Aunque reconoce que sus padres le habían dado una base fundamental durante sus primeros 16 años, destaca la templanza de Norma y la forma en que consiguió transmitirle seguridad en medio del dolor.

“De enterrar a su única hija, nietos de la forma en la que fue, quedarse sola sin casa con un adolescente en ropa interior, literalmente, y tener ese empuje”, recuerda.

Para Matías, su abuela fue mucho más que una compañía. Fue quien le enseñó a intentar tener una vida lo más normal posible, incluso cuando las circunstancias parecían impedirlo. También fue quien lo ayudó a no quedar atrapado en el odio y el resentimiento. Hay una frase que recuerda cada vez que da una entrevista. En el peor momento de su vida su abuela le dijo: "Levantate de la cama y vení a tomar mates conmigo, yo ayudo a un nieto fuerte, no a uno en la cama tirado". La crudeza de su abuela, sin dudas, le dio el empuje para los años que siguieron: “Sin un pilar como la abuela Norma no hubiera podido jamás enfrentar todo lo que tuve que enfrentar”, asegura.

Campanella también encuentra en ese vínculo una de las claves de la historia. Para él, lo que hicieron Matías y su abuela para seguir adelante es tan extraordinario que resultaría difícil de creer si se tratara de una ficción. En la vida real, sin embargo, tuvieron que atravesarlo día a día.

El cineasta destaca, además, que la relación entre ambos fue cambiando con el paso del tiempo. Durante los primeros años, Norma fue quien sostuvo a Matías. Más adelante, cuando ella empezó a necesitar más ayuda, los roles se invirtieron y él pasó a acompañarla. “Yo no soy un superhéroe y la abuela tampoco”, dice Matías. 

La lucha por justicia y el costo de volver a contar lo ocurrido

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Aunque Fructuoso Álvarez González había sido condenado a prisión perpetua en 1995, la historia judicial no terminó ahí. - Gentileza prensa

La vida de Matías estuvo marcada no solo por la pérdida, sino también por una lucha judicial que se extendió durante años. Cada vez que el caso volvía a aparecer en la agenda, él tenía que enfrentarse otra vez con lo sucedido y con la posibilidad de que el responsable recuperara la libertad. 

Ese recorrido es una parte central del documental. A su entender, el sufrimiento no termina con el crimen: también puede profundizarse cuando las instituciones que deberían acompañar a las víctimas las dejan solas o las obligan a revivir una y otra vez el trauma.

Matías conoce bien esa sensación. Durante mucho tiempo, tuvo que sostener públicamente su reclamo y encontrar la manera de hablar de su familia sin quebrarse. Tal fue así que Matías en el 2002 ingresó a la casa de Gran Hermano para dar a conocer su caso y que su caso perdure en los medios. La exposición también lo llevó a ocupar un lugar de referencia para otras personas que atravesaron situaciones similares.

Junto a otros familiares de víctimas, participó de la lucha por una ley que reconociera sus derechos y les diera herramientas para recibir protección y respuestas. Para él, ese trabajo permitió transformar parte del dolor en algo que podía ayudar a otras personas.

“Fue transformar algo tan horrible como me tocó vivir en algo positivo”, reflexiona. Y explica que, después de todo lo que atravesó, necesitaba encontrar una manera de que esa experiencia pudiera contribuir a un cambio.

Esa búsqueda también forma parte de su identidad, aunque no quiere que sea lo único que lo defina. Su abuela le enseñó a intentar construir una vida propia, a tener una profesión, amigos y una familia. Sostener ese camino fue una lucha cotidiana, especialmente cuando las instancias judiciales lo obligaban a volver sobre el pasado. 

Aunque Fructuoso Álvarez González había sido condenado a prisión perpetua en 1995, la historia judicial no terminó ahí (en Argentina el Código Penal permite solicitar la libertad condicional a los 35 años de cumplimiento efectivo). En 2004, por su ciudadanía española, fue trasladado a España para continuar cumpliendo la pena. Pero en noviembre de 2008 recuperó la libertad allí y regresó a la Argentina.

Entonces, el miedo volvió a instalarse en la vida de Matías y de su abuela Norma. Álvarez González comenzó a amenazarlos de muerte, incluso con llamadas telefónicas, y durante un tiempo estuvo libre mientras ellos vivían con el temor de que pudiera cumplir sus amenazas. En 2011 fue detenido nuevamente y volvió a quedar preso. Sin embargo, la incertidumbre continuó: cada seis meses, Matías tenía que enfrentarse a nuevos pedidos de libertad del hombre que había asesinado a su familia.

Esa lucha se extendió durante años, incluso después de que Matías impulsara cambios para que las víctimas tuvieran más protección y respuestas de la Justicia. La muerte de Álvarez González, el 30 de abril de 2023, puso fin a las amenazas y a la posibilidad de que volviera a quedar en libertad. Para Matías, fue el cierre de una etapa marcada por décadas de miedo, exposición y lucha.

Por eso, ver los tres episodios juntos lo impactó de una manera diferente. No estaba frente a una noticia aislada ni preparando una nueva entrevista: estaba viendo reunidos treinta años de su vida.

“¿Cómo mierda hice para tolerar y aguantar y salir adelante después de todo esto?”, se preguntó al ver el documental terminado.

Un cierre y el comienzo de una etapa de sanación

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“Hoy estoy como empezando ese proceso de sanar 30 años después. Es loco, pero es así, que antes esta situación no me lo permitía hacer”, dice. - Gentileza prensa

Matías reconoce que todavía está procesando lo que significó volver a ver su historia completa. El documental lo enfrentó con el adolescente que fue y con todo lo que tuvo que hacer para llegar hasta el presente. También le permitió mostrar una parte de su vida que durante mucho tiempo había quedado detrás de la lucha pública por justicia.

“Estoy estos días como muy movilizado después de que lo vi terminado”, cuenta. Ver las imágenes de su familia viva fue especialmente fuerte, pero también le dio la oportunidad de compartir con el público algo que considera fundamental: recordar a sus seres queridos por la vida que tuvieron, no solamente por la forma en que murieron.

Al mirar hacia atrás, puede reconocer lo que consiguió construir. Tiene su profesión, amigos y una familia propia. No siente que la tragedia haya definido por completo quién es, aunque tampoco minimiza el peso que tuvo en su vida ni el desgaste que implicó atravesar tantos años de reclamos.

Cuando le preguntan si siente que logró tener esa vida lo más normal posible que le prometió su abuela, responde que sí, aunque le hubiera gustado que la Justicia hubiera actuado de otra manera. Las dificultades de ese recorrido lo obligaron a volver una y otra vez sobre una historia que intentaba dejar atrás.

“¿Cómo mierda hice para tolerar y aguantar y salir adelante después de todo esto?”, 

Matías Bagnato

Ahora, con el estreno de la serie, siente que puede empezar a cerrar una etapa. No porque lo ocurrido deje de formar parte de su vida, sino porque finalmente encuentra una manera de contarla desde otro lugar.

“Hoy estoy como empezando ese proceso de sanar 30 años después. Es loco, pero es así, que antes esta situación no me lo permitía hacer”, dice.

Para Campanella, el documental muestra dos extremos de la experiencia humana: la capacidad de hacer daño y la posibilidad de sobreponerse a lo que parece imposible. Para Matías, en cambio, el sentido también está en poder compartir el camino que recorrió y mostrar que su historia no termina aquella noche de febrero de 1994.

Matías tiene una familia, una familia que ocultó durante años hasta el día que Fructuoso murió. Después de 30 años puede vivir finalmente en paz. 

Belén Sanagua

Belén Sanagua Es periodista, locutora y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Se desempeña como subeditora de la web editando moda y beauty aunque, además, escribe para otras secciones.